“La planta es la misma en Argentina, Paraguay y Brasil. Somos los tres productores de yerba mate en el mundo”. Con esa frase, Víctor Saguier, presidente de la Cámara de Molineros de Yerba Mate y miembro del Grupo Amanda, resume el quid de la cuestión. Lo que pasa desde la ilex paraguariensis, la planta que nos da el mate de cada día, hacia afuera es un mundo aparte.
Históricamente, el consumo de yerba mate en Argentina fue superior a los 6 kilos per cápita al año. Las más de 200.000 hectáreas que le dedicamos en Misiones y Corrientes nos ubican como el segundo productor a nivel mundial, detrás de Brasil, y sobran para cubrir la demanda interna. Si hoy vemos cada vez más paquetes de yerba uruguaya, brasilera y paraguaya en las góndolas no es una cuestión de stock. La yerba mate argentina alcanza y sobra, pero cada vez se importa más.
“Está de moda, y la gente imita lo que hacen ciertos embajadores”, apuntó Saguier, en referencia a las figuras del mundo del fútbol o del espectáculo que han popularizado algunas marcas de yerba importada, comenzando por Lionel Messi. Sin dudas, que en Argentina ganen terreno marcas como Canarias, Serena, Baldo o Sara daña nuestro orgullo, pero da cuenta de que las pautas de consumo no reconocen fronteras. El “mate cipayo” es una marca de época.
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Lo interesante es que, en el fondo, son unas pocas empresas las que han conquistado el mercado mundial. Y lo más paradójico es que el furor por el mate argentino y uruguayo es en realidad el furor por yerba que vende el país oriental, pero que proviene realmente de Brasil. Es decir que, en el fondo, el mate de Messi, del “Dibu” Martínez, de Luis Suárez o del francés Antoine Griezmann tienen materia prima de Santa Catarina, Paraná y Rio Grande Do Sul.
La torta más grande es de la empresa brasileña Baldo SA, que fue fundada hace más de un siglo, se dedica también a los cultivos extensivos y hace varios años adquirió la marca uruguaya Canarias, que pertenecía originalmente a la familia González.
En realidad, Uruguay nunca ha tenido yerbales propios, más que algunas plantas en la Quebrada de los Cuervos, por eso se ha dedicado históricamente a comercializar yerba mate de otros países para atender su propia demanda. En un principio, importaba y empaquetaba de Argentina, pero luego Brasil se quedó con el mercado.
Es así. Cuando compramos Canarias o Baldo en las góndolas de nuestro país, estamos consumiendo yerba brasilera que a lo sumo fue envasada en Uruguay. Y así volvemos al comienzo. “¿Son todas las yerbas iguales?”, le preguntó Bichos de Campo a Saguier. Su respuesta negativa obliga a una explicación más en detalle.
Más que una yerba propia, lo que detentan los uruguayos es una forma de procesarla particular. “La consumen prácticamente despalada, madurada y prefieren la yerba brasilera porque dicen que la argentina es amarga”, resumió el empresario, que con eso también continúa su frase inicial. Si bien en la tierra todas las plantas son iguales, lo que se hace con cada una posteriormente determina la identidad de esa yerba.
La secanza es uno de los primeros aspectos a contemplar. Puede ser de cinta, como es muy común en Argentina y Paraguay; de tubo, que es más rápida y está muy difundida en Brasil; o bien barbacuá, en la que se impregna la hoja con olor a humo.
El sabor final de la yerba también lo determina su estacionamiento, y ahí volvemos a disentir con los brasileros. Mientras que nosotros, al igual que los paraguayos, preferimos una maduración no menor a 10 meses, en Brasil el mate se hace con yerba recién elaborada. Por eso tiene ese color verde fosforescente y no el amarillo opaco nuestro.
“Esto es así porque una vez sufrieron de desabastecimiento y, para no perder el mercado, la empezaron a consumir recién salida del secadero”, explicó Saguier. Así y todo, cuando es para exportación sí la maduran, ya que los paladares de Uruguay y Argentina así lo prefieren.
Hasta este punto, no hay aspectos que diferencien en gran medida a la yerba nacional de las importadas. La clave está en la composición del paquete, que no sólo hace a lo visual sino también al sabor: Nos referimos al porcentaje de palos, de polvo y el tipo de molienda.
Nuestro código alimentario permite utilizar hasta un 35% de palo, un componente que suele suavizar el sabor potente que aporta la hoja. En el caso de las yerbas uruguayas y brasileras, que utilizan una molienda más fina, directamente no se le agrega; y eso da como resultado una yerba con más cuerpo y sabor más duradero.
Que un mate pueda “aguantar” más de un termo fue un poco la novedad que trajeron las yerbas importadas. Un especialista en el tema diría que no depende tanto de la materia prima sino del armado del mate, pero para el público en general la característica ya está instalada. “Como está de moda se le da muchos más atributos de los que tiene”, apuntó el empresario consultado, que comparó el furor por la yerba uruguaya con el de los termos estadounidenses, muchas veces teñidos de más bondades de las que tienen.
Sería erróneo no contemplar que, como todo hábito de consumo, tiene detrás una carga valorativa, social y emocional importante. Que un jugador de selección, o una estrella de la música, hagan del mate un símbolo identitario, indefectiblemente va a permear en los consumidores, incluso desde lo aspiracional: Si el mejor del mundo toma Canarias, algo bueno debe tener.
Eso explica también por qué, a pesar de que son más caras, tienen éxito en las góndolas. Incluso, les va mucho mejor que algunas líneas de marcas nacionales que las han imitado para competir. Tampoco es que los argentinos nos quedamos de brazos cruzados, y ya es muy común ver paquetes “premium” de yerba despalillada y molienda fina que, a simple vista, no tiene diferencias con la importada.
“La competencia es sana, nos obliga a todos a mejorar”, ratificó el presidente de la Cámara de Molineros, que llamó a invertir para hacer frente a estos desafíos comerciales y aseguró que hay oportunidades de mercado todo el tiempo. La propia yerbatera Amanda, de la que es parte, fundó en los noventa la empresa Libre, en Uruguay, y hoy importa esos paquetes aprovechando el auge que hay en el país.