La recopilación de pronósticos publicada por CCRS/IRI –organismo dependiente de Columbia Climate School– muestra que 23 de los 26 modelos climáticos proyecta un “Súper Niño” para el último trimestre de este año.
El evento 2026/27 ya compite por el podio con los históricos de 1982/83 y 1997/98. Mauricio N. Saldívar, especialista de Meteored, destaca que muchas de las ciudades y actividades productivas aún no están adaptadas para enfrentar los probables impactos de un evento de esa magnitud.
“Afortunadamente, las mejoras en las predicciones meteorológicas y las características de la evolución de El Niño, dan margen para que las ciudades y los sectores productivos puedan tomar medidas para mitigar los impactos negativos de esta manifestación de la interacción entre los océanos y la atmósfera que modifica de diferentes maneras los patrones de temperatura y precipitación en casi todo el planeta, a través de las llamadas teleconexiones”, indicó el especialista.
El fenómeno ENSO “El Niño” se manifiesta de manera gradual y alcanzaría su mayor impacto hacia el verano, en especial sobre el nordeste argentino, sumando sus efectos a la crecida estacional de principios del otoño del río Paraná, haciendo que el riesgo de inundaciones sea mayor y más extendido tanto espacial como temporalmente en sus localidades ribereñas.
“Además, hay que tener en cuenta que los ríos de la cuenca del Plata no responden en bloque. El Paraguay crece de forma gradual, amortiguado por el Pantanal; el Uruguay, en cambio, reacciona rápido y deja poco margen de anticipación”, señaló Salvídar.
Los mapas mensuales de anomalías de precipitación que elabora Meteored a partir del modelo europeo ECMWF –que tiene un alto grado de certeza– empiezan a mostrar esa señal con una precisión que hace veinte años atrás era impensada.
“Ya comienza a verse la firma de ‘El Niño’ en las precipitaciones: en los meses de agosto, septiembre y octubre las lluvias excesivas se concentran en el este y nordeste del Litoral, en tanto que la zona central comienza a tener precipitaciones mensuales hasta un 30% superiores a las normales”, proyectó.
En lo que respecta a la zona cordillerana de Cuyo y el NOA, también mantiene un pronóstico de excesos de precipitación hasta mediados de la primavera. Se trata de una buena noticia para la recarga de glaciares. Sin embargo, el oeste del sur patagónico tendría un marcado déficit de lluvias.
“A partir del verano, se intensifica el exceso de precipitaciones en prácticamente todo el Litoral: los mapas de anomalías de precipitaciones ubican el núcleo más lluvioso sobre Chaco, Formosa, Corrientes, Misiones, Entre Ríos y el nordeste de Santa Fe, con excesos que pueden superar ampliamente en más de 60 mm a las lluvias del mes”, anticipó Saldívar.
Por otro lado, en la zona central del país durante el verano se esperan anomalías que pueden superar ampliamente las lluvias medias para cada mes de la estación; lo mismo se proyecta para otras regiones donde las precipitaciones suelen ser escasas.
“Es importante destacar que no hace falta un ‘Súper Niño’ para inundar una ciudad. En algunas localidades, la coincidencia de crecidas con precipitaciones locales hace que el sistema de drenaje urbano se convierta en el eslabón más frágil en la gestión del riesgo de inundaciones. Y en otras ocasiones, inundaciones urbanas han ocurrido en situaciones de neutralidad o La Niña, siguiendo los caprichos del tiempo y el clima”, advirtió.
“El impacto no se limita al agua en las ciudades: rutas cortadas, alcantarillas descalzadas y semanas de parálisis para la agricultura, la ganadería y el turismo regional integran los escenarios más severos. La consigna de los especialistas es alertar sin alarmar: gobiernos con protocolos aceitados y familias con un plan básico hacen la diferencia entre emergencia y desastre”, remarcó.





