Bernarda no cuenta seguidores de Instagram ni de TikTok, y, más que las 80.000 personas que integran su comunidad digital, lo que le verdaderamente le interesa son las 2000 “gallinas felices” que tiene en su campo y las vacas de cría que le regaló su abuelo.
Esta productora, influencer y futura abogada tiene sólo 24 años pero muchas facetas que sobrepasan lo que muestra tras la pantalla. Oriunda de la localidad entrerriana de Campo Grande, y de padres que nunca se dedicaron al agro, se las rebusca para alternar sus horas de estudio con el trabajo en la chacra pero, entre libros, apuntes y leyes, nunca pierde de vista que su vida será con los pies siempre en la tierra.
En redes, es “Berni” Sena, y se caracteriza por su humor. En el campo, es una productora más que, junto a su hermano, no teme arriesgar primero, para aprender después. Serán varias sus aristas, pero nunca demasiadas para repasarlas en una entrevista junto a Bichos de Campo.

La “culpa” de todo, en gran medida, la tiene su abuelo. Sobre todo, porque era a quien visitaban de chicos en su campo y de quien mamaron la pasión por la producción agropecuaria. Pero también porque fue él quien, tras ganar la quiniela, les dio el primer “empujoncito” para que se abrieran camino solos.
Con las vacas que se compraron gracias a ese “empujoncito”, Bernarda y su hermano, Germán, decidieron alquilar un campo en Concordia y montar su propio establecimiento de cría y recría apenas alcanzada la mayoría de edad. En paralelo, cada uno siguió sus estudios: él veterinaria, y ella, derecho. Pero el objetivo de ser productores juntos se mantuvo inalterable.
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Las gallinas también llegaron por casualidad. No fue un número de la suerte esta vez el que les dio el impulso, sino un pequeño análisis de mercado: se consume mucho huevo, la carne no es barata, y el sector tiene futuro. Así fue como, en el mismo campo que era de sus abuelos, montaron su propio establecimiento de producción sustentable y con altos estándares de bienestar animal.
“Cuando compramos las primeras 1000 gallinas no teníamos idea de nada. Nos pasaba de todo porque no sabíamos ni siquiera que las gallinas llevaban vacunas”, relató la productora, recordando, en forma de epopeya, lo que significó poner en marcha el proyecto.
Pero había una futura abogada, y un futuro veterinario, de 21 y 22 años respectivamente, dispuestos a todo. Más que nada, a aprender y a crecer. 4 años pasaron desde entonces, y mal no les ha ido: hoy aguardan la llegada de unos 6000 ejemplares más para completar las 8000 gallinas felices en su granja y empezar a distribuir en grande.

“Es cuestión de animarse”, señala Bernarda, que también así, animándose, se abrió camino en las redes sociales. El “boom” llegó también de la mano de sus gallinas, muy populares entre sus seguidores y una fuente inagotable de “likes” e interacciones. A fin de cuentas, ¿a quién no le gusta ver cómo esos animales circulan libremente y, encima, producen?
Pero esta influencer, además de mostrar su rutina en el campo y de trabajar con marcas, tiene otras responsabilidades: un puñado de materias que la separan de su título de abogada y, por supuesto, las innumerables tareas que implica producir.
Nada que no pueda manejar, señala, y así transcurre sus días entre apuntes, videos, gallinas y vacas. La única condición es que sea junto a su hermano, con quien ha escrito esta historia desde el comienzo. Desde que criaban y vendían corderos o lechones para las fiestas, hasta el feedlot que tienen planeado montar en ese mismo establecimiento de Campo Grande.
“Todo lo que sé, lo estoy aprendiendo ahora de grande. Si tenés ganas de emprender, el campo te lo da todo”, afirmó.
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A dónde la llevará todo esto, no lo sabe. A fin de cuentas, tiene sólo 24 años y mucho camino por recorrer. Pero si de algo está segura, es dónde quiere recorrerlo. “Al campo no lo dejo. La verdad es que no me imagino trabajando de abogada encerrada en una oficina encerrada”, aseguró, con la audacia que la caracteriza, pero con la seguridad de que el tiempo tendrá la última palabra.
Mientras tanto, se trata de disfrutar. Disfrutar haber seguido el camino iniciado por su abuelo, de vivir y trabajar de lo que le apasiona, y de aprender, que ha sido desde el comienzo su única preocupación.
Y por qué no, disfrutar también de las curiosidades que tiene el mundo digital, en el que a una agroinfluencer le pueden hacer dedicatorias muy particulares. El cierre de esta nota lo tiene la “chacarera de las gallinas felices” que el acordeonista Marcelo Romero, también de Entre Ríos, le escribió a Bernarda.





