Ni soñaban, Fabián González (63) y su familia, cuando hace 18 años, al llegar desde Buenos Aires a pasar sus vacaciones en el pueblito de San Francisco de Bellocq, al sur de la provincia de Buenos Aires, éste los cautivaría tanto que con el tiempo se hicieron una casa allí. Y de ser ingeniero eléctrico con más de 30 años en el ejercicio de su profesión, a Fabián le nació una nueva vocación por el turismo rural de base comunitaria, tecnicatura que estudió en la Facultad de Agronomía de la UBA y hoy ejerce en ese pueblo de una gran historia.

Al día de hoy, Fabián y su familia, ya han ayudado a recrear una fiesta popular y muchas actividades más, turísticas y culturales, con el fin de revivir una época de esplendor que San Francisco de Bellocq experimentó hace mucho tiempo. Ese diminuto pueblo se halla dentro del partido de Tres Arroyos y con una posición estratégica para recibir a todo el turismo de paso, que va a veranear a las playas de Claromecó o de Necochea. Es que se ubica muy cerca del cruce de la ruta 72, que une a Necochea con Coronel Dorrego, con la 73, que baja desde cerca de Tres Arroyos hasta Claromecó. Esa fue la razón por la que la familia González decidió alquilar allí para frecuentar las playas en aquel verano.
“Todo empezó cuando los pobladores venían a nuestra casa de veraneo y nos contaban anécdotas -comienza a explicar, el ingeniero-. Poco a poco nos fuimos interiorizando de una historia de esplendor que supo tener, y yo pensaba que el día que esa gente no estuviera, se perderían en el tiempo. Entonces me nació la idea de recopilarlas para hacerlas más visibles con el fin de que permanezcan para siempre. Me lo propuse como trabajo de tesis para mi tecnicatura, al que titulé: ‘Estudio de una muestra de anécdotas del pueblo San Francisco de Bellocq como patrimonio cultural inmaterial’. Inicié la carrera en 2019 y defendí la tesis en mayo del año pasado”, indica.

“Las anécdotas son parte del material intangible de la humanidad, según la UNESCO, como el tango, el chamamé y desde hace poco, el ritmo del cuarteto -señala Fabián-. Esta institución enumeró una serie de indicadores para saber si las anécdotas son valiosas o no. Yo las utilicé para seleccionarlas, a partir de una lista de narradores que me agendé y de los cuales fui obteniendo las muestras. Lo hice con el mayor rigor científico. Un dato que nos resultó mágico, es que con mi esposa, Adriana Hernández, que es psicopedagoga, hace unos años nos enteramos de que su abuela vino de España y fue dama de compañía de la familia Bellocq, fundadora de la ciudad de Claromecó y que le dio el nombre a este pueblo”.
Cuenta Fabián que San Francisco era el nombre de la estancia de los Bellocq. Que este pueblo se fundó en 1929, cuando un mes de agosto se detuvo el tren del ramal de la costa, que paraba en Orense y terminaba en Copetona. Relata que los Bellocq donaron el terreno para que se hiciera la estación de tren y fue un pueblo muy pujante, de inmigrantes europeos, que llegó a tener 3 estaciones de servicio, 17 bares, 4 hoteles. “Allí se fundó la cooperativa ‘La Victoria Agrícola Ganadera’, que daba trabajo a medio pueblo. Ésta incorporó tecnología, tractores, la primera cosechadora, tuvo talleres y vendía camionetas y autos”, relata. Pero que luego, Juan Bellocq quebró, y entonces se creó una colonia agraria con mayoría de inmigrantes daneses. “Otra familia importante era la de los vascos Echegoyen, que también hizo donaciones. Hoy, la avenida principal separa lo que eran las tierras de los Bellocq, de las que eran de los Echegoyen” indica.

Continúa, González: “Pero aquellos años de gloria comenzaron a declinar en los años ’60 cuando cerró el ferrocarril, y en la década de los ’90 quebró la cooperativa agraria, que fue como ‘el tiro del final’, ya que quedaron 46 familias desocupadas y se produjo un éxodo, reduciéndose la población a la mitad. De 1000 habitantes, bajó a 500. Actualmente ha crecido apenas a unos 600. Yo empecé a preocuparme con mi familia en tratar de revertir esta situación y por eso me nació la inquietud de estudiar turismo, en especial, la carrera que promovió el gran Ernesto Barrera. La misma forma profesionales para poner en valor las culturas, identidades y costumbres rurales, fomentando el desarrollo territorial”.
Explica el ingeniero que el turismo de verano, que acude en busca de las playas, apenas dura no más de 45 días y la mayoría de la población se va a trabajar a la costa. Cuando Fabián y su señora comenzaron a proponer a los pobladores de comenzar a trabajar en aprovechar los valores culturales e históricos para atraer a los turistas, éstos les comentaban: “¿Qué vamos a mostrar de nuestro pueblo, si no tenemos nada?”. “De modo que nuestra primera tarea consistió en que los habitantes levantaran su autoestima, y reconocieran toda su riqueza”, agregó.

Explica Fabián que entonces pusieron manos a la obra: “Cuando empecé a estudiar la tecnicatura, en paralelo también comencé a trabajar en proyectos turísticos en San Francisco de Bellocq. Cada trabajo práctico que hacía en la facultad lo basaba en algún proyecto concreto a emprender en San Francisco. Optamos por trabajar en la línea de lo que se llama ‘Turismo Rural de Base Comunitaria’, que a mi juicio es fundamental para que un evento popular se pueda sostener en el tiempo”, asegura.
“Después de mucho trabajo, junto a los pobladores y a todas las instituciones del pueblo, incluida la municipalidad, realizando charlas y diversas actividades, con mucho orgullo logramos recuperar el hotel ‘La Primavera 1930’, que hoy funciona como hostal y tiene 3 habitaciones para 12 plazas en total. Era la antigua Casa Chedresse. Delante de ella aún funciona el almacén de ramos generales con el mismo nombre. Se le otorgó la concesión a un poblador, el señor Héctor Somovilla, que es un estudioso de la historia de todos los pueblos de la zona”, precisó.
“Además, el pueblo tenía su fiesta popular para el aniversario del pueblo. Y hace 3 años nos pusimos a trabajar para recuperarla -continúa relatando, Fabián-. Se conformó una comisión con el delegado municipal, la sociedad de fomento, el centro de jubilados, la biblioteca popular, la escuela secundaria, la capilla, el club recreativo ‘Echegoyen’, los bomberos voluntarios y entre todos logramos volver a realizar la fiesta popular del pueblo, pero la llamamos ‘Fiesta del Turismo Rural de San Francisco de Bellocq’. La misma ocurre durante el segundo fin de semana de septiembre y ha sido declarada de interés turístico por el estado provincial”, destaca. Agrega el ingeniero eléctrico que a la noche realizan una peña, y que en la segunda fiesta, realizada el año pasado, reunieron a 400 personas.
“Hicimos guiso de lentejas. Hubo 70 puestos con artesanos, ventas de comidas y de pilchas gauchas. La biblioteca popular del pueblo tuvo su stand. El domingo se celebró una misa con la presencia de gauchos a caballo. En el espectáculo de la tarde tuvimos 8 grupos artísticos”, detalla, y cuenta Fabián que además le dieron al festival una fuerte impronta en lo que se llama “Turismo Accesible”, totalmente adaptado para personas con capacidades diferentes. “Lo hacemos con diversos servicios -dice-. Es la primera y única fiesta de turismo rural de la provincia de Buenos Aires y sólo en Misiones hay otra. Actualmente ya soñamos con el proyecto de llegar a que sea fiesta provincial, y por qué no algún día, nacional”, arriesga el ingeniero.

Luego, como la fiesta popular debía constar de al menos dos jornadas, Fabián se propuso dedicar el primer día a la capacitación en turismo rural. Formar emprendedores, convocando a académicos especializados en el tema a dar charlas y conferencias. El ingeniero es quien coordina esta jornada y ha logrado que San Francisco de Bellocq hoy posea un centro de formación regional en turismo rural. “Con lograr que un vecino se anime a emprender una nueva actividad en turismo rural, generando ingresos y fuentes de trabajo genuinos, nos podemos sentir realizados”, sentencia.
González montó, hace cinco años, una consultora para asesorar en proyectos de ingeniería eléctrica, pero hace poco sumó en ella la asesoría en turismo rural, también en la parte proyectual como estudios de factibilidad, puestas en valor y todo lo referente a infraestructuras. “Porque un técnico en Turismo Rural puede ser operador o asesor de proyectos”, dice. Hoy viaja todos los meses y se queda 5 días en el pueblo. Este año participó en una capacitación en “Fiestas Populares” que brinda la provincia. “Nos turnamos para estar presentes con nuestro stand en las fiestas populares de los pueblos cercanos. No sólo intercambiamos experiencias, sino que nos ayudamos mutuamente. Vamos a otros eventos populares y damos charlas sobre nuestra fiesta y nuestra identidad como pueblo del sur bonaerense”, agrega.

Culmina Fabián: “Fuimos consiguiendo fondos de subsidios que gestionamos a través de la municipalidad. Pero hoy necesitamos tener un CUIT y una cuenta bancaria propia, para poder facturar y otorgar recibos. Por ese motivo estamos tratando de crear una ONG con personería jurídica -plantea-. Poco a poco, con los años, hemos logrado revertir la curva decreciente que venía castigando al pueblo”, remata, feliz y con mucha esperanza de todo el abanico de actividades que se podrían seguir agregando.
Fabián González eligió dedicarnos la canción “Sueñero”, de y por Jorge Fandermole.





