Los buenos precios internacionales de la carne vacuna no alcanzan para garantizar la rentabilidad de la industria frigorífica argentina. Con una hacienda cara en dólares, costos crecientes y un tipo de cambio que perdió competitividad frente a la inflación, las cuentas de las plantas exportadoras están cada vez más ajustadas. “No dan las cuentas hace rato”, resumió Leo Lequio, empresario del Grupo Lequio, uno de los principales faenadores de hacienda en el país, durante una entrevista con Bichos de Campo en la feria SIAL de París.
Según esta mirada, el mercado internacional sigue demandante, los precios son buenos, pero se aprovechan de forma parcial debido a la situación económica local.
Lequio observa un escenario relativamente estable, aunque con algunas señales de retracción de la demanda interna. “La gente consume un poquito menos, tiene menos capacidad de pago”, explicó, al vincular esa tendencia con la inflación y las dificultades económicas que atraviesa la región.
En el caso de la cuota Hilton, los valores se ubican en torno de los 21.000 a 22.000 dólares por tonelada, pero ese alto nivel histórico no resuelve los problemas de competitividad de los frigoríficos argentinos. Estados Unidos y China, dos destinos centrales para la carne nacional, continúan comprando con normalidad. La industria, además, espera definiciones sobre las condiciones de acceso al mercado estadounidense para el próximo año, que permitirán ajustar sus planes comerciales.
“Tenemos el precio en dólares que tenemos la hacienda y los costos de producción que tenemos. Aun con mercados internacionales que están en valores buenos históricos, es muy complicado”, advirtió Lequio. Y agregó que la rentabilidad es prácticamente nula, con meses en los que las empresas trabajan a pérdida.
El problema no se limita a los gastos cotidianos. La actividad demanda inversiones permanentes en infraestructura, tecnología y capital de trabajo, cuyo volumen creció con el encarecimiento de la hacienda y de los demás insumos. A eso se suman los aumentos de la energía, los salarios, el gas y los combustibles. En su caso, Lequio señaló que las tarifas eléctricas registraron subas de entre 50% y 60%, aunque aclaró que el impacto varía según la provincia y el proveedor.

Frente a ese panorama, el empresario consideró que la industria necesita una corrección de algunas variables para recuperar margen. “Deberíamos tener un dólar un poco más competitivo”, sostuvo, al señalar que en los últimos tres años se acumuló cierto atraso cambiario. También mencionó la posibilidad de revisar la carga impositiva y los valores de la hacienda.
Para Lequio, el equilibrio es indispensable para sostener a toda la cadena. “En algún momento alguna variable va a tener que ajustarse para permitir que la industria sobreviva. Si no hay una cadena que funcione, se corta la cadena”, planteó. En ese sentido, cuestionó que Argentina reclame apertura comercial en el exterior mientras mantiene restricciones internas, como los derechos de exportación.
Pese a las dificultades actuales, su mirada sobre el futuro es positiva. Considera que la proteína animal está ganando protagonismo y que existen mercados suficientes para la producción argentina, además de oportunidades de apertura comercial. “Creo que vamos a tener algunos años buenos para toda la cadena en general”, afirmó, aunque advirtió que será necesario distribuir mejor la rentabilidad entre sus distintos eslabones para que todos sean sustentables.
El mal momento que, según contó, vive la industria, no frena las inversiones de la empresa que avanza con obras importantes en su planta de Carcarañá, Santa Fe, que incluyen la incorporación de tecnología para mejorar los procesos de faena y desposte. También desarrolla proyectos de engorde a corral para producir cortes y tipos de mercadería que demandan los distintos mercados y que no siempre consigue en cantidad suficiente en la plaza.
El grupo ya cuenta con un feedlot en La Pampa con capacidad para 10.000 cabezas y trabaja para ampliar esa estructura durante el próximo año mediante el sistema de hotelería. El objetivo es disponer de una mayor oferta de materia prima propia y garantizar volúmenes para abastecer a sus clientes. Así, mientras reclama mejores condiciones de rentabilidad para la industria, apuesta a integrar producción y procesamiento para responder a las exigencias comerciales.




