En un negocio donde el consumo de carne aviar se sostiene por su condición de proteína económica, crecer no alcanza: también hay que producir cada kilo al menor costo posible. Esa es una de las premisas que guía hoy a Noelma, una empresa avícola entrerriana que avanza con inversiones millonarias para ampliar su capacidad productiva mientras enfrenta el fuerte incremento de los costos energéticos.
“Lo importante es bajar costos”, resumió Silvana Eggs, la hija de Néstor, el fundador, y una de las propietarias de la compañía avícola, al describir las prioridades de una actividad que sigue apostando a expandirse, aunque con márgenes que obligan a mirar cada vez más de cerca la eficiencia.
Con base en Villa Elisa y su planta de faena en San José, ambas localidades de Entre Ríos, Noelma procesa actualmente entre 175.000 y 178.000 pollos diarios. La empresa mantiene en marcha un plan de inversiones que incluye una nueva planta de incubación, ampliaciones en el segmento de gallinas ponedoras y el desarrollo de granjas propias.
Aunque no precisó el monto total, Silvana confirmó que se trata de “muchos millones de dólares”, financiados mediante una combinación de capital propio y créditos bancarios. En el área de ponedoras, el crecimiento previsto ronda entre 10% y 15%.
La apuesta por aumentar la producción convive con una preocupación que atraviesa a todo el sector: el encarecimiento de los insumos y los servicios necesarios para producir. La energía eléctrica y el gas aparecen entre los rubros que más presión ejercen sobre las cuentas de las avícolas, junto con la alimentación de las aves y los costos laborales.

Consultada por los aumentos de las tarifas, Silvana reconoció que la compañía también sintió el impacto. La incidencia varía según la época del año y el eslabón de la producción: el gas tiene un papel central en las granjas durante el invierno, mientras que la electricidad resulta indispensable tanto en los establecimientos de cría como en la planta de faena y cobra especial relevancia durante el verano.
En ese escenario, la eficiencia productiva se vuelve decisiva. Una de las variables centrales es la conversión alimenticia, es decir, cuántos kilos de alimento necesita consumir un pollo para producir un kilo de carne. Según explicó la empresaria, una conversión de 1,6 es un buen resultado en la Argentina, mientras que valores de 1,7 a 1,8 son habituales como referencia y superar 1,9 ya representa una señal de alerta.
La modernización de las instalaciones puede ayudar a mejorar esos números, aunque no es el único factor. Silvana destacó también la importancia del manejo y del personal para alcanzar buenos resultados, incluso cuando las inversiones se postergan. La ecuación es relevante porque el alimento representa una parte sustancial del costo de producción y cualquier mejora en la conversión permite reducir el consumo necesario para obtener la misma cantidad de carne.
Noelma también busca trasladar esa mejora a los productores integrados con los que trabaja. Si bien está invirtiendo en granjas propias, la empresa acompaña a sus socios para que puedan construir galpones, incorporar equipamiento y mejorar sus instalaciones. Entre otras cosas, los ayuda a adquirir ventiladores y sistemas de alimentación y suministro de agua, con el objetivo de elevar la productividad y reducir costos.
Para Silvana, además, el sector está avanzando hacia una mayor cooperación entre las empresas. “Antes se trabajaba más cada uno y hoy estamos trabajando más en equipo. Lo veo mejor al sector”, sostuvo.

La industria avícola apuesta así a sostener su crecimiento apoyada en una demanda que encuentra en el pollo una alternativa accesible frente a otras proteínas. Pero la expansión productiva tiene una condición: mejorar la eficiencia en cada etapa, desde la granja hasta la faena. Con la energía, el gas y el alimento bajo presión, la competitividad ya no depende solamente de producir más, sino de conseguir que cada kilo de pollo cueste menos.




