Francia puede presumir de su gastronomía, de sus quesos, de sus vinos y de una larga tradición como potencia alimentaria. Pero parece que todo ese prestigio ya no le alcanza para ganar los partidos comerciales. En 2024, Italia le arrebató el primer puesto entre los países expositores de SIAL París, una de las mayores ferias alimentarias del planeta. Y para la edición 2026, que comenzó este sábado, los franceses ni siquiera figuraban segundos: habían quedado detrás de Italia, España, Turquía y Grecia.
La situación resulta bastante curiosa porque SIAL se celebra justamente en París, capital de Francia. Y la preocupación no viene de algún competidor extranjero, sino de los propios organizadores de la feria, que lanzaron una advertencia sobre el retroceso de la presencia francesa y la necesidad de recuperar protagonismo en el comercio internacional de alimentos.
“En el comercio mundial no hay lugar para la nostalgia. Solo cuentan las acciones”, advirtió Audrey Ashworth, directora de SIAL París, en un comunicado difundido por la organización durante marzo y actualizado en octubre, en vísperas de la feria.

El dato tiene sus límites: el ranking corresponde a la participación de empresas en una exposición comercial, no al volumen de alimentos exportados por cada país. Pero para los responsables de SIAL funciona como una señal de alarma sobre la capacidad francesa para salir a buscar compradores internacionales.
Según la organización, en 2024 Italia superó por primera vez a Francia como principal país expositor. Y al momento de difundirse el diagnóstico para 2026, Francia aparecía detrás de otros cuatro países en la comercialización de espacios. Es decir, no se trata de una clasificación definitiva de exportadores, sino de un indicador de la presencia empresarial en la feria.
Ashworth fue especialmente crítica con la actitud de su propio país. “A Francia le gusta recordar que es un actor importante del sector agroalimentario. ¿Pero por cuánto tiempo más?”, se preguntó.
La preocupación de la directora tiene una explicación económica. Con un crecimiento demográfico cada vez menor y un mercado interno que tiende a estabilizarse, muchas empresas alimentarias francesas necesitan encontrar nuevos compradores fuera de sus fronteras para poder seguir creciendo.
En ese contexto, Ashworth planteó que las exportaciones ya no pueden considerarse una actividad secundaria. Por el contrario, sostiene que ampliar mercados permite distribuir costos, diversificar riesgos y fortalecer la viabilidad económica de las empresas.
“Alimentar a Francia y exportar nuestros conocimientos no son objetivos incompatibles. Todo lo contrario”, afirmó.
Pero la competencia no se queda quieta. El comunicado de SIAL destaca que países como Italia y Turquía vienen utilizando importantes subsidios públicos para fortalecer la presencia internacional de sus industrias alimentarias.
También menciona otras herramientas estatales de promoción comercial. Bélgica cuenta con Food Export The Forum, una plataforma de apoyo a las empresas del sector, mientras que el Reino Unido desarrolla programas de capacitación y asistencia exportadora a través de su Export Academy.
Canadá dispone de CanExport SME, que ayuda a pequeñas y medianas empresas a explorar mercados internacionales. Singapur, por su parte, utiliza su programa Market Readiness Assistance para cofinanciar actividades de preparación y expansión comercial.
Corea del Sur aparece como otro ejemplo interesante. Su estrategia no pasa únicamente por vender más alimentos, sino también por posicionar internacionalmente su gastronomía. El fenómeno conocido como K-food combina promoción comercial con influencia cultural, utilizando la cocina coreana como una herramienta de proyección internacional.

Lo que SIAL observa detrás de estas políticas es una creciente coordinación entre gobiernos, empresas y organismos de promoción comercial. La competencia ya no depende solamente de la calidad de los productos o de los precios que puedan ofrecer sus fabricantes, sino también del respaldo que reciben para ingresar a otros mercados.
“Estamos viendo países que avanzan de manera extremadamente coordinada. Apoyan a sus empresas, financian su visibilidad y estructuran sus cadenas productivas”, señaló Ashworth.
Para entender por qué importa tanto la presencia en este tipo de exposiciones, alcanza con mirar algunos números de la edición anterior. En 2024, SIAL París recibió visitantes de casi 200 países y 110 delegaciones oficiales, entre ellas 50 embajadores, 16 parlamentarios y 17 ministros franceses y extranjeros.
No se trata, entonces, de una simple exhibición de productos. Para muchas empresas, especialmente las pequeñas y medianas, estas ferias representan una posibilidad concreta de conseguir distribuidores, abrir destinos de exportación y establecer relaciones comerciales que difícilmente podrían construir por cuenta propia.
Por eso, la directora de SIAL reclama una reacción colectiva de la industria francesa y de los organismos que la acompañan. Considera que Francia todavía tiene las condiciones necesarias para recuperar protagonismo, pero que no puede confiar únicamente en su historia y su reputación gastronómica.
La paradoja es que una de las principales vidrieras del negocio alimentario mundial se desarrolla en París y son sus propios organizadores quienes advierten que otros países están aprovechándola mejor.
En términos futboleros, esta vez Francia no solo perdió el campeonato: también quedó afuera del podio. Y encima, jugando de local.




