Los perros asilvestrados -o salvajes- representan un problema global creciente en la Patagonia. A través de la depredación de fauna silvestre y ganado; la competencia entre especies; los cambios de comportamiento; la hibridación y la transmisión de patógenos, la estructura ecosistémica se ve comprometida. En Tierra del Fuego, en particular, la situación es especialmente alarmante, con detecciones que en 5 años aumentaron nada menos que 226%.
Así lo determinó un estudio realizado por investigadores del CADIC-CONICET, la Universidad Nacional de Tierra del Fuego y la Wildlife Conservation Society, que fue publicado en Perspectives in Ecology and Conservation y se convirtió en la primera evaluación de largo plazo sobre la ecología de estos animales en la isla.
El trabajo, realizado entre octubre de 2018 y noviembre de 2023, se basó en el monitoreo de 21 cámaras trampa, instaladas en una estancia de 10.000 hectáreas del ecotono de Isla Grande, a 37 km de Río Grande y a 60 km de Tolhuin.

A diferencia de los perros domésticos (Canis lupus familiaris), los nacidos en libertad carecen de socialización humana y se asilvestran, adquiriendo recursos y reproduciéndose de forma independiente.
“La población de perros callejeros aumentó en las últimas cuatro décadas debido al abandono humano y la deficiente gestión municipal. La disponibilidad de recursos y la falta de depredadores facilitaron su expansión hacia las zonas rurales. Los perros asilvestrados se alimentan de ganado y atacan a los guanacos, que carecen de adaptaciones para escapar de los cazadores en grupo”, explicaron Emiliano Arona y Adrián Schiavini, los autores del trabajo.
“A pesar de los impactos reconocidos, la información sobre perros asilvestrados en Tierra del Fuego sigue siendo escasa y mayoritariamente urbana, enfocada en zoonosis, ataques a la fauna silvestre o depredación de ganado”, marcaron a continuación.

La geografía del lugar sin dudas ayuda. En el ecotono, la zona de transición entre los bosques del sur y la estepa magallánica del norte, el paisaje ofrece parches de bosque que pueden funcionar como sitios adecuados para resguardarse.
De acuerdo con los investigadores, el área de pastizales para ganado afectada por perros asilvestrados aumentó constantemente del 2,5% a 69,3% entre 1990 y 2012, abarcando casi todo el ecotono. Casualmente, allí la producción ovina disminuyó y muchos ranchos se reconvirtieron hacia la producción bovina.
En este marco, el monitoreo de los patrones de presencia y actividad de los perros fue clave para estudiar su interacción temporal con la fauna silvestre -específicamente zorros chilla y guanacos- y el papel funcional de los fragmentos de este bosque.

En esos cinco años, se obtuvieron 37.003 registros independientes, de los cuales 1.412 (3,8%) correspondieron a perros, 10.512 a guanacos y 10.133 a zorros chilla.
Los perros aparecieron en 16 de las 21 estaciones instaladas, y se reconocieron 117 individuos distintos, mestizos y de tamaño mediano a grande, observándose focos de reproducción en la región sur.
Las detecciones se mantuvieron estables durante los primeros tres años del estudio, pero se aceleraron considerablemente desde la primavera de 2021. Por su parte, la de los guanacos aumentaron 40%, mientras que las del zorro chilla cayeron 66%.
“El aumento de las detecciones a lo largo del tiempo indica el establecimiento y la reproducción exitosa de perros en estado salvaje”, indica el trabajo, que registró 87 cachorros, principalmente en otoño e invierno.
Respecto a su actividad, los perros mostraron patrones diarios bimodales estables, con picos por la mañana y al final de la tarde, y un cambio hacia la actividad nocturna en invierno. La superposición fue de moderada a alta con los guanacos y moderada con los zorros chilla.
“Estos hallazgos sugieren que los perros asilvestrados funcionan como depredadores ápice en este sistema, lo que resalta la necesidad urgente de una gestión que mitigue sus impactos ecológicos y económicos”, alertaron los investigadores.
En este contexto, remarcaron que Tierra del Fuego es la única provincia con una ley específica (N° 1146) destinada al control de las poblaciones de perros asilvestrados.
“Esta legislación reconoce la naturaleza multifacética del problema, que abarca la conservación, el bienestar animal y la producción ganadera rural. A pesar de su potencial, la ley permanece sin regular ni implementar, lo que refleja el desafío general de convertir las políticas en prácticas”, concluyeron.




