Los pronósticos coinciden en que las intensas lluvias que trae el “Súper Niño” tomarán impulso durante el último trimestre del año, un período que coincide con el inicio de la campaña gruesa y la cosecha de la fina. Es lo que ha motivado proyecciones alcistas y las expectativas de que la próxima podría ser una campaña de maíz y soja tan grande como la anterior.
Pero, hasta tanto inicie ese proceso, esas cifras no dejan de estar en potencial, y los informes especializados exhiben cautela.
Desde la Bolsa de Comercio de Rosario advierten que la falta de agua de las últimas semanas frena el avance de la siembra de maíz y empieza a poner coto al trigo. Desde Fundación Mediterránea insisten en que el “Niño” no es un cheque en blanco para los rindes excepcionales.
Se espera que hasta el sábado continúe el tiempo inestable en la zona núcleo pampeana, con lluvias aisladas y baja de temperatura. Es el final de un invierno en el que hubo pocas precipitaciones en las principales regiones agrícolas, y que por lo tanto deja a los perfiles con un nivel mucho más bajo de humedad al esperado.
De acuerdo con un reciente informe de la bolsa rosarina, “el 70% de la zona núcleo se encuentra entre condiciones de escasez hídrica y sequía, mientras que solo el 30% mantiene reservas regulares a adecuadas, y destaca que “se necesitan al menos 20 milímetros más de agua para continuar la siembra”. Por eso, las lluvias de estas últimas horas son seguidas de cerca por los productores.

La última proyección de la BCR estima que la intención de siembra del maíz es de 10,6 millones de hectáreas. Al día de hoy, las primeras labores han avanzado ya sobre 500.000 hectáreas, motivadas por las advertencias de que a partir de octubre habrá mayores precipitaciones que podrían complicar las labores agrícolas.
Las últimas recomendaciones difundidas por el INTA señalaban la importancia de “apuntar a fechas de siembra tempranas”. “Cada semana que avancemos a diciembre, se va a poner más difícil. Si se puede sembrar, habrá que hacerlo sin postergar nada, porque será clave evitar cuellos de botellas”, expresó por su parte el consultor Alfredo Elorriaga.
Nada ha cambiado respecto a esas definiciones, pero hasta tanto no haya mayor humedad en los perfiles, empieza a haber mayor cautela con el avance del maíz de primera.
Se estima que la zona núcleo ya sembró el 25% de lo proyectado para ese cultivo -el mayor avance para esta fecha de las últimas cinco campañas- y que en el caso del centro-sur santafesino, por ejemplo, ya se alcanzó el 70% del área sembrada. “Sin embargo, la falta de humedad comienza a ponerle un freno a la siembra en el oeste”, señalan desde la BCR.
El investigador especializado en maíz y ex coordinador de la Red Nacional de ese cultivo en el INTA, Facundo Ferraguti, advierte esta misma situación. “Veo humedad justita, no sobra nada. ¿Estamos bien? ¿O hay algo de efecto manada?”, señaló en sus redes sociales, sorprendido por el avance de las labores de siembra en zona núcleo.
El informe de la bolsa rosarina destaca que en Carlos Pellegrini (Corrientes) y Marcos Juárez (Córdoba) “quedan pocos lotes con condiciones de humedad adecuadas para continuar con las labores”. En San Gregorio advierten que algunos de los lotes implantados en los últimos días “ya muestran limitaciones por la humedad del suelo y se esperan nuevas lluvias para retomar la siembra”.
En el noroeste bonaerense, en cambio, afirman que muchos optan por evitar asumir riesgos innecesarios y estiman que la fecha de siembra comenzará alrededor del 20 de septiembre, ya que “incluso los sectores bajos permanecen secos”. Las heladas de los últimos días no alcanzaron a dañar los cultivos, pero sí generaron mayor cautela en las zonas donde aún no se sembró.

Las observaciones de la BCR conectan directamente con el último informe de Fundación Mediterránea, que advierte que los efectos previstos por esta intensa fase de “El Niño” que está por comenzar no serán uniformes entre zonas ni cultivos. Y eso aplica a las expectativas de altos rendimientos.
“El Niño 2026/27 constituye una señal favorable para la agricultura argentina, pero no un cheque en blanco”, señala la entidad, que hizo un análisis pormenorizado de las últimas campañas en las provincias de Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba, Entre Ríos, La Pampa y Santiago del Estero para prever cómo podría ser su impacto.
En ese sentido, los especialistas coinciden en que “las probabilidades estarán inclinadas hacia mejores rendimientos en buena parte de la región productiva”, pero ponen paños fríos en su análisis: “Cuánto de ese potencial termine efectivamente transformándose en toneladas dependerá, como siempre, de dónde y cuándo llueva”.
Es lo que ahora se plantea con los últimos sondeos de la BCR.

Desde la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica de los Estados Unidos (NOAA) vienen señalando que, por las temperaturas oceánicas, esta fase de “El Niño” podría ser la más intensa de todos los registros, que datan desde 1950.
Sin embargo, desde Fundación Mediterránea insisten en que “el tamaño anunciado del fenómeno no debería traducirse mecánicamente en una expectativa de rindes excepcionalmente altos”, porque hay otros factores que intervienen allí: sin dudas, la distribución temporal y espacial de las precipitaciones, pero también las temperaturas durante los períodos críticos, la disponibilidad inicial de agua en los perfiles y otros aspectos agronómicos y sanitarios.
Con ese punto de partida, el equipo de investigadores tomó el modelo usado por el INTA y el Conicet para su plataforma AgroENSO y lo trasladaron específicamente a 6 provincias. En todos los casos acreditaron que las campañas Niño se asocian sistemáticamente con rindes superiores a los registrados durante La Niña, pero mostraron diferencias sustanciales por zona, localidad y cultivo.
El caso más paradigmático es el de Entre Ríos. En maíz, los rindes se ubican un 18,4% por encima del nivel histórico durante Niño y 20,4% por debajo durante Niña, lo que arroja casi 39 puntos porcentuales de diferencia entre ambas fases. En el extremo opuesto aparece Santiago del Estero, donde el maíz muestra una amplitud de apenas 0,9% de un fenómeno al otro.
En Santa Fe, por ejemplo, la respuesta es importante tanto para soja como para maíz, de 19,7% y 23% respectivamente. Córdoba muestra una configuración similar: la soja presenta una amplitud elevada, de 22,3 puntos, mientras que en maíz se reduce a 17,1. En Buenos Aires, la sensibilidad entre Niño y Niña resulta algo más equilibrada entre ambos cultivos, con aproximadamente 21,5 puntos en maíz y 19,7 en soja.
Y en La Pampa, la respuesta del maíz es aún más moderada (13%) y la mayor diferencia de rindes la otorga la soja de segunda, con casi 44 puntos porcentuales.

Aquellas estadísticas, afirman, “no implican que una campaña El Niño garantice buenos rindes ni que una campaña La Niña necesariamente termine mal”, aunque sí muestran que
en años Niño el punto de partida para la campaña gruesa es mucho más alentador.
Desde la entidad destacan que, si se cumplen las condiciones adecuadas, este escenario “podría significar para Argentina alrededor de 5,6 millones de toneladas adicionales de maíz y 5,4 millones de toneladas de soja respecto de rindes típicos”. Traducido en términos económicos, a precios FOB de 240 y 500 dólares por tonelada respectivamente, ese diferencial rondaría los 4.000 millones de dólares.




