La Federación Argentina de la Industria Maderera y Afines (FAIMA) lanzó una advertencia a los gobiernos nacional, provinciales y municipales sobre la situación de las pymes madereras del país, al señalar que el margen financiero de las empresas para sostenerse en medio de la crisis se está agotando y que la continuidad de buena parte del entramado productivo está en riesgo.
La entidad describió un escenario donde se combinan la caída de la demanda, los costos crecientes medidos en dólares, el encarecimiento de la energía y los combustibles, las tasas de interés elevadas y una presión importadora que golpea especialmente a los segmentos de mayor valor agregado.
El planteo tiene una relevancia particular para el NEA, una de las principales regiones foresto-industriales del país, donde los aserraderos, las fábricas de tableros, las carpinterías y la industria del mueble representan una parte sustancial del empleo privado. Según la Federación, cuando se detiene un aserradero o cierra una pyme maderera en el interior, el impacto se traslada al empleo, el transporte, los servicios y el comercio de toda la comunidad.
Uno de los focos de preocupación pasa por la llamada primera transformación de la madera, donde se cruzan la retracción de la demanda interna (que FAIMA atribuye a la desaparición de la obra pública y al freno de la construcción privada) y el deterioro de la competitividad frente a otros países productores por el actual esquema cambiario.
A eso se suman los costos de energía y combustible. FAIMA sostiene que en los últimos dos años y medio las actualizaciones tarifarias, sumadas al escenario cambiario, encarecieron fuertemente en dólares la energía que consumen las plantas industriales, y citó informes privados según los cuales las tarifas energéticas acumularon durante el último semestre subas cercanas al 300%, frente a una inflación de alrededor del 17% en el mismo período.
“El sector genera alrededor de 60 mil puestos de trabajo directos, a los que suma una cantidad similar en indirectos. Durante los últimos 12 meses, el sector registra una caída superior al 10% en el empleo directo e indirecto, reflejo de la profunda contracción que atravisa la actividad”, expresó la entidad forestal.
El combustible agrega otra capa al problema en una actividad intensiva en logística, donde la materia prima viaja desde las plantaciones hasta los aserraderos y de ahí a las plantas industriales, mientras los productos terminados recorren largas distancias hasta los mercados internos o los puertos de exportación.
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La crisis también golpea a los muebles y las carpinterías, que enfrentan los mismos problemas de costos que los eslabones anteriores y suman la caída del consumo de los hogares, afectado por la pérdida de poder adquisitivo y el costo del financiamiento. FAIMA cuestionó además una estructura arancelaria que, según describió, permite que determinados bienes finales ingresen al país con aranceles menores que algunos de los insumos que necesitan las empresas argentinas para fabricar esos mismos productos.
“El segmento muebles y carpintería suma a las dificultades ya descriptas la marcada caída de la demanda, producto de la contracción de los ingresos reales del sector privado”, expresaron en un comunicado publicado en redes sociales.
Como ejemplo, la Federación mencionó la construcción con madera, donde al elevado costo local en dólares se sumó la llegada de viviendas importadas desde China a precios con los que las empresas nacionales tienen cada vez más dificultades para competir.
“En la construcción en madera al encarecimiento del costo en dólares se suma la irrupción de alternativas habitacionales de menor calidad y precio provenientes principalmente de China, cuyo valor, producto del ancla cambiaria, resulta tan bajo que vuelve imposible la competencia. El resultado es la destrucción de empresas y de empleo local, y la sustitución de producción nacional de calidad por soluciones habitacionales de calidad inferior”, expresaron.
El tercer frente que identificó la entidad es financiero. FAIMA señaló que las tasas de tarjetas de crédito y préstamos personales rondan el 110% anual, frente a una inflación anualizada cercana al 33,5%, y recordó que entre fines de 2025 y comienzos de 2026 numerosas pymes debieron financiarse a tasas cercanas al 70% anual, cuando la inflación se ubicaba en torno al 35%. Esa brecha, sostuvo, termina convirtiendo al crédito en un costo adicional que erosiona el capital de las empresas en lugar de funcionar como puente hacia una recuperación de la demanda.




