Roberto Oscar “Tati” Iturburu es la cuarta generación de una familia de productores ganaderos, que desde la década del 40 trabaja en la Patagonia. Su empresa está ubicada en la provincia de Chubut, cerca de Esquel, en plena estepa patagónica.
“En esta región el nivel de precipitaciones cae mucho respecto de los que hay en zona cordillerana, aquí hay entre 100 y 200 milímetros por año”, esbozó en charla con Bichos de Campo. Esto ya es todo un desafío para la ganadería y su familia lo viene asumiendo hace varias décadas.
Los Iturburu comenzaron criando ovinos y produciendo lana merino fina, pero la crisis del sector en los años 80 llevó a transformar los establecimientos en sistemas mixtos, con ovinos y bovinos.

El cambio hacia la producción de carne vacuna se profundizó a partir de 2005, cuando este productor puso en marcha un programa de reintroducción de genética Angus. La raza, de todos modos, no era nueva en la familia: su abuelo ya criaba Angus en la década del 40 y llevaba toros desde Azul, en la provincia de Buenos Aires, hasta la Patagonia en tren.
El objetivo de la nueva etapa fue muy concreto: desarrollar un biotipo capaz de producir carne en ese ambiente y lograr terminar un novillo antes de que atraviese su segundo invierno.
“Nosotros sí o sí tenemos que terminar el animal antes del segundo invierno por cuestiones de rentabilidad. Si no, el sistema no es rentable”, señaló Iturburu. Es que el invierno patagónico no sólo es complejo por la nieve, sino por las temperaturas que marca el termómetro, que pueden ubicarse entre 15 y 20 grados bajo cero. A eso se suma un elevado costo de suplementación y transporte.
El planteo combina campos altos y bajos mediante el tradicional sistema patagónico de veranadas e invernadas. Los campos ubicados a 900 o 1.000 metros sobre el nivel del mar se utilizan entre octubre y abril. Luego, los animales bajan a los valles, donde los terneros son recriados sobre pasturas bajo riego, con suplementación proteica para los más chicos y energética para los más desarrollados.
El biotipo también tiene que estar ajustado a ese esquema. Iturburu apunta a animales moderados, con pesos de terminación de entre 380 y 400 kilos. “Cuando uno introduce la balanza en estos sistemas productivos se da cuenta de que la elección del material genético es sustancial. No podés irte a animales demasiado chicos, pero tampoco a biotipos de mucho quilaje por una cuestión temporal. La idea es tener un equilibrio”, explicó a este medio.
La estrategia tiene un punto clave: llegar al invierno con los vientres en buena condición corporal. Una vaca puede perder unos 100 kilos durante el invierno, pero la recuperación es rápida cuando llegan las pasturas de primavera y verano. “La estrategia de producción en la Patagonia es llegar con un vientre, ya sea bovino u ovino, con una muy buena condición corporal antes del invierno”, resumió.
Durante el verano, las condiciones cambian radicalmente. La elevada heliofanía favorece la acumulación de azúcares en los tejidos vegetales y permite ganancias de peso de entre 850 gramos y un kilo diario en los novillos.
En materia reproductiva, el sistema también muestra buenos indicadores. “Las preñeces que logramos son muy buenas, entre 98 y 99%, y los porcentajes de destete también son altos, arriba del 85 o 90%”, contó.

La empresa desarrolló además su propia cabaña Angus, bautizada como Don Blas, que inicialmente sirvió para abastecerse de genética propia. Con el tiempo, esa producción se transformó en un negocio. Actualmente vende toros en la Línea Sur de Río Negro, así como en en zonas de Chubut y Santa Cruz, donde la crisis ovina provocó una mayor incorporación de vacas.
La experiencia de Iturburu es contundente respecto de la adaptación de la raza. “Para mí pensar en la adaptación del Angus no es ninguna adaptación porque ya está hace muchos años acá”, afirmó. Y agregó: “La adaptación es increíble”.

Los animales provenientes de trasplantes embrionarios son enviados al destete a campos de recría sobre pastizales naturales, y tienen un desempeño que, según el productor, resulta excepcional. Además, la empresa cruza Angus con Hereford para obtener un F1 que permite incrementar entre 15% y 18% la ganancia de peso.
El Angus también mostró ventajas sanitarias y reproductivas frente a otras alternativas. “Tenemos animales muy longevos que siguen pariendo a los 12 o 13 años, que siguen teniendo sus crías Tenemos una muy buena habilidad materna y no tenemos mastitis en las ubres”, destacó.

Pero producir no es el único desafío. En Patagonia también es complejo comercializar. La baja población, las enormes distancias y la escasez de plantas de faena generan costos adicionales. Por eso Iturburu analiza avanzar hacia una integración vertical, incluso con venta directa de carne.
A la vez, ve una oportunidad en la condición sanitaria de la región, que libre de aftosa sin vacunación y de BSE. Incluso relató que mantuvo conversaciones con empresarios japoneses interesados en evaluar la posibilidad de exportar carne con hueso desde la Patagonia.
“Son nichos chicos, pero muy interesantes desde el punto de vista sanitario”, sostuvo. Para Iturburu, detrás de toda esta estrategia hay algo que excede a los números del negocio.
“Parece difícil, pero no es fácil. Esa es la realidad de la producción en la Patagonia”, bromeó. Y enseguida resumió el espíritu de su empresa: “El arraigo, el amor por la tierra, la ganadería, sobre todo, nos lleva a estas locuras que se derraman en trabajo en beneficio para la zona”




