El diccionario de la lengua española define el uso de la palabra Eureka “cuando se halla o descubre algo que se busca con afán”. Se suele utilizar ese término para hacer referencia al festejo de comprender o resolver una dificultad que antes parecía imposible. Los historiadores vinculan a Eureka con Arquímedes, quien habría resuelto el problema que le impuso el rey Hierón II, que deseaba conocer la cantidad de oro que contenía su corona sin ser arruinada. En medio de un baño de inmersión Arquímedes encontró una punta al ovillo para solucionar dicho problema, lo que le posibilitó formular un método para medir el volumen de cualquier cuerpo irregular, como era, en ese caso, la corona del rey.
Al igual que la definición del diccionario, para Lalo Barber “Espacio Eureka” fue algo buscado con esfuerzo y aspiración. “Es el espacio donde desarrollo las actividades con las que soñé durante toda mi vida: cuidar animales, cultivar plantas, recibir gente. Eureka tiende a ser una granja autosustentable y vamos camino a serlo”, empieza describiendo. “Pero lo que más valoro es que aquí yo pongo en marcha mi filosofía de vida y la reconstruyo permanentemente”.

La finca Eureka está ubicada en Jujuy, sobre la ruta nacional 9, en el kilómetro 1789, -“año de la revolución francesa”-, (se apura a señalar Barber), muy próxima al Trópico de Capricornio, entre El Perchel y Huacalera, en la bella Quebrada de Humahuaca.
“Llegué aquí hace 20 años, todo estaba por hacerse y, quizás por mi formación como geólogo, pude hacer prospectiva, proyecciones que me ayudaron a definir cómo y donde iba cada cosa”, continúa contando Lalo. Junto a su ayudante, Atilio Solano, van poco a poco moviendo tal piedra, armando un sendero, podando los frutales, dando maíz a las gallinas. Hoy, luego de dos décadas, Eureka es un espacio donde todo encaja sin tener que forzar nada.

Actualmente, la finca tiene dos hectáreas y media. De esa superficie más de la mitad se utiliza para forraje, frutales y cultivar diversas verduras. “También definí dejar un lugar importante para mantener la flora autóctona”, señala Barber.
Gran parte del espacio cultivable se utiliza para hacer forraje, como alfalfa, avena y trigo. Con eso alimentan a un caballo utilizado a veces para arar, que se llama Platero y que “vino con ese nombre”, agrega jocosamente. También circulan 3 burros “Toni, Doly y Electra”, que simplemente están. Hay un corral con ovejas medio criollas, medio merino que “viven como vos y yo”.
Al preguntarle por los animales ociosos responde: “yo soy vegetariano hace casi 40 años, así que los animales que están en mi granja no son consumidos, se mueren de viejos, así como nos morimos nosotros”, asevera Lalo Barber.

En una parcela cultivan ajo elefante o ajo chileno, una variedad que tiene 3 o 4 dientes grandes y la cabeza tiene el tamaño de un puño. “Lo siembro porque me gusta, pero más aún me gusta ver el cultivo, me resulta muy agradable en el paisaje”. Luego alternan con verduras de hoja, cultivos andinos como papas y maíces, y todo lo que entra en una huerta.
“Lo que producimos lo utilizamos para abastecernos tanto yo como Atilio con su familia. El resto lo vendemos”, resume con satisfacción Barber. “Cierto es que tengo un ingreso extra que ayuda y mucho a sostener el espacio, pero lo que sembramos refuerza el alimento de todos los animales que vivimos en Espacio Eureka. Nosotros, Platero, los burros, las gallinas, patos y gansos, También las tortugas de agua, los peces y, muchas veces, podemos compartirlo con los que nos visitan”.

Es que otra pata de Eureka, y que tantas satisfacciones le trae a Lalo, son las visitas que provienen de cualquier punto del planeta. “Tengo contabilizadas más de 1500 personas que pasaron por aquí y se hospedaron en nuestra pequeña cabañita”.
Y prosigue explicando que “entre las distintas actividades que desarrollo aquí, recibo gente a través de una plataforma que se llama Couchsurfing. Lo que hace la plataforma es organizar las ofertas y demandas de hospedaje en forma gratuita. Hace 20 años que recibimos personas acá, que no hacen tareas de ningún tipo, no es un voluntariado, ni nada de eso, simplemente vienen a disfrutar e intercambiar experiencias, formas de vida. La plataforma me ayuda a organizarme ya que el espacio que tengo es chiquito y puedo albergar a un grupo por vez, para que estén cómodos. Me han robado, hubo gente que se desubicó, pero fueron los menos. Yo entiendo que siempre es mejor compartir la vida con otros, con lo bueno y lo malo, que vivirla en soledad”.

A lo que agrega que “yo creo que tengo mucho más de lo que yo necesito para vivir, por consiguiente, si lo comparto, me parece buenísimo. No recibo nada de tipo económico, pero sí recibo muchas otras cosas, amistades, experiencias, conocimientos, que me permiten vivir mucho mejor de lo que estaba viviendo. La gente que llega y se hospeda se va feliz de estar haber estado acá, compartiendo”, se enorgullece.
Lalo Barber es geólogo. Nació en Tucumán hace 72 años, estudió su carrera universitaria en esa provincia ingresando, años después, en lo que hoy se conoce como Servicio Geológico Minero Argentino (SEGEMAR), dependiente del Ministerio de Economía. Realizó todo tipo de actividad geológica entre su Tucumán de origen y su Jujuy de adopción. “He visto pasar tantas cosas en este país que ya estoy curtido y, en Eureka, encuentro un espacio donde puedo ser yo mismo y hacer cosas por el resto de la gente”.

Además de recibir viajeros, Eureka es un espacio para escuelas, colegios, profesorados y cualquier grupo que quiera conocer sobre la geología de la Quebrada de Humahuaca. “Ahora, casualmente, está por venir un grupo de profesores de geografía y yo los recibiré para comentar aspectos geológicos de esta región. Esa es una dinámica permanente que llevo adelante con mucho gusto. Tengo muestras en mi casa y armo casi un recorrido geológico”, se alegra. También suele ser consultado por las diversas manifestaciones geológicas como movimientos tectónicos, aludes de barro, tan comunes en la zona.

“Hay una cosa que es muy importante para mí”, refuerza Lalo. “Desde que me recibí, siempre estuve con mucha tarea de campo en geología. Eso me permitió conocer la quebrada, la Puna jujeña, salteña, catamarqueña, y gran parte del territorio nacional. Pero, ya establecido acá, fui consciente de una transformación que me atravesó, y pasó por Eureka y por el territorio”.
“En la ciudad es menos notorio, pero ese espacio que vos modificás también te modifica a vos. Ese entorno geográfico, junto con otros seres humanos, con los elementos del ambiente, también modifica tu estructura mental y física. Eso es lo siento que me pasó fuertemente en Eureka. Vengo de una provincia y de una sociedad super machista, fachista, de ese nicho provengo y hoy no pienso así en absoluto de esa forma”.

“Esto de compartir, de aceptar al otro, es maravilloso. Me da profunda alegría saber que ese ser humano que está con vos en ese momento también puede gozar de lo que vos estas disfrutando cotidianamente. Además, yo aprendo y reflexiono tanto gracias a los otros. Eso queda acá, lo atesoro”. A eso apunta Eureka.




