Mientras en la Argentina el debate sobre los biocombustibles sigue empantanado entre proyectos de ley y disputas entre provincias, Brasil acaba de dar un nuevo paso para profundizar el uso de etanol en los combustibles. El gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva aprobó elevar del 30% al 32% el porcentaje obligatorio de etanol anhidro mezclado con la nafta, una medida que comenzará a regir el 1° de agosto.
La decisión fue adoptada por el Consejo Nacional de Política Energética (CNPE), el organismo que asesora a la presidencia brasileña en materia energética y que está encabezado por el ministro de Minas y Energía, Alexandre Silveira. La resolución tendrá una vigencia inicial de 180 días, prorrogable por otros seis meses, aunque el propio Ejecutivo ya dejó trascender que analiza llevar el corte hasta el 35%.
En la práctica, el cambio será imperceptible para los automovilistas, ya que la mezcla se realiza antes de que el combustible llegue a las estaciones de servicio. Pero para el sector sucroalcoholero representa una nueva señal de respaldo oficial a una industria que desde hace décadas ocupa un lugar central en la matriz energética brasileña.
El gobierno justificó la medida como una forma de reducir la dependencia de combustibles fósiles importados en un contexto de creciente tensión internacional, en el que los precios del surtidor ejercen presión.
La escalada de los precios del petróleo, impulsada por los conflictos en Medio Oriente y las nuevas restricciones impuestas por Estados Unidos al comercio marítimo vinculado con Irán, volvió a poner sobre la mesa la necesidad de fortalecer la producción local de energía.
“En ese contexto, la utilización de una mayor proporción de etanol producido en el país busca reducir la dependencia de combustibles fósiles importados y ampliar la participación de este biocombustible en la matriz energética brasileña”, señaló el gobierno en un comunicado oficial.
Según explicó Silveira tras la reunión del CNPE, el aumento del corte incluso podría traducirse en una leve baja del precio de la nafta, del orden de los tres centavos de real por litro, aunque el objetivo principal apunta a disminuir la exposición del país a la volatilidad del mercado internacional del petróleo.
Mientras el país vecino continúa incrementando la participación del etanol en los combustibles líquidos y ya proyecta un corte del 35%, en Argentina la mezcla obligatoria permanece estancada desde hace años y cualquier intento por modificarla sigue atrapado en una larga discusión política e industrial.





