En noviembre de 2025 se realizó un recorrido por jardines de Tandil organizado por Mariela Schaer, de Entre Plantas Viajes. Durante varios días, el itinerario permitió conocer espacios muy diferentes entre sí, cada uno con una identidad propia y una historia detrás de su construcción.
Aunque ese viaje ya pasó, todavía quedan muchos jardines por descubrir. En esta oportunidad, la serie de recorridos de De Raíz se detiene en el jardín de Lidia Nieto, uno de los primeros que integró el circuito y uno de los que más llamó la atención por la forma en que combina escala, diseño y calidez.
Mirá la nota completa:
A primera vista sorprende su tamaño. Se trata de un jardín amplio, con múltiples recorridos y ambientes, que lejos de resultar inmenso o difícil de caminar, invita a avanzar con tranquilidad. Los senderos, los cambios de perspectiva y la sucesión de rincones hacen que cada sector proponga una nueva escena.
Las rosas son las protagonistas, especialmente durante la primavera, cuando alcanzan su máximo esplendor. Sin embargo, el jardín ofrece mucho más. Herbáceas, árboles, sectores de descanso, espacios de sombra, un fogón, la pileta y diferentes ambientes construyen un paisaje que cambia a medida que avanza el recorrido.

La historia del jardín comenzó hace más de 36 años. Según cuenta Lidia Nieto, nunca existió un proyecto paisajístico definido desde el inicio. El espacio fue creciendo junto con ella, incorporando especies y nuevas ideas a medida que profundizaba su vínculo con la jardinería.
Primero llegaron las rosas. Más tarde aparecieron los buxus para aportar estructura y delimitar los distintos ambientes. Con el tiempo se sumaron las herbáceas, muchas de ellas producidas por la propia Lidia en su invernáculo, logrando un jardín que mantiene el interés mucho más allá de la época de floración.

Uno de los conceptos que mejor resume este espacio es el de las “habitaciones exteriores”. Cada sector fue pensado para responder a un momento distinto del año o del día: un rincón soleado para el invierno junto al fogón, espacios frescos para el verano, un estar cercano a la pileta y distintos lugares donde simplemente sentarse a disfrutar del paisaje.
El resultado es un jardín que acompaña naturalmente la arquitectura de la casa y donde cada ambiente encuentra su propio equilibrio. Nada parece improvisado, aunque su construcción haya sido gradual y el diseño se haya consolidado con el paso del tiempo.

Más allá de la colección de plantas o del diseño, uno de los mayores aciertos del jardín está en la experiencia de recorrerlo. Su escala impresiona, pero lo que permanece en el recuerdo no es el tamaño, sino la cantidad de escenas que propone. Detrás de cada sendero aparece una nueva vista, una combinación distinta de plantas o un rincón que invita a quedarse un rato más.
Este es apenas uno de los jardines que formaron parte de aquel recorrido realizado en Tandil. En las próximas entregas, la serie De Raíz continuará mostrando otros espacios que reflejan distintas formas de entender el paisajismo y demuestran cómo la pasión por las plantas puede transformarse, con el paso de los años, en jardines únicos.






