La pregunta que Andrea Sarnari, presidenta de la Federación Agraria Argentina (FAA), se hace con frecuencia no es sencilla de responder: ¿cómo convencés al hijo de un productor de quedarse a vivir en el campo cuando la rentabilidad es negativa? La dirigente encabezó Pulso Tierra, un evento en la capital cordobesa organizado por la entidad y allí planteó que el arraigo rural y la viabilidad económica de los pequeños y medianos productores son dos caras de la misma moneda.
“Nosotros necesitamos, como productores de muy pequeña escala o de pequeña escala o mediana, buscar todos los elementos que nos hagan posible la vida”, dijo Sarnari. Y aclaró que cuando habla de vida no se refiere solamente a la supervivencia empresarial, sino también a la posibilidad concreta de seguir habitando el interior productivo con condiciones dignas.
Desde la FAA, la respuesta tiene dos dimensiones. Una es la incidencia política: proyectos de ley, presión sobre la carga impositiva, demandas sectoriales que buscan aliviar al productor desde afuera de la tranquera. La otra es más interna y, según Sarnari, igual de urgente. “De la tranquera para adentro, ¿qué podemos hacer para buscar mejores condiciones?”, planteó. La respuesta que encontró la entidad pasa, en buena medida, por la incorporación de tecnología como herramienta de gestión y reducción de costos.
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El problema es que convencer a un productor con márgenes ajustados de invertir en algo nuevo no es tarea fácil. Sarnari lo reconoce: “¿Cómo convenzo yo a un productor a incorporar tecnología o sumar algo nuevo, cambiar su planteo, cuando también a fin de mes o al final de la cosecha lo que queda en el bolsillo es poco?” La respuesta, dijo, tiene que venir de los propios números. Si la tecnología demuestra que reduce costos de manera concreta, el argumento se sostiene solo.
Puso un ejemplo que se mencionó durante el evento: el uso de drones para aplicaciones fitosanitarias puede significar un ahorro de entre el 70 y el 80 por ciento respecto de los métodos convencionales. “Eso, económicamente es muchísima plata, que no estamos siendo conscientes de que, si lo hacemos de otra manera, es dinero que estamos tirando sin aprovecharlo”, afirmó. Para quienes operan con márgenes estrechos, ese tipo de eficiencia puede marcar la diferencia entre continuar o abandonar.
En cuanto al diagnóstico más amplio del sector, Sarnari señaló a la presión impositiva como el principal foco de conflicto que comparten, con distintas intensidades, la mayoría de las economías regionales. “No es lo mismo hablar de la banana en Formosa o de la manzana en el sur, que hablar del trigo en la pampa húmeda”, distinguió, aunque todas, a su juicio, tienen ese denominador común: una carga fiscal que consume el margen que debería quedar en manos del productor.




