Esta semana, el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) celebró los 135 años del Programa Nacional de Tucuras y Langostas, una iniciativa que nació para hacerle frente a una de las plagas más desafiantes de la agricultura. Creado en el año 1891, a la par de la conformación de la Comisión Nacional de Lucha contra la Langosta, se convirtió en uno de los programas fitosanitarios más antiguos del país y se consolidó como una herramienta de trabajo eficaz.
En un contexto en el que las invasiones de estos insectos generaban graves pérdidas económicas y afectaban la disponibilidad de alimentos, la gestión de esta plaga se convirtió en una prioridad estratégica. Y si bien hoy continúan presentes en el territorio, los mecanismos para su monitoreo y control se encuentran muy aceitados.
La vigencia del programa en el tiempo –muy anterior a la creación misma del Senasa como lo conocemos- se logró no solo a su profesionalización, que incluyó la realización de estudios y la incorporación de nuevas tecnologías, sino también a la aplicación de enfoques más integrales que van del manejo preventivo al combate directo.
En el caso de la langosta, cabe recordar que posee una capacidad para desplazarse hasta 150 kilómetros por día, así como para ingerir su propio peso en alimento en ese plazo, afectando por igual a cultivos, forraje y montes nativos. Solo un enjambre de un kilómetro cuadrado puede contener entre 50 a 80 millones de ejemplares adultos capaces de consumir lo mismo que 35.000 personas al día.

De la tucura, en paralelo, existen más de 200 especies, aunque solo dos decenas de ellas ocasionan verdaderos daños. En la Patagonia, la tucura sapo y la tucura de alas manchadas son las que mayor atención demandan, por su capacidad para degradar todo tipo de pasturas o vegetación nativa como los mallines cordilleranos.
Frente a esto, el sistema de alertas diseñado se ha convertido en una de las herramientas centrales del programa, que integra información de campo, reportes territoriales y tecnologías de seguimiento que ayudan a la toma de decisiones.
“El conocimiento acumulado durante más de un siglo posiciona hoy a la Argentina como referente global en el manejo de langostas y tucuras”, señalaron desde Senasa.
“En el ámbito del Comité de Sanidad Vegetal del Cono Sur (Cosave), el país cumple un rol activo en la coordinación de estrategias conjuntas frente a una plaga de comportamiento transfronterizo y migratorio, promoviendo acciones articuladas entre los países de la región”, añadieron.
En la actualidad, Argentina coopera en distintos niveles. En el continente, lo hace a través del Grupo Interamericano de Coordinación en Sanidad Vegetal (GICSV); a nivel global es a través de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). A esto se suma su participación en otros programas nacionales como el de la Comisión Australiana contra la Langosta (APLC).
Senasa destacó, además, el rol de los históricos “langosteros”, quienes por años sostuvieron las tareas de monitoreo y control en el territorio.
“Su experiencia, muchas veces forjada en contextos adversos y en situaciones de emergencia, constituye el principal activo del Programa”, afirmaron.
Así, a más de un siglo de su creación, las autoridades celebraron la capacidad del programa para “adaptarse, innovar y construir conocimiento colectivo”.




