En la ciudad de Hohhot, en la región china de Mongolia Interior, una zona de praderas donde históricamente se criaron vacas y ovejas, comenzó hace casi siete décadas la historia de lo que hoy es uno de los mayores gigantes lácteos del planeta. Allí, en 1956, el gobierno local creó una pequeña planta estatal para procesar la leche que producían cooperativas lecheras de la zona. Aquella fábrica modesta terminaría transformándose en Inner Mongolia Yili Industrial Group, la empresa láctea más grande de China y una de las cinco mayores del mundo.

La compañía moderna nació realmente en los años noventa, cuando China avanzó con las reformas económicas que abrieron espacio a empresas mixtas y capital privado. En 1993 la antigua planta estatal fue reorganizada como sociedad por acciones y tres años más tarde protagonizó un hito: se convirtió en la primera empresa láctea del país en cotizar en la bolsa de Shanghái.
Desde entonces el crecimiento de Yili estuvo íntimamente ligado a un fenómeno más amplio: el salto del consumo de lácteos en China. Durante siglos estos alimentos habían tenido un papel marginal en gran parte del país, pero la urbanización, el aumento del ingreso y las políticas públicas que promovían la nutrición cambiaron esa realidad. El gobierno llegó a impulsar campañas con un lema sencillo: “un vaso de leche al día para fortalecer la nación”.
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Yili aprovechó esa transformación y construyó una red industrial enorme. Hoy produce prácticamente todo lo que puede salir de la leche: leche líquida, yogur, fórmulas infantiles, helados, bebidas lácteas, queso y leche en polvo, con marcas conocidas en China como Satine, Ambrosial, Pro-Kido o Joyday.

Su escala productiva es enorme incluso para estándares internacionales. La empresa cuenta con más de 130 subsidiarias, 15 centros globales de investigación y desarrollo y 81 bases de producción distribuidas en distintos continentes. Sus plantas industriales se concentran sobre todo en China (desde Mongolia Interior y Hebei hasta Guangdong, Sichuan o Heilongjiang) pero también tiene instalaciones en otros países clave de la cadena láctea.
En Nueva Zelanda, por ejemplo, opera una gran planta de leche en polvo tras adquirir en 2019 la histórica cooperativa Westland Milk Products. Además, desarrolló centros de innovación en Europa, incluido uno en Wageningen, en Países Bajos, y operaciones productivas o comerciales en el sudeste asiático, como Indonesia y Tailandia.

La escala industrial de Yili también puede medirse en volumen físico. Distintos informes del sector estiman que la capacidad total de procesamiento del grupo se acerca a 13,9 millones de toneladas de productos lácteos al año, lo que equivale a casi 14.000 millones de litros de leche procesada. En su nuevo complejo industrial en Hohhot, una especie de “Silicon Valley de la leche” construido por la compañía, una sola base de producción puede procesar hasta 6.500 toneladas de leche fresca por día, es decir unos 6,5 millones de litros diarios. En otras plantas del grupo la escala también es masiva: la fábrica de Dingzhou, por ejemplo, puede procesar 1.700 toneladas diarias de leche y producir cientos de miles de toneladas de lácteos por año.
El tamaño del negocio se ve con claridad en sus balances. En el último ejercicio anual de 2024, la empresa registró 114.120 millones de yuanes en ingresos operativos, equivalentes a unos 15.800 millones de dólares, con un margen bruto cercano al 34%.

La mayor parte de ese dinero proviene de la leche líquida, que generó más de 75.000 millones de yuanes (unos 10.400 millones de dólares), seguida por la división de leche en polvo y otros derivados, que aportó cerca de 29.600 millones de yuanes (unos 4.100 millones de dólares).
El balance parcial más reciente muestra cómo viene funcionando el negocio. Durante los primeros nueve meses de 2025 Yili registró ingresos por 90.564 millones de yuanes, es decir unos 12.500 millones de dólares, con una ganancia neta de 10.426 millones de yuanes, equivalentes a alrededor de 1.440 millones de dólares. Esto implica que la compañía mantiene márgenes sólidos para la industria alimentaria, aunque el crecimiento se moderó en un contexto de consumo más débil dentro de China. Aun así, el flujo de caja sigue siendo fuerte y la empresa conserva una enorme capacidad de inversión.

La historia de la empresa también incluye un capítulo oscuro. En 2008 China vivió uno de los mayores escándalos alimentarios de su historia cuando se descubrió que algunos intermediarios habían adulterado leche con melamina para simular mayor contenido proteico. El caso provocó decenas de miles de niños enfermos y sacudió a toda la industria láctea. Yili apareció entre las compañías afectadas, aunque el fraude se originaba en proveedores de leche cruda. La crisis provocó pérdidas millonarias y una fuerte caída de ventas, pero también desencadenó una reestructuración profunda del sector: el gobierno cerró cientos de pequeñas empresas y reforzó a los grandes grupos capaces de cumplir controles sanitarios más estrictos. Yili invirtió fuerte en laboratorios, trazabilidad y sistemas de control, y logró recuperarse.

Hoy la empresa es un ejemplo bastante típico del capitalismo chino contemporáneo. Cotiza en bolsa y tiene inversores privados, pero mantiene vínculos estrechos con el Estado: el gobierno municipal de Hohhot conserva una participación accionaria relevante y la compañía participa activamente en grandes eventos oficiales, desde Juegos Olímpicos hasta cumbres internacionales. Esa mezcla de capital privado y respaldo estatal caracteriza a muchas de las grandes corporaciones chinas.
Con más de 60.000 empleados, miles de granjas proveedoras y una red industrial que ya se extiende por Asia, Europa y Oceanía, Yili no oculta su objetivo. La compañía declaró públicamente que quiere convertirse en la mayor empresa láctea del mundo hacia 2030. Si lo logra, la historia de aquella pequeña planta estatal nacida en las praderas de Mongolia Interior será también la historia de cómo China pasó de consumir poca leche a disputar el liderazgo global del negocio lácteo.




