Aunque goza de su merecido retiro, el agrónomo Luis Vicente Arias no le perdió el gustito a los números. Como ex profesional del Departamento de Aguas de Río Negro, del cual fue el primer Intendente de Riego, el hombre recuerda con gran detalle todo el recorrido que hace el río que le da el nombre a su provincia, a partir del cual subsisten numerosas localidades.
De ese enorme río parte además una estructura de cientos de canales que se remontan a la década de 1940, cuando la Dirección General de Irrigación de la Nación, dependiendo del Ministerio de Obras y Servicios Públicos, decidió sumar infraestructura al Valle que comprende tres tramos: Alto Valle, Valle Medio y Valle inferior.

Durante una visita de Bichos de Campo al Valle Medio, Arias sacó a relucir su memoria: “Estamos en un tramo que comprende 120 kilómetros de río, que incluye a las localidades de Chimpay, Coronel Belisle, Darwin, Choele Choel, Luis Beltrán, Lamarque, Pomona, Colonia Josefa y Fortín Castre. El valle tiene diferentes dimensiones de ancho. La parte más angosta puede estar en 500 o 600 metros, y en el Valle Medio, donde se forma la isla de Choele Choel, llega a tener en algunos lugares hasta 15 kilómetros de ancho”.
Pero lejos de buscar tomarle lección, la charla apuntó a conocer la importancia de aquel curso de agua, que sostiene a las producciones frutícolas y forrajeras de la zona.

“Su calidad es superior”, dijo sin dudar. La razón, según el agrónomo es que proviene de deshielo y no se encuentra contaminado ni con altas cargas salinas. Eso resulta clave para el riego gravitacional que se utiliza ampliamente en la región.
“No es que le compita al Paraná. Lo que tiene esto es que es un lugar de un clima benigno, mesotérmico, con buenos suelos, en zonas con alta intensidad productiva. Y todo lo que frutas finas, de pepitas, pasturas, en esta zona se producen en una altísima calidad”, destacó el rionegrino.
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Aún así, la superficie regada a partir de este río es apenas una fracción de toda la que podría recibir agua.
“En el río pasan entre 300 y 400 metros cúbicos por segundo, que alcanzarían para regar por lo menos 150 a 200 mil hectáreas, de las cuales estamos en menos de 50 mil. Podríamos duplicar, casi triplicar la zona de riego, todo eso sin poner en riesgo las necesidades de aguas abajo y el caudal ecológico al mar. Aquí hay oferta de agua, suelo y clima”, sostuvo Arias.
Esta “capacidad ociosa” se debe principalmente a la falta de inversión, que en riego supone importantes desembolsos.
“Es un conjunto de problemas pero la inversión es lo más importante. Poner una hectárea bajo riego, sea por distintos sistemas más modernos que los actuales, requiere de dinero. Acá está hecho el 90% por riego gravitacional. Por eso se ve tanto canal, tanto drenaje, y cosas de conservación importante”, indicó.

-¿Habría que crecer con otros sistemas?– le preguntamos.
-Probablemente sí, pero los otros sistemas también necesitan de energía, que es cada vez más cara. O sea, no sé si no voy a volver al riego gravitacional, porque la energía cada vez es más cara, y el riego gravitacional no la necesita.
-Evidentemente es un tema de estado. ¿Se tiene una dirección provincial?
-Sí, siempre hay planes de incorporación de hectáreas bajo riego, hay planes de mejoramiento de las producciones, hay planes de la provincia y algunos nacionales, depende también de la fortaleza que tenga el privado y de los precios internacionales de lo que producimos.





