Sobre la ruta provincial 7 de Entre Ríos, al llegar al municipio de Villa Hernandarias, un cartel invita a detenerse en la nueva fábrica de Lácteos D’Ser, que además cuenta con un punto de venta directo al público. Detrás de esa señal hay una historia que nace kilómetros campo adentro y que resume décadas de trabajo, producción y la identidad de toda una familia.
Sergio Debinski es descendiente de inmigrantes polacos y, como él mismo cuenta a Bichos de Campo, “la lechería es una actividad presente desde siempre en nuestra familia”. Sin embargo, fue recién en la década del ochenta cuando decidieron dar un paso clave: pasar de la elaboración artesanal a una producción industrial de quesos. Por entonces, Debinski se desempeñaba el mismo como maestro quesero, hoy coordina el funcionamiento integral de la planta.

Con el crecimiento de la empresa, Sergio optó por enfocarse exclusivamente en la industria, mientras que el tambo familiar quedó a cargo de su hermano. Actualmente, nueve tambos de la zona abastecen de leche a la fábrica, que procesa hasta 8.000 litros diarios. De allí salen cerca de 15.000 kilos mensuales de quesos, entre los que se destacan ricota, tybo, holanda, reggianito, sardo, cremoso, fontina, provolone y variedades saborizadas.
A fines de 2024, la familia Debinski invirtió e inauguró su nueva planta sobre el trazado de la mencionada ruta. “Cambió mucho la sala de producción porque modernizamos todo el sistema. Hay más espacio para trabajar y sumamos un punto de venta directo junto a la cámara frigorífica”, explica Debinski. Y agrega: “Antes había gente que llegaba hasta el campo para comprarnos los quesos. Ahora, al estar sobre la ruta, llegan vecinos del pueblo y de todos lados”.

Pero el grueso de la comercialización se realiza principalmente a través de distribuidores, lo que permite que los quesos de Lácteos D’Ser lleguen a Rosario, a distintas localidades de Corrientes y también a Chaco.
“Lo importante es colocar el producto. En octubre y noviembre hubo mucha leche y también producción de quesos volcada al mercado interno. Todas las fábricas estábamos iguales. Costó un poco más, pero igual sale todo lo que se produce”, resume.
La calidad de la materia prima es uno de los pilares innegociables para Debinski. La leche recorre distancias de hasta 40 kilómetros para llegar a la planta. “Invertimos en análisis de leche porque la calidad de todo el proceso empieza en el tambo”, remarca. El acompañamiento de ingenieros en alimentos permitió mejorar procesos, elevar estándares y obtener los registros necesarios para el tránsito federal, habilitando la salida de la producción fuera de la provincia.
“La mejor publicidad es tener un buen producto y hacer las cosas bien. Hoy llega más gente hasta la quesería y el que nos conoce, vuelve. Se ve que han de ser buenos”, asegura con picardía. Con esa misma convicción, Debinski ya proyecta nuevos desafíos para la planta como el relanzamiento de la marca comercial, la elaboración de leche envasada en sachet y la incorporación del dulce de leche a la actual línea de productos.
El presente de la empresa también tiene mirada generacional ya que en la fábrica trabajan sus hijos: Daniela, a cargo de la administración y la venta al público, y Milton, en la sala de elaboración junto a otros jóvenes.

“La leche siempre estuvo en la familia”, sintetiza Sergio, sin dejar de mencionar a sus padres, Eugenio y Yolanda, quienes iniciaron la actividad. Por tradición y por elección, la lechería sigue siendo parte central de la identidad de esta familia entrerriana.





