El de la aviación agrícola es un sector que muestra un alto grado de integración interestatal. Generalmente, más allá de los matices que presenta en cada país, sus proyectos, reclamos, deudas pendientes y potencialidades suelen ser comunes a todo el Mercosur. Y hasta a veces, como bien señaló un referente uruguayo a este medio, conocer la realidad de un país ayuda a adelantarse a lo que sucederá en el otro.
Tras repasar el caso particular de la aeroaplicación en Uruguay, Bichos de Campo dialogó también con Cláudio Júnior Oliveira, que, como director del Sindal, es quien representa a las empresas de aviación agrícola en Brasil.
Aunque allí los drones y las aeronaves autónomas pisan mucho más fuerte que en Argentina, en el gigante sudamericano la aeroaplicación tiene una tradición igual de extensa que la nuestra, y también allí el sector enfrenta diversos señalamientos que, de forma sistemática, hacen a su “demonización”. Contra eso también deben luchar los aeroaplicadores brasileños.

De formación, Júnior Oliveira es economista, profesor universitario y escritor. Es uno de los cuadros que, dentro del sector aeroaplicador, trabajan para “explicarle a los gobiernos la importancia del sector agrícola”.
¿Y cómo es eso? Sencillo, como buen economista, echa mano a los números: En Brasil, el país con la segunda mayor flota a nivel global, hay más de 2600 aviones en funcionamiento, más de 2000 pilotos y 130.000.000 de hectáreas atendidas por la actividad.
Nada tiene que envidiarle Argentina, donde se estima que también hay esa cantidad de pilotos, aunque menos aeronaves en funcionamiento, para una superficie también mucho menor.
Tecnología, innovación, política, regulaciones, ambiente, seguridad y competencia. El listado de prioridades que el sector tiene que poner en discusión es aún extenso, y Júnior Oliveira señala que, particularmente en su país, resta avanzar en la formalización de acuerdos público-privados que les permitan proyectarse a largo plazo.
“Entregamos mucho. Hay que sentarnos, hablar, y que se vea la ventaja que representamos para los países”, expresó el consultor, que reniega de la persecución -fruto del desconocimiento o la lejanía- que generalmente sufre la aviación agrícola, hoy por hoy el único método capaz de cubrir con efectividad grandes áreas en poco tiempo.
“No porque tengamos accidentes, hay que prohibir los autos”, ejemplificó, e hizo un llamado a sus pares de otros países vecinos para delimitar desafíos comunes. “El sector necesita expandirse y mostrar su poder de ayuda para la sociedad”, agregó.
Mirá la entrevista completa:
Las postales que llegan desde la Patagonia vuelven a recordar la importancia de los aviones agrícolas para el combate contra el fuego. En rigor, en Argentina ya se han sellado acuerdos sectoriales para garantizar esa asistencia en los tiempos requeridos, y hasta ahora han sido muy útiles. Esa es la idea que también agitan desde el otro lado del río Paraná.
“El año pasado, las empresas de aviación agrícola aplicaron 40 millones de litros de agua. Más de 100 aviones y 115 pilotos trabajan contra las llamas en Brasil”, explicó Júnior Oliveira.
Y agregó: “Cuando hay fuego, el avión tiene que estar disponible. Y hay que pagar para que esté parado esperando”.





