El 2025 fue un año excepcional para la ganadería pero mucho creen que en el 2026 se repetirá la película.
Las perspectivas climáticas son buenas, habrá pasto y mucho maíz para transformase en carne, a precios convenientes para el sector. La demanda exportadora seguirá firma y el consumo interno es siempre una garantía para el sector.
El analista Federico Santángelo dijo al respecto: “El 2025 fue uno de los mejores años para la ganadería, y estamos entrando a este año con los mismos valores y con una perspectiva de menor oferta”.

Esa menor faena está directamente vinculada con la evolución del stock. “Hay que esperar los datos definitivos de Senasa, pero los preliminares muestran una nueva caída del stock. Si el stock cae, a la larga cae la faena, y más todavía si aparece la retención de hembras”, explicó.
Para el consultor, las condiciones están dadas para que eso ocurra: “Hay incentivos para retener más vientres y eso, en el corto plazo, te reduce aún más la oferta, generando tensión en los precios”.
Los incentivos pasan por las garantías que da el gobierno –que afirma que no va a intervenir el mercado ganadero-, los buenos precios y la ayuda del clima. Estas buenas perspectivas se reflejan en los valores del ganado: la vaquillona con garantía de preñez se vende en 2 millones de pesos -unos 1.300 dólares-, un precio récord para la cría.
Además habrá más recrías, lo que también alienta la retención para obtener, a más largo plazo, animales que vayan la faena con mayor kilaje.
La recría este año volverá a ocupar un lugar central. “Ya está nuevamente instalada en la cadena ganadera. Es un eslabón que nunca debería haberse perdido. Permite terminar animales más pesados, pero también hace que esos animales tarden más en salir al mercado”, indicó Santángelo.
Por eso, anticipó “un año con escasez de oferta, dependiendo de lo que muestren los números de Senasa y de si finalmente se consolida la retención de vientres”.
Para los frigoríficos, el panorama es bien diferente. “Esto no es una cadena, son eslabones y a veces eslabones oxidados. Cuando a uno le va bien, a otro no tanto. Es casi un juego de suma cero”, definió.
Uno de los problemas estructurales, según el analista, es la competencia desleal: “Tenés frigoríficos exportadores que cumplen con todos los estándares sanitarios, impositivos y laborales, compitiendo contra plantas provinciales o mataderos con exigencias mucho menores. Ahí aparece la evasión y la competencia desleal”.
La solución pasa por establecer reglas claras. “Tiene que haber un estándar sanitario mínimo por debajo del cual no se pueda operar. Hoy la capacidad de la industria está sobredimensionada y, cuando la oferta es escasa y la hacienda es cara, esta competencia desleal se vuelve todavía más grave”, advirtió.
Santángelo también identificó tres grandes “nodos críticos” que impiden que la ganadería argentina despegue definitivamente. El primero es productivo.
“El índice de destete del 60% a 65% es muy bajo. Tenemos que estar arriba del 70% u 80%. Hay 22 millones de vacas para sacar apenas 14 o 14,5 millones de terneros. Eso significa que hay 7 u 8 millones de vacas que todos los años no producen un ternero”, sostuvo.
El segundo nodo es industrial, justamente la falta de igualdad de condiciones. “Hay más de 350 plantas faenando con distintos estatus sanitarios. Con 200 plantas bien equipadas y con un estándar mínimo se podría operar tranquilamente, sin los problemas actuales”, afirmó.
El tercero es comercial: “También hay competencia desleal entre operadores que cumplen y otros que no pagan impuestos. Eso genera distorsiones y termina afectando a toda la cadena”.
Santángelo fue claro en el diagnóstico de fondo: “Argentina hoy produce unas 3,3 millones de toneladas de carne y tranquilamente podría estar arriba de los 4 millones. Pero hasta que no resolvamos estos problemas productivos, industriales y comerciales, la cadena ganadera no va a despegar”.




