Los focos de incendio que, desde fines de noviembre, mantienen en vilo al oeste pampeano ya consumieron más de 140.000 hectáreas. El fenómeno, que no deja de ser moneda corriente en la región y ha tenido años mucho más críticos, motivó sin embargo acusaciones cruzadas entre el gobierno provincial y los productores.
Es la búsqueda de responsables para un suceso que se da por descartado que no es intencional -pues es una postal que generalmente dejan las tormentas eléctricas “secas” cuando caen sobre zonas de por sí afectadas por el estrés hídrico- pero que de todos modos fue motorizado por alguna negligencia. La puja ahora es por instalar la de quién.
El primero en tirar la piedra fue Defensa Civil, que, en la voz de su director provincial, David García, advirtió que las picadas cortafuego dentro de los campos no estaban en condiciones. Desde el gobierno de Sergio Ziliotto se hizo eco de ese argumento, en el marco de la relación tensa que mantiene la administración peronista con las gremiales rurales.
A las acusaciones por falta de mantenimiento y de inversión propia -a las que obliga la legislación provincial- respondieron varias entidades del sector, que pidieron “no culpabilizar al pueblo” y repartieron culpas hacia la otra vereda. Lo que faltó es prevención e inversión estatal, no privada, responden los productores.
Julio de Paz es un productor oriundo de El Durazno, una de las tantas localidades del oeste pampeano que, verano tras verano, se debaten entre el riesgo de padecer incendios y la necesidad de extremar los cuidados. Ingeniero mecánico de formación, pero productor ganadero de carrera, Julio asegura que en ese mismo campo aprendió a caminar, hace más de 70 años, y ha vivido en carne propia cuanto incendio hubo en la región.
Pero, para él, no hace falta ir muy lejos en la historia para percibir que la situación ha mejorado mucho con los años. Ya no son el millón de hectáreas bajo fuego de 2017, con llamas que llegaban incluso a derretir molinos, o las casi 600.000 que se quemaron en 2018. “Aunque lo que ahora sucede es crítico y lamentable, que no sea igual a lo de antes indica que algo bien se está haciendo”, opinó el productor en conversación con Bichos de Campo.
Y es bastante justo en su razonamiento, porque cuando señala que “se ha avanzado muchísimo”, no le quita mérito ni al Estado, ni, por supuesto, a los productores. “Antes, si un vecino no te ayudaba, te quemabas sólo. Por eso no hay que tirar por la borda todo lo que se está haciendo”, sostuvo.
En ese sentido, de Paz juzga totalmente “errado” el mensaje que dan algunos funcionarios porque destaca que, así como hay que aplaudir que Defensa Civil se haya equipado y profesionalizado durante estos últimos años, también hay que señalar que una parte importante la aportó el sector productivo, mucho más consciente de las medidas de prevención y articulado con las autoridades en el trabajo contra los incendios
“Los fuegos se controlan rápidamente gracias a las picadas que tienen los productores en sus campos. Que le trasladen la culpa al productor es de un desconocimiento total porque si no fuera por esas picadas, se quema todo”, apuntó el referente pampeano a este medio.

Y, a tono con el argumento sectorial, replicó: “Las picadas cortafuego se mantienen más dentro de los campos que en los caminos vecinales y las banquinas de las rutas provinciales, que corresponde mantener a la comuna a través de aportes de Vialidad provincial”.
En la región saben que, por las altas temperaturas del verano y el estrés hídrico tan característico de esas latitudes, difícilmente pueda evitarse que un rayo que cae “en seco” -sin lluvias abundantes- haga arder todo ese material combustible disponible. Pero también saben que, sin las medidas preventivas adecuadas, esos focos aislados pueden derivar en incendios descontrolados.
En ese sentido, lo acontecido estas últimas semanas le da la derecha al señalamiento de los productores, porque, en paralelo a las tormentas, se registraron varios casos de incendios que comenzaron por vehículos detenidos en las banquinas. “Eso pasa porque no está hecho el mantenimiento adecuado. Eso es un desastre y está todo sucio”, agregó de Paz.
Julio ha visto arder su establecimiento “El Aguantadero” de forma incontrolable, y tiene todavía en su “disco rígido” mental grabadas las imágenes de más de 2000 hectáreas bajo fuego en alguno de los tantos años en que el oeste pampeano ardió por semanas enteras.

“Eso pasaba antes. Hoy el fuego está mucho más controlado acá en La Pampa también porque el productor se ha vuelto consciente de los daños ecológicos y materiales que genera y es mucho más cuidadoso”, señaló.
En ese sentido, destaca el trabajo articulado que hay en las redes de trabajo que reúnen a cientos de productores con Defensa Civil, y que permiten mantener la vigilia permanente en épocas tan críticas. De hecho, si nada puede reprochársele a ese organismo, dice, es la “respuesta inmediata” que da ante emergencias y el acompañamiento a los productores.
“No se trabaja mal, por eso me extraña que le hayan echado la culpa al productor que, en la escala por la responsabilidad del fuego, está último. En este señalamiento, le están errando”, agregó Julio.

De acuerdo a lo establecido por la Ley Provincial N° 1354 y su decreto reglamentario 1925/00, los productores están obligados mantener picadas cortafuegos perimetrales limpias y transitables para prevenir incendios, generalmente de entre 2 y 4 metros de ancho. Como autoridad de aplicación, es la Dirección de Defensa Civil la encargada de velar que eso se cumpla, y a la vez mantener su propia red estatal.
Tal como indica el mapa provincial, hoy por hoy el Estado pampeano está haciendo su parte con el mantenimiento de las picadas en tramos de cada 10 kilómetros. Pero es “insuficiente”, señalan los productores, porque donde falta trabajo es en los caminos rurales y las banquinas, más no en los campos.
“A nosotros nos obligan a mantener los cortafuegos y la gran mayoría lo hace, lo que no quita que haya alguna excepción. Si desde el gobierno dicen que no están hechos, se están autoinculpando, porque significa que es falta de gestión y de controles”, concluyó de Paz, que, una vez más, llama a no solapar los esfuerzos que se hacen desde ambas veredas.






Excelente nota que aclara la situación. Como se ha manifestado no es momento de buscar culpables, que parece ser la actitud del gobierno de Ziliotto, sino de trabajar mancomunadamente.