Cada verano, la producción pecuaria debe tomar particulares recaudos para evitar el estrés térmico en los animales o, a lo sumo, detectarlo a tiempo. Muchos de los síntomas son de índole conductual y se pueden observar a simple vista, como el aumento en la tasa de respiración, el menor movimiento y la baja en la ingesta de alimento, pero en grandes rodeos no es sencillo atender a todos esos indicios con efectividad.
Un equipo de investigadores del INTA Rafaela, en conjunto con la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional del Litoral, llevaron a cabo una serie de estudios que demuestran que, en el caso de los tambos, pueden aprovecharse las tecnologías de precisión ya equipadas para hacer ese monitoreo y anticiparse a los primeros síntomas del golpe de calor.
Así lo evaluaron en un conjunto de vacas Holstein en el tambo robotizado de la Estación Experimental santafesina, donde, con los sensores utilizados para la detección de celo y enfermedades, pudieron evaluar en tiempo real la rumia, la tasa de respiración, el comportamiento de los animales y las condiciones térmicas.
La temperatura, la velocidad del viento, la humedad, las precipitaciones y el índice de radiación solar son todos factores que inciden sobre el estrés térmico. Cuando un animal lo padece y no se revierte a tiempo, eso redunda en la baja de los índices de producción y rendimiento y, por ende, de los ingresos para la actividad. En los cuadros más severos, puede incluso generar la muerte.
Pero antes de llegar a los extremos, hay ciertos indicios fisiológicos y comportamentales que indican, de forma temprana, que una vaca está sufriendo altas temperaturas.
Desde el INTA Rafaela recomendaron prestar atención al comportamiento de los animales: cuando se acercan menos al comedero, disminuyen el consumo, permanecen más tiempo de pie, aumentan su tasa de respiración y reducen el tiempo de rumia. “Es importante actuar antes de que veamos las vacas agitadas, jadeando”, resumió la investigadora Georgina Frossasco.
En ese sentido, si bien el productor puede observar esos indicios a simple vista, el uso de tecnologías de precisión -en caso de que ya estén equipadas- puede evitar que el cuadro sea más severo y atender con mayor celeridad a los síntomas del rodeo.

Existe también una serie de pasos previos que son fundamentales para evitar llegar a una situación extrema, y los investigadores insistieron en reforzar las pautas de manejo en épocas de calor.
Una de los aspectos centrales para evitar el estrés térmico es la disponibilidad de agua fresca y limpia, ya que, frente a altas temperaturas, una vaca de alta producción puede consumir hasta 100 litros diarios. Cualquier limitación, desde ya, impacta de manera directa en su desempeño.
En cuanto a la alimentación, se recomienda que, en sistemas con ración completamente mezclada (TMR), el suministro se concentre en los momentos más frescos del día. “Lo ideal es ofrecer la TMR temprano por la mañana, entre las 5 y las 6, y nuevamente al anochecer, para evitar que el pico de calor de la digestión coincida con las máximas temperaturas”, detalló el especialista Pablo Viretto.
A eso se suma la importancia de contar con forrajes de buena calidad y alta digestibilidad, que faciliten el consumo y reduzcan el esfuerzo metabólico. Las pasturas con alto nivel de ergoalcaloides -producidos por hongos endófitos- afectan la capacidad de regular la temperatura corporal.

El esquema se completa, explicaron desde el INTA Rafaela, con el confort del animal. Eso significa contar con sombra suficiente, buena ventilación y, cuando es posible, sistemas de refrescado para amortiguar el impacto del calor. En algunos ensayos, se ha demostrado que contar con un suelo húmedo -aún cuando no hay vegetación- ayuda a reducir la temperatura corporal de las vacas.
“Son medidas conocidas, pero su efectividad depende de aplicarlas de manera anticipada, cuando los indicadores empiezan a mostrar cambios”, concluyó Frossasco.




