Hace ruido en el mercado una decisión de Cargill sobre la calidad de los granos

Por Matías Longoni (@matiaslongoni).-

Tres años después de que el Gobierno emitiera una resolución que jamás se cumplió, y que obligada a hacer análisis de calidad de todos los granos que ingresaban al circuito comercial en una red de laboratorios habilitados, la mayor exportadora de granos del país, la estadounidense Cargill, decidió comenzar a hacer sus propios análisis sobre las cargas de maíz y trigo que ingresen a sus depósitos, para efectuar los pagos en base a sus propios resultados.

Nos lo cuenta un productor que está espantado por la decisión y pide a dirigentes rurales y acopiadores que reacciones rápidamente: “Cargill ya no mandará las muestras de trigo y maíz a las cámaras arbitrales. ELLOS pondrán la calidad y liquidarán según su resultado”. Las mayúsculas son de su autoría.

Cargill es la compañía que más granos recibe y procesa en el país. Es responsable de entre 15% y 20% del total de los embarques de granos y sus subproductos. Entre enero y noviembre de 2017 recibió en sus plantas 1,83 millones de toneladas de trigo y 4,16 millones de toneladas de maíz, sobre un total de 10,19 millones y 20,67 millones de toneladas, respectivamente. Los datos hablan solitos. Cualquier cosa que haga esa empresa impacta de lleno en todo el sector.

¿Y qué es lo que empezó a hacer Cargill a partir del 1° de febrero? Cuando recibe un camión cargado con alguno de esos cereales, manda una muestra a su propio laboratorio para establecer si ese lote corresponde, en función de diferentes parámetros de calidad evaluados, a mercadería Grado 1, Grado 2, Grado 3 o está FC (Fuera de Grado). Depende dónde se ubique cada lote se imponen premios y castigos en el precio pagado al productor. Es muchísimo el dinero que se poner en juego.

Hasta ahora el uso y costumbre era que, al recibir un camión, la compañía exportadora  tomaba una muestra y la remitía a los laboratorios de la cámara arbitral de cereales más cercana a su posición. Luego, con el resultado del análisis realizados por esa entidad, aplicaba las bonificaciones o descuentos en la liquidación final de la operación.

Ahora, si se impone el nuevo esquema en el que Cargill hace punta, la cámara arbitral solo intervendrá en el caso de un litigio, y solo si es que el productor se anima a patalear. El chacarero que nos advirtió lo ve muy poco probable: “Cargill no lo reconoce y esas son las condiciones del negocio”, explica.

Un corredor confirmó la ofensiva de la principal exportadora agrícola del país. “Es un total abuso de poder que no se consensuó con ninguna cámara ni con ningún otro sector de la cadena agrícola. Es grave cuando se mira desde  la transparencia, porque termina determinando la calidad de tus granos quién te los compra”, explicó.

Luego el experto comparó lo que sucede con lo que alguna vez vivieron los tamberos: “Hay una resolución que indica que la usina láctea no puede determinar la materia grasa para liquidar la leche al productor, y sin embargo les hacen firma un papel a los tamberos aceptando que liquiden ellos. Si no lo firmás, te dicen que no te compran y listo”.

En febrero de 2015, la Secretaría de Agricultura del Ministerio de Agroindustria dictó una resolución que complementaba el lanzamiento del Sistema de Información de Operaciones (SIO) Granos, un monitor de los precios diarios. En la Resolución 32 había un artículo específico que determinaba que la calidad de los granos debería en adelante ser determinada por un laboratorio independiente de las partes que concretaran el negocio, ya sea de las cámaras arbitrales u otro laboratorio habilitado.

“El comprador o el receptor de la mercadería remitirá muestra, dentro de los cinco días hábiles posteriores a la descarga, a algún Laboratorio de Análisis de Calidad registrado, indicando el número de registración del contrato, el número de carta de porte y los datos que permitan identificar a las partes”, decía esa resolución. La idea oficial era que dichas muestras no solo sirvieran para determinar el precio final de los granos, sino que fueran a alimentar una base de datos que posibilitara a Agroindustria establecer políticas oficiales para incrementar los parámetros de calidad de las cosechas.

Como tantas otras cosas en la Argentina, esa resolución nunca se aplicó por desinteligencias y por presiones. También el cambio de gobierno fue como un barajar y dar de nuevo.

Y ahora los jugadores comienzan a mostrar sus cartas solos.