Vanessa Padullés no quiere utilizar su apellido de casada, no porque no adore a su marido, el ex presidente de Coninagro Carlos Garetto, sino porque no soporta aquello de que le digan que es “la mujer de…”
“Es un honor y un orgullo ser esposa, pero uno no es propiedad y no es lo único que hizo en la vida casarse”, se define esta productora, que actualmente representa a Córdoba en el marco de la pata cooperativista de la Mesa de Enlace.
Padullés, además, considera que está bueno que el agro exponga voces diferentes, en especial si son de mujeres, porque eso agrega matices a los debates gremiales en el sector, excesivamente delimitados desde hace veinte años por los reclamos en contra de las retenciones.
“A mí me interesa mucho esta mirada de género, de madre de familia, de mujer que vive en el interior. Podemos tener miradas diversas y complementarias a la que puede ser la gestión gremial de la producción como tradicionalmente se venía haciendo desde el lado masculino por usos y costumbres. No es una una crítica al pasado, es la historia, y hay que vivirla como tal”, establece la cooperativista.

-¿La discusión gremial tiene que ser más rica y abarcativa?
-Más rica, más abarcativa. No solo retenciones, no solo reclamos de impuestos. Tenemos muchísimos temas, quienes producimos en el interior, y no todos son problemas. También es valorizar el trabajo que se hace en familia, lo que significa el arraigo, el dinamismo que damos a los pueblos o a poblaciones cercanas.
Padullés enumera una lista de preocupaciones que exceden los impositivo: “Las necesidades de educación, las necesidades de mantener una determinada escala para que nuestras generaciones sigan pudiendo obtener fuentes de trabajo acá, en el campo. Esto que hablamos siempre de que si el campo anda bien rebalsa o derrama en la sociedad”.
“La agenda la agenda del realismo no es solo plata, no es solo renta agrícola. Hay temas, por ejemplo, como la conectividad que se va solucionando (al hablar de internet)”, expone la dirigente, que advierte: “en nuestros campos tenemos gente viviendo, tenemos familias con chicos que necesitan educación, que necesitan salud. Queremos que esas familias estén bien, porque si no no hay forma de atraerlos a vivir en el campo”.
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Vanesa Padullés es madre y muchas de sus palabras están meditadas en función del futuro de sus hijos. Su prioridad entonces es “podernos sostener con una escala suficiente, que podamos crecer, porque el sostener no es solo mantenerte en lo que tenés. Agregándole pisos a nuestra producción, podernos expandir, para que las futuras generaciones, por lo menos es lo que los padres soñamos, encuentren también su lugar” en el sector agropecuario.
“A veces nos sale, a veces no no nos sale, pero muchos chicos se van. Primero hay que irse a a estudiar lejos, a la ciudad, y no muchos vuelven cuando van encontrando fuentes de trabajo más tentadoras en otros ambientes. También se sufre esta dispersión que se va haciendo de la familia, se van dividiendo”, añade.
-¿Y la cooperativa siguen siendo una figura útil para sostener a la gente en el medio rural?
-Es la mejor forma de todas. En los manuales, a veces, aparecen nombres como los joint venture y demás… Pero eso es lo que son las cooperativas hace 105 años, ¿no? Formas asociativas, virtuosas, formadas por personas. Las condiciones macroeconómicas de la Argentina no ayudan a ninguna empresa. Entonces todo se hace difícil de sostener. Pero la cooperativa es lo que a nosotros nos sigue cohesionando, nos sigue dando lazos confiables.
-¿Y los gobiernos? Como los Estados han sido tan malos, las políticas han sido tan malas y y recaudatorias, ¿necesitás o no de los gobiernos para que la gente siga viviendo en el campo?
-Creo que hay hay funciones que son insustituibles. No pueden todos los ciudadanos ponerse de acuerdo para tener algunos servicios públicos, infraestructura. No es fácil, pero se puede participar, se puede interactuar con el Estado. Hay muchas cosas en las que el Estado debe seguir estando presente, dando un marco, ayudando a la convivencia de una sociedad. También las sociedades irán madurando. Para vivir en marcos de mucha más libertad se necesita una sociedad madura para eso, ¿no? Y creo que son etapas que que se tienen que ir dando.
-¿Hay ida y vuelta con la política? ¿Hay política agropecuaria en la era de Milei?
-Faltarían, faltarían políticas agropecuarias. O sea, creo que nos falta aún mucho más diálogo para construirlas, las que sean necesarias, y se logre un equilibrio. Particularmente desde Córdoba, donde somos 23 cooperativas y estamos en 120 localidades, lo que nos da una territorialidad y un conocimiento de lo que pasa. Mi función es representarlas ante las instituciones y los gobiernos de Córdoba, donde tratamos de construir una interacción público-privada para influir bastante más en las políticas.

Finalmente, Padullés toma distancia de aquel gremialismo combativo. Su esposo, Carlos Garetto, fue ex integrante de la Mesa de Enlace durante el conflicto de 2008 y luego pasaron muchos años sin poder salir de esas lógicas.
-¿Hay marco para cambiar el chip por un un gremialismo más constructivo?
-Sí, y creo que se empieza dando el ejemplo desde las bases. Leones es un lugar donde fue muy conflictiva esa época, entre la presencia de Carlos, el color político del municipio (el intendente es un histórico peronista). Pero las cosas han ido cambiando en el tiempo y aprendimos a dialogar, a construir.
“Pasamos épocas de grandes conflictos. Dentro de las anécdotas del campo, pensá que en ese momento (2008) yo estaba embarazada de un hijo que hoy tiene diecisiete años, y que empieza a escuchar y que empieza a estar involucrado. Pero yo no quiero que sea un hijo que se acostumbre a la queja permanente ni al conflicto. Por eso siempre nosotros tratamos de propiciar el diálogo, porque uno tiene que pensar en quién lo está mirando también”.





