Basf es una de las empresas líderes, tanto a nivel local como internacional, en la provisión de insumos para la producción agrícola, entre ellos los agroquímicos. Por eso ha sido grato recibir en Bichos de Campo una gacetilla de la empresa en la que se recomienda a los productores la incorporación en sus campos de “campas biológicas”. Hasta ahora, ese era un recurso utilizado por unos pocos agricultores con conciencia ambiental. Por eso, vale un elogio a la compañía de origen alemán, pues estos posicionamientos ayudan a difundir este tipo de manejos.
¿Qué son las camas biológicas?
Explica el informe de Basf que “se trata de sistemas diseñados para retener y degradar microbiológicamente el agua de lavado de máquinas agrícolas con restos de los excedentes de productos fitosanitarios, evitando que lleguen al suelo, a las napas y a los cursos de agua”. Por lo tanto, agrega, “son una herramienta clave para reducir la contaminación puntual, que representa más del 50% de los casos de contaminación de aguas superficiales y subsuperficiales por fitosanitarios, según datos de la European Crop Protection Association (ECPA)”.

Con ganas de promover las buenas prácticas agrícolas, Basf informó que trabaja junto a sus clientes, a través de ciertos programas a instalar camas biológicas en sus campos. Y para mostrar cómo funcionan, “recientemente participó de la instalación de una cama biológica en la Facultad de Agronomía de Balcarce e INTA de esa localidad, “con el objetivo de mostrar la tecnología y, a la vez, abrir una vía de trabajo conjunto entre entidades público privadas en investigación”.
Martin Guillermo Carrara, consultor de Tratamiento Profesional de Semillas en esta empresa, explicó que “la adopción de camas biológicas contribuye a una gestión más eficiente y responsable de los residuos generados en los procesos productivos. Trabajar en conjunto con entidades públicas nos permitirá seguir investigando y perfeccionando la propuesta, con el objetivo de acercar soluciones concretas al productor”.
Según la gacetilla, la implementación de camas biológicas no solo responde a una necesidad ambiental, sino que también fortalece la imagen del productor moderno, comprometido con las Buenas Prácticas Agrícolas (BPA).
Pero no es solo una pose. “Estudios de campo, ensayos académicos y literatura técnica demuestran que estas camas pueden degradar hasta el 99% de los residuos en un plazo de 30 a 60 días, dependiendo del tipo de biomezcla y las condiciones ambientales”, señaló la firma, que cita otras “investigaciones realizadas en Argentina y Europa confirman que herbicidas, insecticidas y fungicidas se degradan en porcentajes superiores al 80% en menos de 45 días, y en algunos casos, como el glifosato, la eliminación alcanza casi el 100% en solo 4 días gracias a la acción de enzimas como la Manganeso Peroxidasa”.
Actualmente, se estima que más de 75 camas biológicas están operativas en Argentina, principalmente en provincias como Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe, donde la agricultura intensiva exige soluciones seguras y eficientes.
La vida útil de una cama biológica puede alcanzar entre 3 y 5 años, e incluso hasta 8 años con buen manejo. Luego, la biomezcla agotada debe retirarse y colocar sobre una superficie (puede ser un silo bolsa) y a los seis meses utilizarse como enmienda orgánica, garantizando un ciclo sustentable.




