El crecimiento de las hostilidades entre Rusia y Ucrania en la zona del Mar Negro está poniendo en riesgo uno de los principales centros logísticos de productos agroindustriales del planeta y nada indica que los ataques vayan a aminorar en el inmediato.
Las Fuerzas de Sistemas No Tripulados de las Fuerzas Armadas de Ucrania indicaron que ayer sábado atacaron 13 buques pertenecientes a la flota rusa en los mares Negro y de Azov, de los cuales ocho eran graneleros.
En la última semana el número de buques rusos atacados suma 172, según las Fuerzas Armadas de Ucrania, lo que compromete el uso por parte de Rusia del principal nodo logístico de ese país, que está haciendo lo posible por reorientar exportaciones hacia los corredores de los mares Báltico y Caspio y también hacia el sistema ferroviario que permite realizar colocaciones del cereal en naciones asiáticas.
La Armada ucraniana informó que el Golden Leo, un buque granelero de propiedad turca y con bandera de Guinea-Bisáu, recibió el impacto de tres misiles rusos mientras se encontraba transportando un cargamento de cereales en el corredor logístico del Mar Negro empleado por Ucrania.
A diferencia de Rusia, que cuenta con una flota propia para abastecer a sus clientes, Ucrania depende de fletes marítimos, cuya operación –si los ataques persisten– se tornará inviable por el encarecimiento de los seguros marítimos.
El mapa de flujo marítimo de buques cargueros y tanqueros de Marine Traffic muestra grandes zonas “blancas” libres de tráfico, lo que se explica, por supuesto, por el temor a recibir un ataque de drones o misiles.
El producto más afectado en lo inmediato es el trigo porque Rusia es el primer exportador mundial del cereal y se encuentra en plena cosecha de trigo de invierno, que constituye la mayor parte de la oferta del cereal en esa nación.
Lo mismo se aplica para la exportación del trigo ucraniano, aunque este país no es tan relevante en ese producto, dado que gran parte del mismo se comercializa como producto forrajero.
En septiembre próximo comienza la cosecha ucraniana de maíz y girasol, dos productos clave para esa nación que, por su volumen, definen también la dinámica de las formación de precios tanto del cereal como de la oleaginosa.







