El año arrancó con mejores precios en el mercado internacional de la carne vacuna, pero eso no puede ser aprovechado por los exportadores argentinos que, como tantas otras veces en las últimas décadas, la ven pasar.
En enero las exportaciones de carne vacuna cayeron 25%. Las ventas a China, en particular, cayeron todavía más, en torno a un 50%.
Pero los precios se están recuperando. Según indican los empresarios tras los festejos del año nuevo lunar, los importadores chinos están pagando 4.800 dólares por la tonelada de cortes de vaca. Eso significa una mejora del 10% en sólo pocas semanas.
También los compradores de la Unión Europea están pagando más. En este mercado los cortes Hilton, los de más valor y procedentes de animales engordados solo a pasto, cotizan en 16.000 dólares la tonelada.
Eso se da en un contexto mundial de reducción de la oferta. Los ganaderos de Brasil, que es el gran abastecedor mundial, están en proceso de retención de hacienda y eso reduce su producción las exportaciones. Lo mismo sucede en otro gran exportador, Estados Unidos.
La menor oferta choca con necesidades crecientes de importaciones de parte de China sobre todo que se lleva el 25% del comercio internacional de carne.
Pero los exportadores locales no pueden aprovechar este escenario por las condiciones macroeconómicas actuales y los efectos negativos de las que se dieron en los últimos gobiernos.
La ganadería, y más precisamente el sector exportador de carne, es un claro ejemplo de cómo los argentinos nos damos el tiro en el pie una y otra vez.
Los problemas arrancaron en 2005 cuando Néstor Kichner culpó a los ganaderos de fogonear la inflación y decidió los primeros controles de precios. Luego vino, en 2006, el cierre de exportaciones. Desde entonces, entre las medidas sectoriales y las políticas cambiarias se desalentó tanto la exportación que se dejaron de producir novillos.
El nuevo gobierno arrancó diciendo que estaba “prohibido prohibir exportar”, lo que fue festejado en todo el arco agroindustrial que no supuso que la apuesta sería por semejante atraso cambiario.
La producción de novillos es necesaria para atender a los mercados mundiales pero en Argentina se dejaron de producir. Hoy el stock cuenta con menos de 3 millones de vacunos de esa categoría, menos de la mitad que en 2006.
Un poco por la falta de oferta y otro tanto por contar con un dólar muy atrasado a los exportadores de carne, el kilo de novillo les cuesta 4,85 dólares. En Uruguay a la industria le cuesta 4,20. Y en Brasil, a pesar de la caída de la oferta, el valor del novillo ronda los 3,50.
En definitiva, el novillo, la materia prima industrial, cuesta 38% más caro en Argentina. Así es imposible competir. Y cabe destacar que pese a la declamada quita de impuestos, sobre las exportaciones de estos cortes pesan retenciones de 6,75%.
En este escenario, “el año se presenta muy desafiante”, dijo un exportador, según el cual la situación cambiaria impide el aprovechamiento del mejor escenario mundial para el comercio de carne vacuna.