La crisis habitacional en Argentina es uno de los temas más recurrentes en la discusión pública. Y en función de las estadísticas disponibles, los debates suelen apuntar más a las grandes ciudades. Sin embargo, aquello tapa una realidad que debería ser, quizás, más tenida en cuenta: en el ámbito rural, el porcentaje de viviendas ociosas –en proporción- es mayor que en las urbes.
La afirmación, que es conveniente desglosar, parte de un informe de la Fundación Tejido Urbano, especializada en la situación habitacional del país. A partir de cifras salientes del último censo nacional de 2022, el arquitecto Facundo López Binaghi llegó a una conclusión contundente: de cada 100 viviendas en zonas rurales, 25 no tienen a nadie viviendo adentro. Es decir, 1 de cada 4.

En Argentina, el universo de viviendas alcanza las 17.783.029. De ese total, el 92,4% se encuentra en las ciudades, mientras que el 7,6% está en zonas rurales.
“Si distinguimos entre viviendas ocupadas y vacías a nivel nacional, 15.699.016 viviendas, equivalentes al 88,28%, se encuentran ocupadas, mientras que 2.084.013, equivalentes al 11,72%, se encuentran vacías”, señaló Binaghi.
A continuación, profundizó el análisis: “Su distribución entre el ámbito urbano y rural es fuertemente desigual. Mientras que las viviendas vacías dentro del ámbito urbano, a nivel nacional, representan un 10,69%; en el ámbito rural ese porcentaje sube al 24,24%. Esto quiere decir que, mientras que en las ciudades, cada 100 viviendas, hay en promedio, casi 11 vacías; en las zonas rurales, el número aumenta a 25”.
Una parte interesante del trabajo es la que se desprende del desglose por provincias, ya que algunas presentan mayores brechas entre viviendas vacías y ocupadas que otras.

Mientras que Corrientes, Chaco, Formosa, Misiones y Santiago del Estero –provincias con mayor población rural histórica- tienen una brecha menor (12 viviendas vacías de 100 en la ciudad, contra 14 en el ámbito rural), Buenos Aires muestra una realidad diametralmente opuesta. Allí son 38 viviendas vacías por cada 100 en las ciudades, mientras que en el agro alcanzan las 44 de 100.
Pero en La Pampa y Santa Cruz la situación de las zonas rurales es aún más dura. Mientras que en ambas el porcentaje de viviendas desocupadas en zonas urbanas es del 11%, y el porcentaje solo sube al 15% en zonas rurales agrupadas (con más de 2 mil habitantes), en las zonas rurales dispersas (con menos de 2 mil habitantes) el número impacta: en Santa Cruz, el 49,35% de las viviendas se encuentran vacías, mientras que en La Pampa el número llega al 55,05%. Esto se traduce en 1 de cada 2 viviendas.

En cuanto al tipo de vivienda, a nivel nacional, el 90% son casas y solo el 1% son departamentos. Por otro lado, los ranchos y casillas (los primeros caracterizados por una construcción de adobe y techo de paja chapa, y las segundas construidas con materiales de baja calidad o desechos) son cerca del 7,5% y 2,5% respectivamente.
¿Pero por qué motivo se encuentran vacías las viviendas mencionadas? Para Binaghi resulta no tan clara la respuesta y apunta contra una falta de precisión en el método de análisis aplicado durante el censo.
“En las ciudades, las viviendas que se encuentran deshabitadas al momento del censo lo están en su mayoría por encontrarse en venta o alquiler, porque se las utiliza como consultorio, comercio u oficina, o porque son usadas como segunda vivienda o de fin de semana.
Sin embargo, en el ámbito rural, la situación es diferente: las segundas viviendas representan el 41.1% del parque habitacional deshabitado, mientras que 28.8%, se ubican las “otras situaciones”, categoría que utiliza para ubicar a todas aquellas viviendas que no cumplen con las categorías listadas (segunda vivienda, en alquiler o venta, en construcción, uso comercial, con habitantes ausentes). Allí se incluyen, por ejemplo, las viviendas que simplemente se encuentran cerradas, sin uso, o directamente abandonadas”, explicó. En el campo se las denomina “taperas”.

“El peso que adquiere la categoría “otras situaciones” en el ámbito rural resulta particularmente problemático. A diferencia de las segundas residencias o de las viviendas destinadas a usos temporales y/o turísticos, esta categoría residual agrupa situaciones heterogéneas, que el propio instrumento censal no logra caracterizar con precisión”, añadió a continuación.
Para el arquitecto, la estadística nos deja frente a un problema no solo estadístico sino también político y analítico. Lo que se da es una importante ausencia de información precisa, que limita la posibilidad de diseñar políticas públicas orientadas a “la recuperación de estas viviendas, a la planificación territorial y al fortalecimiento de las comunidades rurales”.
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“La centralidad de la categoría “otras situaciones” pone en evidencia que las transformaciones del parque habitacional rural, no responde necesariamente a estrategias residenciales, sino a procesos estructurales más profundos, como la transformación productiva con el consecuente despoblamiento rural, la pérdida de actividades económicas locales y/o tradicionales, y el deterioro en la calidad de vida”, concluyó Binaghi.





