Por segundo año consecutivo, Chubut se convierte nuevamente en epicentro de los incendios forestales. Con dos focos aún activos, y en franca expansión, se estima que, desde el lunes, las llamas consumieron más de 2200 hectáreas, arrasando a su paso con casas, chacras, animales y recursos muy valiosos de los bosques nativos.
Por estas horas, en la zona trabajan más de 350 personas, con equipos por tierra y aviones y helicópteros hidrantes. En total, ya fueron evacuadas más de 3000 vecinos y turistas, y la situación evoca lo ocurrido hace exactamente un año, cuando se quemaron más de 30.000 hectáreas y varias provincias estuvieron comprometidas.
“Esto no fue un descuido, fue intencional”, señaló el presidente de la Sociedad Rural de Esquel, Oscar de Knollseisen, en línea con la principal hipótesis hoy barajada por las autoridades.
Mientras el fuego deja a su paso animales, granjas y grandes extensiones de tierra arrasada, el ruralista patagónico describió a Bichos de Campo la compleja situación que atraviesan a pocos kilómetros de su localidad, donde vecinos y productores se preocupan por su rápido avance, y advierten por el impacto que tendrá para el ecosistema y las actividades económicas.

“Con las condiciones climáticas que tenemos estos días, se complica mucho que la gente pueda trabajar. No hay forma de poder controlarlo por los 30 grados de temperatura que tenemos, los vientos y la baja humedad. Junto con la sequía, son todas condiciones propicias para un fuego”. Ese es el diagnóstico que, explicado por de Knollseisen, manejan hoy en la zona.
Tras lo que fue un invierno con baja disponibilidad de nieve en la región, esta semana se iniciaron focos ígneos en el Parque Nacional Los Alerces, a sólo 30 kilómetros de Esquel, y en Puerto Patriada, a pocos minutos de la localidad de El Hoyo, actualmente la más comprometida por la emergencia.

Brigadistas, voluntarios y dotaciones de bomberos de toda la región trabajan por tierra y aire en los focos activos, pero aún la situación no fue controlada. De hecho, la noticia durante las últimas horas fue que llegaron a cruzar la ruta 40 entre El Hoyo y Epuyén. “Avanzó alrededor de 30 km en línea recta hacia el este”, explicó Knollseisen, que considera eso un indicio de la peligrosidad que todavía representa para su localidad y alrededores.
“No sabemos cómo termina esto. El fuego está ahora a 30 kilómetros, pero en un par de horas lo podemos tener al lado”, puntualizó. Por estas horas, no hay pronóstico de precipitaciones importantes para los próximos días, y se espera que la temperatura continúe en niveles elevados.

Sin certezas respecto al futuro cercano, el ruralista sí las tiene sobre lo ocurrido sólo algunos días atrás, pues adhiere a la principal hipótesis vertida desde el gobierno provincial y nacional, donde abrieron la investigación para encontrar a los autores materiales del hecho y ofrecen recompensas de hasta 50 millones de pesos.
“Alguien premeditó hacer un fuego a un horario determinado y en condiciones extremas, y en simultáneo hizo focos secundarios en la misma zona. Eso generó que fuera incontrolable”, expresó de Knollseisen. Cabe destacar que los primeros informes señalan que el incendio se inició a primeras horas de la tarde, cuando mayor presencia turística hay en la zona y, fruto de las altas temperaturas, más difícil es trabajar en su extinción.
De acuerdo con el fiscal Carlos Díaz Mayer, que investiga los incendios en Puerto Patriada, se utilizó “un acelerante o nafta” y hubo una intencionalidad explícita en generar daño. El gobernador Ignacio Torres declaró en las últimas horas que pedirá introducir la figura de ecocidio en el Código Penal.

Como ingeniero forestal, el ruralista esquelino lamentó que, además de los efectos turísticos de este evento, se genera también un “daño ecosistémico irreparable” en bosques nativos, donde conviven especies animales y vegetativas muy valiosas, con árboles de hasta 300 años de antigüedad que hoy están en peligro.
Asimismo, confirmó que se han quemado animales -como caballos, ovejas y otras especies en granjas de la zona-, pero que aún, más que esos daños detectados en algunas chacras, los incendios no han hecho mella a nivel productivo.
“A nivel general, todavía no se han visto productores que tengan que sacar la hacienda porque se viene el fuego. Pero no sabemos cómo va a continuar”, explicó de Knollseisen, por lo que, además del foco activo en el Parque Nacional Los Alerces, a pocos kilómetros de allí, en la zona también siguen de cerca cómo avanza con vehemencia desde Puerto Patriada hacia el noreste.

Lo cierto también es que los incendios que por segundo año consecutivo azotan a la región, y que avanzan hoy a gran velocidad a orillas del Lago Epuyén y en una de las reservas ecológicas más importantes del país, tienen también un trasfondo mucho más amplio.
Más allá de lo que atañe a la cuestión climática, la emergencia ocurre también en el marco del desfinanciamiento del Servicio de Manejo del Fuego y de la Ley de Bosques, del desmembramiento de la Administración de Parques Nacionales, y de una presión cada vez mayor por tierras que se suponen clave para el manejo del agua en el sur.
La situación enfrenta hoy también a dos hipótesis fuertes y encontradas. Por un lado, la vertida desde el oficialismos provincial y nacional, que es que los incendios fueron iniciados por comunidades “autoproclamadas mapuches”. Por el otro, que detrás del incendio de miles de hectáreas hay proyectos inmobiliarios.
Consultado al respecto, el ruralista de Esquel descartó de plano esa segunda posibilidad. “Si yo voy a hacer un desarrollo inmobiliario, no se me ocurre prenderlo fuego”, expresó, y aseguró que esto “pasa por una cuestión de daño, de gente que prende fuego porque no le importa más nada”.
No es la primera vez que ocurre esto en la región y se está volviendo una penosa costumbre, pues, desde 2019 en adelante, Chubut es la provincia donde más superficie se ha incendiado. Aunque la posibilidad de que detrás haya un atentado ecosistémico es la que hoy toma más fuerza, otras voces apuntan a que darle “cuerda” a esa hipótesis permite esquivar otros debates, como el desfinanciamiento de mecanismos y organismos clave.
No es esa, sin embargo, la visión del ruralista esquelense. “Esto no es un problema de prevención. Es un problema de que a un grupo de personas se le ocurrió hacer fuego en la montaña”, aclaró.
Y, visiblemente movilizado por la situación que se vive por estas horas, agregó: “No sé cómo llamar a este tipo de personas. No sé si están enfermos o si son locos, pero si la verdad es que no les importa nada, porque no temen quemar un pueblo”.





