Europa está discutiendo cómo sigue su política para el campo, especialmente por la revisión de los subsidios de la PAC (Política Agrícola Común) y especialmente la firma del acuerdo de libre comercio con el Mercosur, que deja expuestas las diferencias de competitividad que existen entre los productores de ambos bloques.
Un costo central a la hora de hacer comparaciones entre quienes producen en ambos continentes son los salarios. Los empresarios agropecuarios de España, nucleados en la entidad ASAJA, se están quejando fuerte ahora porque “las decisiones salariales se toman sin tener en cuenta la realidad del campo”.
“El campo no cotiza en bolsa”, recuerdan sus dirigentes.

Allá, en la península, en ocho años (desde 2018) el salario mínimo ha pasado de 735 euros a 1.221 euros por trabajador. Es decir que “cada trabajador supone hoy para una empresa agraria un coste aproximado de 1.989 euros al mes en nómina, una carga que se suma a un escenario de pérdidas en buena parte de los sectores productivos.
Comenzando con las comparaciones, el sueldo mínimo en España equivale a 1.997.021 pesos argentinos. Es la base salarial en cualquier actividad. Las diferencias en este punto son abismales, porque aquí el Salario Mínimo, Vital y Móvil (SMVM) para el mes de febrero de 2026 se fijó en ruinosos 346.800 pesos mensuales para los trabajadores de jornada completa.
No es, por suerte, lo que se paga en el sector rural local. El salario del peón general rural en Argentina, según los acuerdos de la UATRE con vigencia a inicios de 2026, alcanzó finalmente 1.000.000 pesos mensuales este mes de febrero.
La distancia es enorme. El salario del trabajador rural en España en 2026 ronda entre 1.300 y 1.700 euros brutos mensuales para puestos comunes, El salario mínimo del peón rural es de 1.296 euros. Equivale al cambio actual a 2.119.688 pesos. Es más del doble de lo que cobra un par en la Argentina.
El salario mínimo diario para temporarios es de unos 53,71 euros, cuando acá se pagan 40 mil pesos por jornal. Aquí se estira mucho más la competencia.
En sus quejas por los altos costos laborales, ASAJA dice que se dispararon mientras los precios que cobran los productores siguen congelados y muchas explotaciones trabajan a pérdida. Además, la Comunidad Europea quiere reducir los montos de subsidios.

Con la nueva suba del Salario Mínimo Interprofesional (SMI), desde 2018 ese costo ha aumentado cerca de 66%, pasando de 735 euros a 1.221 euros por trabajador. ASAJA subraya que si ese 66% hubiera ido acompañado de una subida equivalente en los precios de las producciones, la situación sería distinta. Pero no es así.
La producción de cereales es uno de los ejemplos más claros. Con precios bajos y costos crecientes, muchas explotaciones no pueden hacer frente a esta campaña. La misma situación se repite en frutas y hortalizas. Según se denuncia, en 2025 desaparecieron casi 20.000 trabajadores del sector, reflejo de la pérdida de actividad y de la falta de rentabilidad.




