Del otro lado de la frontera, el cultivo y procesamiento de aromáticas también es una economía regional con muchos adeptos. Así lo demuestra una pareja emprendedora paraguaya, que se internó en la selva misionera durante algunos días para llevarse algunas ideas, pero también para contar de qué va la actividad en su país.
En concreto, Laura Acuña y Pablo Arrúa no trabajan de forma muy distinta a los colonos misioneros que producen hierbas de todo tipo -como lemongrass, citronela, menta o cedrón- y luego venden sus subproductos. La principal diferencia está justamente en ese último eslabón, porque mientras aquí el fuerte son los aceites esenciales y otros destilados, en el país guaraní lo que demanda el mercado son los “yuyos” para aromatizar la yerba mate.

Él es agrónomo y ella técnica agropecuaria, y si bien hace ya 8 años que venden sus propios productos con su marca, La Faustina Herboristería, hace poco decidieron ir hacia atrás en la cadena y cultivar ellos mismos sus aromáticas.
La cuestión es que en su región, Colonias Unidas, a pocos kilómetros de la localidad fronteriza de Encarnación, esta economía regional es también sinónimo de arraigo y de agregado de valor a pequeña escala. Son muchos los productores que abastecen el circuito y, así como Pablo y Laura, otros tantos los que procesan.
Además de la venta por menor, en su propio comercio de Hohenau, Itapúa, el atractivo está en abastecer a una de las principales cadenas industriales de la zona, que es la yerbatera. Y, muy específicamente, para darle un sabor especial a los tererés helados que se toman en Paraguay.
Mirá la entrevista completa:
“El tereré es una bebida refrescante, tradicional, cultural muy arraigada, que está muy ligado con las hierbas naturales medicinales”, explicó Pablo a Bichos de Campo. La preparación original, que se abogan en el país vecino, no es con jugo de frutas sino sólo con agua fría, y por eso el sabor de la yerba es tan relevante.
“Para el tereré lo que más se usa es la menta y boldo, que le dan un aroma característico”, agregó Laura. De hecho, esas son las hierbas que, hoy por hoy, producen y venden en cantidad a las yerbateras de su región.
Como también se le escucha decir a muchos productores de estas hierbas, la actividad encarna un componente muy importante de pasión y arraigo, y por eso se sostiene hace ya tantas décadas en el interior productivo misionero y paraguayo. Por supuesto, el mercado hace lo suyo, pues estas aromáticas naturales son muy codiciadas por sus múltiples propiedades.
“Hay hierbas específicas para todas las afecciones, y hasta para relajarse o para sumar energía. Tienen mucha acción terapéutica”, observó Pablo.

Así y todo, el sector no deja nunca de mirar por encima de su hombro, porque el avance de los cultivos extensivos en esas regiones a menudo encarece el precio de las chacras y desincentiva la producción a pequeña escala. No es algo de lo que reniegue esta pareja emprendedora, que confía en que puede haber una convivencia pacífica.
“Nuestro suelo y nuestro clima es perfecto para asociarnos a pequeña escala y contribuir con la economía y el beneficio social”, agregó el agrónomo, que además destacó el avance que tienen hoy estos cultivos incluso en pequeñas huertas familiares.





