Fue un día largo para los trabajadores de Lácteos Verónica este lunes, entre manifestaciones y una reunión que no los ayuda a orientarse en un futuro inmediato.
La de la empresa santafesina es una crisis de ocho años, que se intensificó desde abril de 2025, con deudas salariales desde diciembre, con el último pago recibido a comienzos de febrero y sólo por 58 mil pesos. Por eso es que las manifestaciones se multiplican, se hacen más visibles y la espera por una salida no se apura en llegar.
Era esta tarde que se esperaba algún tipo de indicio sobre lo que viene, en una segunda audiencia que se tenía que llevar a cabo de forma virtual ante la Secretaría de Trabajo de la Nación. Sin embargo, la empresa de la familia Espiñeira no se presentó a la cita.
Según se conoció minutos antes de la reunión pactada para las 14 horas, la firma presentó un escrito de no comparencia, justificado en la tarea de búsqueda de una solución a la crisis que tiene ya larga data y requiere de la presencia, la respuesta y la acción concreta.
Lo que hicieron fue pedir una reprogramación, que en definitiva quedó dispuesta para el próximo jueves a las 12 del mediodía. Es así donde supuestamente podrían llegar a dar respuesta a una crisis terminal que afecta a 700 trabajadores, en tres plantas y a cientos de acreedores por la prestación de servicios, venta de insumos, que incluyen también a los estados provinciales y el nacional, en cuanto al pago de servicios e impuestos.
Por parte de la Asociación de Trabajadores de la Industria Láctea de la República Argentina se solicitó una sanción a través de la aplicación de multas, por la falta de cumplimiento en la presentación y teniendo en cuenta el marco de demora en el pago de salarios y aportes correspondientes al empleador.
Por la mañana, a la vera de la Ruta Nacional 34, en el ingreso a la localidad de Lehmann, en el centro-oeste de la provincia de Santa Fe, trabajadores y sus familias se convocaron para visibilizar la situación, acción a la que se plegó el gremio, que el domingo había convocado a una mateada frente a la planta que la empresa tiene en Clason, con una adhesión baja.
En definitiva, es la gente de Lehmann la que encabeza el reclamo activo, la que muestra la grave realidad del día a día sin salarios y sin indicios de recuperar su actividad.
Con el control de la Gendarmería Nacional y la Policía de la Provincia de Santa Fe, en dos momentos de la mañana se intervino el tránsito por minutos, para desplegar las banderas donde se advertía sobre el vaciamiento de la empresa, la necesidad de los sueldos y la urgencia de reactivación.
Bichos de Campo estuvo en el lugar, acompañando a los trabajadores.
Daniel tiene 32 años dentro de la empresa, trabajó mucho tiempo en la desmoldadora de quesería y por cuestiones de salud hace un tiempo se dedica a las tareas de limpieza. “Hoy está todo parado, no hay más leche, no se cobran los sueldos y estamos mal”, resume sobre un último cobro en el mes de febrero por un total de 58 mil pesos. Para él, la reunión era “la clave”, lamentando que “los dueños no dan la cara, pero ya no sabemos que pensar”.
El hace fiambre casero, empezó a hacer changas como cortes de césped en el pueblo, pero sabe que no es su tarea principal y que los ahorros que tenía se terminan el mes que viene, teniendo que sostener la carrera universitaria de su hijo que estudia en Córdoba.
Mauricio tiene diez años de antigüedad, vive en Rafaela y todos los días recorre los 15 kilómetros de distancia para seguir cumpliendo con un turno de trabajo que hoy se trata de pasar las horas asignadas, en lugar de trabajar en la quesería como lo hizo por última vez en diciembre. A él como a todos, hace una semana la empresa le envíó telegramas con la reducción a cuatro horas, también de su sueldo, sin certezas de pago de deuda o de montos.
“Hoy me mudo a la casa de mi hermana”, con su hija de cuatro años, no tenía expectativas con la reunión entre las partes y la intuición no le fallaba.
Del lado de las mujeres, todas acompañando a sus maridos, la mirada es muy concreta.
Roxana contó que su marido “cumplió ayer 40 años en la fábrica y le faltan siete meses para jubilarse”. Sin vueltas lo dice, “estamos luchándola día a día, los ahorros se van terminando, en la empresa no dan la cara y estamos a la deriva. Al menos tenemos la cobertura de salud”.
Solo con la fe como motivación dice “somos como cien mujeres las que nos unimos, con las de Totoras y de Suardi, para mostrar lo que nos pasa. En cada planta se hace de distintas maneras, pero todas queremos que esto se resuelva”.
Hace 31 años que el marido de Griselda trabaja en en la planta de Lehmann, en la parte de secado de leche en polvo, siendo ese el último sector que se paralizó. Ella es docente y así intenta llevar adelante una casa donde viven tres chicos. “La vida ahora se trata de pensar qué comer al otro día, qué cuenta pagar, todo con mucha angustia”.
La gente intenta con la manifestación “sensibilizar a los dueños”, “que entre leche y se vuelva a trabajar”, o “que se venda la empresa para que se reactive”.
El caso es complejo, es un conflicto de una empresa familiar, pero que involucra a demasiadas personas, que lleva mucho tiempo y que tiene al capricho de no resolver nada como única posición frente al caos.
Ahora sólo les queda esperar hasta el jueves, estirar la pena y a pesar de todo, no perder la esperanza.





