La provisión de agua para la ganadería patagónica genera dolores de cabeza tanto en invierno como en verano. Durante los meses más calurosos, por el calentamiento excesivo del agua, que de por sí es escasa en la región y no puede renovarse con facilidad. Y durante la época más fría, por el congelamiento de las aguadas.
En búsqueda de soluciones, los especialistas del INTA Bariloche trabajaron en todo tipo de ideas, desde el uso de paneles solares y resistencias eléctricas, hasta sistemas que revuelvan el agua. Pero la solución terminó siendo mucho más sencilla, barata y sustentable de lo que parecía: viejas heladeras convertidas en bebederos.
Se trata de dos modelos adaptados a diferentes necesidades, pero con una misma función, y que los técnicos de la región ya pusieron en práctica y evaluaron. Tras la presentación de los datos preliminares, destacan su potencial para expandirse en amplias zonas rurales del sur argentino.
Si el titular fuese el de una revista de tendencias rezaría que, en vez de “cirujear”, las ovejas y chivas patagónicas modernizan sus bebederos dándole una “nueva vida” a viejos electrodomésticos. A los fines productivos, la idea es la misma, porque una antigua heladera puede ahora formar parte del paisaje ganadero austral, y ser completamente funcional.
La idea se puso en práctica con dos prototipos, que en ambos casos aprovechan la capacidad de aislamiento de la estructura y los materiales con el que está hecho el electrodoméstico, pero no se pone en marcha.
El primero de ellos, más sencillo, usa el gabinete completo -sin compresor, condensador ni estantes internos- en forma horizontal, aprovechando la puerta para la apertura y cierre manual. En ese caso, como se necesita de la intervención de un operario, desde el INTA Bariloche explicaron que “está pensado para ser utilizado en instalaciones cercanas al establecimiento del productor o productora”. 
A ese modelo 1.0 se le hicieron luego algunas mejoras para automatizar la recarga de agua y facilitar el acceso directo de los animales sin necesidad de abrir y cerrar la tapa. Con un sistema similar al de los sanitarios domésticos, se utilizó un flotante y se conectó un caño para el llenado automático de la heladera.
En la tapa, se reutilizó una vieja alfombra de auto y, con telgopor, se le construyó un acceso rebatible para los animales.
“Creemos que este modelo podría servir en lugares alejados. Obviamente, el productor o productora deberá ir a revisarlo regularmente como lo hace con cualquier bebedero o aguada”, explicaron los técnicos, que además señalaron la importancia de revisar que los animales entiendan cómo funciona.
“Las chivas son muy curiosas y hábiles, capaces de adaptarse sin mayores dificultades al sistema de bebida propuesto. En el caso de las ovejas, sería útil realizar pruebas, ya que su comportamiento es diferente”, agregaron.
Para ambos prototipos, el recubrimiento interno es el mismo: una membrana de polietileno de 400 micrones, lo suficientemente gruesa para resistir al roce provocado por la limpieza y mantenerse intacto toda la temporada.
Además, las pruebas preliminares confirmaron que estos bebederos son mucho más eficientes que las aguadas convencionales: en días de temperaturas bajo cero, el agua nunca se congeló, y en épocas de mucho calor, se mantuvo más fresca que lo habitual.
Actualmente, el proyecto se está evaluando en el Campo Anexo de INTA en Pilcaniyeu, pero a priori se sabe que esta propuesta de bajo costo y fácil construcción cumple con su cometido y tiene mucho potencial de ser adoptada por los productores patagónicos.





