La entrada al concurso de acreedores de Norton fue el primer gran evento de una crisis sistémica que afecta a todo el sector vitivinícola argentino a causa de una caída del consumo interno que no puede ser compensada con mayores exportaciones por problemas de competitividad.
Ahora a la lista de bodegas con dificultades financieras se suma la mendocina Bodegas Bianchi, que ya registra 80 cheques rechazados por falta de fondos por 1012 millones de pesos, según datos del Banco Central (BCRA).
Bodegas Bianchi cuenta con una deuda bancaria –por el momento sin inconvenientes– por 18.661 millones de pesos, la mayor parte de la cual corresponde, en orden de importancia, a Superville, Macro, Banco Nación y Bapro.
No se trata, por cierto, de una excepción, ya que son muchas las bodegas que cuentan con un nivel de endeudamiento bancario sobredimensionado para el volumen de facturación presente en la actividad.
La empresa emitió un comunicado donde sostuvo que “reafirma su compromiso con la transparencia y la buena fe” y asegura que está elaborando “una propuesta de regularización de todas sus áreas” con el propósito de superar una “coyuntura excepcional de mercado”.
Además Bodegas Bianchi señaló que están trabajando para “encauzar la situación actual priorizando en todo momento la estabilidad de la compañía y la continuidad de sus operaciones”.
En Los Chacayes, Valle de Uco (Mendoza), se encuentra la Bodega Enzo Bianchi, donde en este verano 2025/26 la firma propone a los turistas el “juego del blend”, una experiencia que desafía al visitante a convertirse en enólogo por un día por medio de la prueba de diferentes varietales para elaborar su propio corte de vino.
Pero para los bolsillos “flacos” de los argentinos, el acceso a las bodegas como destino turístico es muy limitado, mientras que el tipo de cambio intervenido por el gobierno nacional no favorece la llegada de turistas del exterior.
En el sector bodeguero se comenta que el stock de vino es tan grande que deberían dejar de comprar una cosecha entera para poder encontrar un cierto equilibrio. Pero eso, claramente, generaría una catástrofe productiva.
En tanto, en la producción algunos ya optaron por abandonar las vides o bien reemplazarlas por otras producciones más prometedoras. Muchos se preguntan si le único “remedio” posible es que desaparezca la mitad de la superficie nacional para que el mercado encuentre, con los años, un nuevo equilibrio entre oferta y demanda.






