En un escenario donde el negocio agrícola obliga a recalcular permanentemente, la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) salió a mirar más allá del lote tradicional y puso el foco en una serie de producciones que, sin tener todavía escala masiva, empiezan a ganar protagonismo.
En su último informe semanal, la entidad habla directamente de cultivos “de moda” y ubica dentro de ese grupo a alternativas que crecen al calor de nuevas demandas, entre ellas las vinculadas a la energía, con la carinata como uno de los casos testigo, pero también la vieja conocida colza y la camelina.
“El mapa productivo argentino empieza a mostrar cambios”, plantea el informe, al describir cómo estos cultivos comienzan a colarse en las rotaciones. La BCR remarca que no se trata de reemplazos directos de soja, maíz o trigo, sino de opciones que aparecen para “complementar los esquemas productivos” y responder a nuevas señales de mercado.
En ese marco, el trabajo subraya que uno de los vectores más claros detrás de este fenómeno es el avance del segmento energético. “Los cultivos destinados a la producción de biocombustibles vienen ganando terreno”, señala la entidad, al tiempo que vincula este proceso con la creciente demanda global de alternativas que permitan reducir emisiones.
La carinata aparece en ese análisis como un ejemplo concreto de esta tendencia. Según describe la BCR, se trata de “un cultivo invernal oleaginoso que tiene como principal destino la producción de biocombustibles avanzados”, lo que le otorga una inserción particular dentro del sistema agrícola.
En ese sentido, el informe destaca que su desarrollo “se apoya en contratos específicos y cadenas de valor integradas”, lo que marca una diferencia respecto de los cultivos tradicionales que se comercializan en mercados más abiertos.

A nivel agronómico, la Bolsa rosarina también hace hincapié en que estas alternativas encuentran espacio porque permiten intensificar los planteos. “La incorporación de cultivos de invierno contribuye a mejorar la rotación y el uso de los recursos”, indica el trabajo, sugiriendo que el interés no es solamente económico sino también técnico.
Al mismo tiempo, el informe advierte que este tipo de producciones se insertan en un contexto más amplio de transformación. “La demanda internacional de productos con menor huella de carbono comienza a incidir en las decisiones productivas”, sostiene la BCR, en línea con lo que ocurre en mercados que empujan el desarrollo de biocombustibles de nueva generación, especialmente en sectores como la aviación.
En el caso de la camelina y la carinata, si bien no existen aún estadísticas oficiales consolidadas, estimaciones basadas en información de empresas y acopios indican superficies superiores a las 35.000 ha en cada cultivo para la campaña 2025/26. Los rendimientos actuales se ubican entre 0,6 y 1,2 t/ha en camelina y en torno a 1,4 t/ha en carinata.
De todos modos, la entidad baja un mensaje de cautela respecto de la escala. “A pesar del creciente interés, estos cultivos aún representan una porción reducida del área sembrada”, aclara el informe, dejando en claro que el fenómeno es todavía incipiente. Sin embargo, también señala que su evolución es seguida de cerca porque puede anticipar cambios más profundos en la agricultura.
En esa línea, la BCR interpreta que los cultivos “de moda” funcionan como un indicador temprano de hacia dónde se mueve el negocio. “Reflejan la adaptación del productor a nuevas condiciones de mercado”, apunta el documento, al tiempo que vincula este proceso con la necesidad de diversificar riesgos en un contexto de alta volatilidad.
“De acuerdo con investigaciones de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (FAUBA), el desarrollo de raíces profundas y pivotantes en este grupo de cultivos favorece la descompactación biológica, mejora la aireación del suelo y aumenta la infiltración de agua, contribuyendo a un funcionamiento más eficiente del perfil edáfico”, analizaron los expertos rosarinos.
Así, más allá de su superficie actual, la carinata y otros cultivos asociados al segmento energético empiezan a ganar un lugar en la conversación del agro. No tanto por lo que ya representan, sino por lo que anticipan.





