Este año debería haber comenzado a regir la nueva ponderación realizada por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) para calcular el índice de inflación minorista. Pero el ministro Luis “Toto” Caputo decidió posponerla hasta nuevo aviso.
La razón detrás de esa decisión reside en que el nuevo indicador habría generado un índice de inflación muy superior al 2,8% mensual correspondiente al pasado mes de diciembre de 2025.
El nuevo indicador –ahora colocado en el “freezer”– está basado en la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares 2017/2018, que confiere una mayor ponderación relativa de ítems tales como vivienda, educación, salud, electricidad, gas y comunicaciones.
La ponderación vigente, basado en datos de la encuesta 2004/2005, tiene mayor preponderancia de los alimentos, los cuales en las últimas dos décadas han venido perdiendo peso relativo ante el crecimiento del consumo de servicios.
Sin embargo, la decisión de Caputo será “pan para hoy y hambre para mañana”, porque el indicador vigente, muy desactualizado con respecto a los patrones de consumo actuales de los argentinos, tiene una “bomba de tiempo” inflacionaria entre sus filas.
La ponderación actual, además de conceder una importancia desproporcionada a los alimentos, comprende un volumen de carne vacuna que ya no forma parte –ni por lejos– de la dieta de los argentinos.
El consumo de proteínas cárnicas –según la ponderación vigente– está conformado por los cortes bovinos de asado, paleta, cuadril y nalga, además de carne picada y hamburguesas congeladas. En lo que respecta a otras fuentes, comprende el pollo entero y el filet de merluza fresco. El indicador ni siquiera incluye a la carne de cerdo.
Ahora bien, el consumo estimado de proteínas cárnicas en la Argentina en 2025 fue de 116,4 kilogramos por cabeza, el nivel más elevado del último lustro. La carne vacuna sigue siendo muy importante, pero cubre el 43% del total, mientras que el 57% restante corresponde a la carne aviar y porcina.
La cuestión es que, con la fábrica ganadera trabajando al límite de su capacidad y la apertura de un cupo extraordinario de carne de 80.000 toneladas por parte de EE.UU. para el presente año, el valor de la hacienda iniciará próximamente un viaje hacia la estratósfera. Y si eso viene acompañado de un proceso de retención de vientres, el fenómeno podría potenciarse.
Por fortuna, los empresarios del sector porcino se estuvieron preparando para este momento y están dispuestos a cubrir el volumen de oferta de proteínas cárnicas que va a dejar vacante –por el factor precio– la carne vacuna en el mercado argentino.
La provisión de proteínas cárnicas está asegurada. Lo que no está asegurado es el hecho de que, cuando esa realidad inexorable llegue a las góndolas, la inflación con la ponderación “vieja” impulsará con creces el índice a niveles intolerables para el gobierno.
La gran pregunta por responder, entonces, es qué hará Caputo cuando esa instancia se presente. ¿Comenzará a usar la nueva ponderación? ¿O buscará llegar a un acuerdo con los grandes frigoríficos y supermercados, al mejor estilo “Guillermo Moreno”? Veremos.





