En apenas 52 años, entre 1970 y 2022, el tamaño promedio de las poblaciones de fauna silvestre monitoreadas en el mundo sufrió una caída del 73%. Así lo reveló el Informe Planeta Vivo 2026, publicado por la organización ambientalista WWF, que advierte sobre la magnitud de la pérdida de biodiversidad a escala global, pero también identifica experiencias de conservación que permiten pensar en una recuperación.
El relevamiento, elaborado a partir del Índice Planeta Vivo de la Sociedad Zoológica de Londres (ZSL), contempla casi 35.803 tendencias poblacionales correspondientes a 5.790 especies de vertebrados. El mayor retroceso se registra en los ecosistemas de agua dulce, con descensos que van del 77% al 90%, seguidos por los terrestres, con caídas de entre 57% y 78%, y los marinos, de entre 45% y 69%.

De acuerdo con el informe, la pérdida y degradación de los hábitats constituye la principal amenaza para estas poblaciones, seguida por la sobreexplotación, el cambio climático, la contaminación, las especies invasoras y las enfermedades.
Pero no todos los indicadores son negativos. De hecho, la mitad de las poblaciones relevadas se mantienen estables o están aumentando. Entre los casos exitosos de conservación aparecen los tigres, las tortugas verdes, el atún rojo y los elefantes del sur de África.

“La biodiversidad continúa degradándose a un ritmo alarmante. Sin embargo, en medio de estos fuertes descensos, hay motivos para la esperanza. El Informe Planeta Vivo 2026 destaca evidencias de que muchas poblaciones de especies son estables o se están recuperando, junto con historias inspiradoras que demuestran que la naturaleza puede recuperarse y que el cambio es posible”, afirmó Kirsten Schuijt, directora general de WWF Internacional.
La especialista consideró que, para sostener esos avances, no alcanza únicamente con proteger determinadas especies. “Para continuar y ampliar estos éxitos de conservación, es necesario transformar las industrias y los sistemas que impulsan la pérdida de naturaleza”, sostuvo.

En ese sentido, el documento apunta especialmente a tres sectores: el sistema alimentario, al que identifica como la principal causa de pérdida de hábitats; el energético, por su contribución al cambio climático; y el financiero, por el financiamiento de actividades perjudiciales para el ambiente.
Según WWF, estos mismos sistemas podrían convertirse en motores de recuperación mediante cambios capaces de generar lo que denomina puntos de inflexión positivos, es decir, transformaciones que, una vez alcanzado determinado umbral, se sostienen y aceleran por sí mismas.

En materia de alimentación y agricultura, el informe identifica avances iniciales hacia una producción más favorable para la naturaleza, mediante prácticas sostenibles, cambios en los patrones de consumo y una reducción de las pérdidas y el desperdicio de alimentos. En energía, destaca el crecimiento de la generación solar, mientras que en el sector financiero advierte que todavía resta mucho camino por recorrer.
¿Y qué pasa en Argentina? Desde la Fundación Vida Silvestre, organización que representa a WWF en el país, reconocieron que el escenario local también presenta desafíos importantes, especialmente por la pérdida de bosques nativos, la transformación de pastizales y la situación de numerosas especies amenazadas.

Sin embargo, Sebastián Fermani, director de conservación de la entidad, destacó que existen experiencias que permiten mostrar resultados concretos. Una de ellas es la recuperación del yaguareté en Misiones, donde la población pasó de unos 40 a cerca de 85 ejemplares, aunque la especie continúa en peligro crítico de extinción en Argentina.
“El Informe Planeta Vivo 2026 deja un mensaje claro: la biodiversidad sigue en declive, pero aún estamos a tiempo de revertir la tendencia”, señaló Fermani, quien consideró que esos resultados demuestran que, con compromiso, inversión y trabajo coordinado, la naturaleza puede recuperarse.
El documento llega, además, en vísperas de la COP17 de biodiversidad, que comenzará el 19 de octubre en Ereván, Armenia, donde los países deberán discutir cómo acelerar el cumplimiento de los compromisos internacionales para detener y revertir la pérdida de biodiversidad hacia 2030.
“El Informe Planeta Vivo 2026 es una nueva señal de alerta sobre la magnitud de la crisis de biodiversidad que enfrentamos y evidencia que los esfuerzos realizados hasta ahora no están siendo suficientes para revertir una tendencia que sigue agravándose. Pero también deja un mensaje claro: aún estamos a tiempo de cambiar el rumbo si aceleramos las acciones de conservación y comprendemos que de la salud de la naturaleza dependen nuestro bienestar, nuestra economía y las oportunidades de las generaciones futuras”, concluyó Fermani.




