Antonio Riccillo produce, en su establecimiento ubicado en la localidad bonaerense de Saladillo, las tres carnes más consumidas en el país: hace el engorde a corral de vacunos, produce pollos y también cerdos.
El empresario contó a Bichos de Campo el camino que viene recorriendo su empresa en materia de innovación, especialmente en energía y ambiente. Actualmente está produciendo electricidad a partir de bioenergía y trabaja para ampliar esa capacidad, al mismo tiempo que desarrolla subproductos derivados del tratamiento de efluentes.
Las plantas de biogás en la Argentina, explicó, son relativamente recientes: la mayoría se creó en los últimos cinco años. Tras una etapa inicial de aprendizaje, hoy muchas ya operan a niveles de eficiencia muy altos. En su caso, aseguró que están trabajando al 95% de la capacidad productiva, un salto significativo frente a los primeros años, cuando no superaban el 50%.

Con esa base consolidada, el foco ahora está puesto en avanzar hacia nuevos desarrollos, como los biofertilizantes y el biochar.
Este último es un carbón vegetal obtenido a partir de la biomasa residual del proceso de biogás, mediante un sistema de pirolisis a alta temperatura y sin oxígeno. No se trata de un fertilizante tradicional, sino de una enmienda que mejora las propiedades físicas, químicas y biológicas del suelo.
“El biochar devuelve al suelo un montón de cosas que de otra manera es imposible incorporar. No actúa de inmediato como un fertilizante, pero a largo plazo tiene efectos incluso superiores”, explicó Riccillo, aunque aclaró que se trata de un desarrollo aún experimental en el país.

Actualmente, estos ensayos se realizan a pequeña escala y en articulación informal con otras empresas interesadas en el tema. Si bien no hay todavía un trabajo sistemático con organismos como el INTA, Riccillo destacó el creciente interés internacional y la participación de especialistas de distintos países en congresos recientes realizados en la Argentina.
Para el productor, este camino refleja una nueva lógica del negocio agroindustrial: integrar producción de alimentos, energía y soluciones ambientales en un mismo esquema. “Es todo nuevo, requiere inversión, conocimiento y tiempo, pero es hacia donde va el mundo”, resumió.
Así, mientras proyecta una ganadería con más kilos y mayor perfil exportador, Riccillo apuesta a que la energía y la tecnología dejen de ser complementos y pasen a ser un eje central del futuro productivo.

El productor también analizó lo que pasa con la ganadería y consideró que se vienen importantes cambios referidos a la producción ganadera y al comercio de carne.
En tal sentido, consideró que la clave del negocio es producir animales más pesados. “Hay que meterle más kilos a la hacienda. Hoy el animal pesado se paga mejor que el liviano y eso va a generar un cambio estructural en el esquema productivo nacional”, sostuvo.
En esa línea, recordó cómo a fines de los años 90 y principios de los 2000 el novillo pesado era la categoría estrella del mercado de Liniers, con animales de más de 410 o 420 kilos. Luego, con la irrupción del engorde a corral y determinadas políticas públicas, se consolidó el ternero liviano.
“El animal de 240 o 250 kilos prácticamente salió del mercado. Hoy la industria busca un animal más pesado y eso va a seguir profundizándose”, afirmó.
En ese marco, proyectó un esquema futuro donde alrededor del 70% de los animales faenados tendrán como destino la exportación, aunque una parte importante de los cortes seguirá abasteciendo al mercado interno.
“El achicamiento de la faena para consumo local es inexorable, pero eso no significa menos carne para los argentinos, sino más kilos producidos y un esquema similar al de los países agroexportadores”, explicó.
Para que este nuevo esquema funcione, subrayó que la recría será una pieza central. Ya no se tratará de destetar y vender terneros livianos, sino de producir animales con más kilos, ya sea para terminarlos a corral o venderlos recriados. En ese punto, anticipó la consolidación de una figura hoy incipiente: el recriador como negocio específico, con inversiones en pasturas, reservas forrajeras y alimentación estratégica.
“Si querés ganar plata, vas a tener que recriar. Es un ciclo largo, requiere inversión y planificación, pero es indispensable para producir los kilos que el mercado va a demandar”, afirmó, y advirtió que el desafío es enorme si se lo proyecta a escala nacional.




