Después de un 2025 de fuerte crecimiento productivo, impulsado por un clima muy favorable y por la inercia de buenos precios que venían desde la segunda mitad de 2024, el negocio lechero volvió a enfrentar un escenario mucho más ajustado.
El crecimiento de la producción que se dio el año pasado, y que se prolonga en el inicio de este 2026, está presionando a la baja los precios que reciben los tamberos. “Ese gran volumen no estaba pudiendo ser canalizado comercialmente en términos virtuosos. Y como pasa siempre con la oferta y la demanda, cuando hay mucha oferta el precio cae”, resumió el analista Francisco Candiotti.

A eso se suma que muchos costos siguen subiendo mientras el precio de la leche se mantiene prácticamente sin cambios. “Todos los costos extra alimentación están subiendo: repuestos de maquinaria, ordeñadoras, energía, combustible, insumos de limpieza y veterinarios. El dólar se frenó, pero esos costos no paran y el precio de la leche está clavado hace cinco o seis meses”, describió.
En ese contexto, Candiotti cree que el primer cambio que deben hacer los productores es conceptual.
“La pregunta de a qué precio voy a vender es estéril porque el precio no lo pone el productor. El productor es tomador de precio. Entonces la estrategia tiene que ser manejar los costos”, afirmó.
Pero para eso hace falta información, algo que muchas veces todavía falta dentro de los establecimientos. “Mucha gente no sabe realmente cuál es su costo de producción. No puede decir cuánto le costó producir este mes, el mes pasado o en los últimos doce meses. Y sin eso es muy difícil tomar decisiones”, advirtió.

El consultor insistió en que medir los números del tambo puede mostrar realidades incómodas, pero necesarias. “Cuando empezás a usar herramientas de gestión podés ver cosas que antes no veías. A veces no te gustan, pero prefiero que no te guste y lo veas a tiempo a que te fundas”, señaló.
Durante muchos años la receta de la lechería fue producir cada vez más litros. Pero Candiotti cree que esa lógica dejó de ser suficiente.
“Hace 15 o 20 años nuestro discurso era que producir más litros diluía los costos. Pero desde 2015 eso cambió estructuralmente. Hoy la productividad sola ya no alcanza si no atacás el numerador de la ecuación, que son todos los gastos”, explicó.
Por eso plantea revisar cada componente del sistema. “Hay que explorar todos los costos -uno por uno- y empezar a gestionarlos. Recortar donde se pueda inteligentemente y buscar la vuelta sin atentar contra la productividad”, recomendó.

Además de los costos, el especialista cree que otro factor clave es el tamaño del rodeo. “Hace años que el rodeo nacional no crece y nuestra única estrategia fue sacar más litros por vaca. Pero llega un momento en que ese litro adicional empieza a salir caro”, advirtió.
Por eso propone volver a mirar el crecimiento de los tambos. “Si ponés tu rodeo a crecer al 5, al 10 o al 15%, vas a hacer frente al aumento de los costos con un gap virtuoso a tu favor. Ganás escala y diluís costos fijos”, indicó.
En esa lógica también cobra importancia el ingreso por la venta de animales, especialmente las vaquillonas. “La máxima expresión del recupero por venta de carne en un tambo es vender vaquillonas. Es el producto cárnico de mayor valor agregado que se puede lograr en un sistema lechero”, afirmó.
El valor que puede alcanzar hoy una vaquillona muestra la magnitud de ese ingreso. “Una vaquillona de genética media hoy la podés vender en el equivalente a 5.000 litros de leche. Con un litro a 500 pesos estamos hablando de unos 2 millones y medio de pesos”, explicó.
Comparado con el negocio de engordar machos, el resultado suele ser más favorable. “Para igualar ese ingreso el novillo tendría que valer más de 6.000 pesos el kilo de manera sostenida, y eso no es lo habitual”, señaló.
Por eso también mira con cautela una práctica que empezó a difundirse en algunos tambos: la inseminación de vacas Holando con semen Angus para producir terneros con mayor valor carnicero.
“Ese negocio no es para todo el mundo. Yo solo se lo recomendaría a un tambo mediano o grande que tenga margen para reponer todas las vaquillonas que necesita”, explicó.

El problema aparece cuando esa estrategia compromete la reposición del rodeo. “Si empezás a dar servicio con toros de carne vas a producir menos vaquillonas. Y si ya estabas justo para reponer tu rodeo, te podés meter en un problema grande uno o dos años después”, advirtió.
Candiotti también plantea revisar la forma en que se exige a las vacas dentro de los sistemas de alta producción. “Una vaca muy exigida entra en lo que llamamos estrés metabólico. Es como una Fórmula 1: produce mucho, pero tiene más probabilidades de enfermarse o de terminar descartada”, explicó.
Bajar esa presión productiva puede ayudar a mejorar la economía del sistema. “Si tenés una vaca de 15 o 20 litros con una dieta mucho más barata, podés bajar el descarte del 30% al 13 o 15%. Perdés la mitad de las vacas y eso baja costos”, señaló.
En definitiva, el especialista cree que el desafío pasa por revisar varios paradigmas productivos al mismo tiempo. “No es solo modular los costos. Es modular el crecimiento, revisar la forma de producir y planificar toda la empresa”, concluyó.





