El último informe de la consultora Zorraquín & Meneses lleva por título “Modelo Darwiniano”. Según Alejandro Meneses obedece a que el esquema económico del gobierno generó nuevas reglas de juego a las que hay que adaptarse para sobrevivir.
“El título del informe no es ideológico, responde a la situación empresarial: hay un proceso de selección en marcha”, dijo Alejandro Meneses a Bichos de Campo.
En tal sentido indicó: “Al cambiar la regla del juego se produce una especie de selección natural. Después podremos discutir cuánto dura este modelo o si se sostiene en el tiempo. Pero mientras tanto, hay que adaptarse. No sobrevive el más inteligente, sino el que mejor se adapta”.
Independientemente de cuál sea la visión política de cada uno -sobre lo que estuvo bien o mal antes, o sobre la viabilidad del actual enfoque económico-, Meneses sostiene que el cambio ya impacta en el funcionamiento de las empresas. Durante años, la discusión fue macro: inflación, dólar, déficit, cepo. Las compañías eran beneficiadas o perjudicadas por el desorden general.

“Había ´galerazos´ que te cubrían ineficiencias. Una devaluación que te acomodaba números, inflación que licuaba errores, crédito barato que disimulaba problemas. La macro desordenada disimulaba errores”, graficó. Hoy el escenario es otro: cuando la macro deja de ser excusa, la competitividad interna queda expuesta.
“Ya no alcanza con esperar un salto cambiario que arregle todo, no hay licuación que corrija errores de gestión ni crédito barato que disimule ineficiencia”, razonó. En este contexto, “la estabilidad no regala rentabilidad, la exige”, y eso implica que el resultado dependa mucho más de la gestión que del contexto.
El propio gobierno enfrenta su prueba más compleja: crecer sin romper lo ordenado, bajar impuestos sin dinamitar el superávit, acumular reservas sin asfixiar la actividad y reformar sin perder gobernabilidad. Pero mientras esa macro se consolida, las empresas ya están bajo examen.
La palabra que emerge como solución es eficiencia. “Es una palabra lindísima, todo bárbaro. El tema es cómo lo hacés, por dónde empezás y cuánto tardás”, adviertió Meneses. Porque no se trata solo de achicar costos: implica revisar modelo de negocio, escala, gobernanza y profesionalismo técnico, comercial, impositivo y financiero.
“En un país más previsible, la falta de profesionalización se vuelve más visible”, sostiene. Y lanza la pregunta incómoda: “¿Nuestra empresa es competitiva en un país normal?”, se preguntó.
El reflejo habitual ante la presión es recortar estructura. Pero el consultor fue tajante: “No conozco ninguna empresa que haya tenido problemas de modelo de negocios y los haya solucionado solamente bajando estructura. En 40 años no vi ninguna”. Incluso advierte que en esos procesos suelen irse los mejores recursos humanos, debilitando aún más la capacidad de adaptación.
En el agro, además del giro macroeconómico, el clima agrega otra capa de inquietud porque está definiendo el rendimiento de la cosecha gruesa y la oferta forrajera.
Hace apenas 60 días se proyectaban rindes por encima del presupuesto en varias zonas; ahora hay regiones donde la merma productiva ya está definida y otras peleando por alcanzar lo planificado. “Ese cambio reduce claramente la rentabilidad de las empresas agrícolas”, indicó el consultor.

Dentro de los negocios agropecuarios, ganadería y girasol aparecen con mejores márgenes proyectados. El resto, en muchos casos, se perfila “rayando” o directamente en negativo. Todo dependerá de la proporción que cada empresa tenga en esas actividades para sostener la renta.
A este cuadro productivo se suma la preocupación financiera. “La financiación la vemos reticente. Antes los bancos te llamaban para prestar; hoy cuesta renovar”. Conseguir crédito bancario a tasas razonables se volvió un ejercicio complejo. La morosidad en aumento y las malas noticias sectoriales endurecieron las condiciones.
Meneses distinguió tres tipos de empresas en este contexto. Las que no tienen problemas relevantes de deuda ni de caja y conservan margen para decidir ventas, coberturas o créditos. Las que viven al límite, donde la caja es el problema y deberán vender en cosecha, achicando su margen de maniobra y error. Y las que están “cambiando la piel”: compañías que repiensan su escala o su modelo de negocio porque entraron muy apalancadas a esta etapa o porque su actividad atraviesa precios deprimidos. En estos casos, la profesionalización deja de ser una opción y pasa a ser una condición de supervivencia.
Como complicación adicional, la baja reciente del dólar golpea a las empresas exportadoras y presiona el precio que recibe el productor, sumando tensión a márgenes ya ajustados.
El “momento darwiniano” no es un eslogan. Es una transición exigente, con clima incierto, financiamiento más duro y rentabilidades más finas. “Hay que adaptarse a una nueva era económica. Es fácil decirlo, no es tan fácil hacerlo. Lleva tiempo”, concluyó Meneses.





