Desde hace dos años que el ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, intenta reducir el costo de la vacunación contra la fiebre aftosa, que es obligatoria en la Argentina y que implica para los ganaderos un desembolso importante de más de 100 millones de dólares anuales. Aunque hasta ahora fracasó estrepitosamente en su cometido de generar mayor competencia entre los laboratorios fabricantes de esa vacuna facilitando la importación del inóculo, el “coloso” del Gabinete anticipó que va por una segunda batalla desreguladora, al permitir que cualquier veterinario pueda aplicarlas y que la tarea no sea realizada exclusivamente por las Fundaciones y Entes sanitarios habilitados.
La exclusiva de esta segunda ofensiva la tuvo el diario La Nación y aunque se disimule queda claro que la fuente fue el propio Sturzenegger: “Luego de la polémica generada por la eliminación de la exclusividad de los laboratorios que venden la vacuna para la aftosa -habrá más novedades al respecto-, se avanzará un paso más y se cambiará también la forma de aplicación. ¿El objetivo? Ampliar la competencia y, en ese camino, reducir los costos para los productores”, dice el matutino.
Y agrega: “El Ministerio de Desregulación y Transformación del Estado, que dirige Federico Sturzenegger, trabaja hace semanas con el Senasa para terminar con el monopolio de la aplicación de la vacuna de la aftosa en entes vacunatorios por departamentos o zonas. A partir de la publicación de la norma que tienen en gateras para los próximos días, cualquier veterinario registrado oficialmente podrá aplicar la vacuna contra la aftosa, lo que eliminará el esquema de único oferente regional y permitirá ampliar la competencia de precios”.
Para explicar: los ganaderos deben vacunar dos veces en el año, en marzo y en octubre, a todos sus bovinos contra la fiebre aftosa, aunque a partir de este años se ha excluido de la segunda dosis a los animales mayores, que ya tienen inmunidad. Cuando se factura el servicio al productor, hay dos componentes que se le cobran. Uno es el costo de la vacuna propiamente dicha, que proveen tanto los laboratorios Biogénesis Bagó como CDV, y que en la actualidad es de 1.320 pesos (aunque con compras anticipadas puede valer mucho menos). El segundo componente es el costo de un paratécnico habilitado que realiza la vacunación. En este caso, ese aplicador es empleado de una Fundación de Lucha contra la aftosa y su tarifa (que incluye la distribución, el frío y otros conceptos) puede llegar a equiparar el costo del medicamento, dependiendo de cada zona.
En los años 90, cuando la Argentina logró controlar la aftosa mediante la vacunación masiva de su stock, las Fundaciones y Entes fueron protagonistas casi excluyentes de esa campaña sanitaria, porque fueron formados a partir de las sociedades rurales locales u otras entidades rurales (por ejemplo Corrientes y Entre Ríos tiene entidades provinciales). Esta decisión permitió involucrar a los productores directamente con la lucha sanitaria, pero generó un entramado de entes sanitarios que, ciertamente, fijan sus precios en base a sus costos y no tienen competencia en cada una de las zonas asignadas.
Lo que pretendería hacer ahora Sturzenegger, en base a la información transmitida ahora por el diario La Nación, es romper ese supuesto monopolio de las Fundaciones, aún a riesgo de enfrentar la resistencia de muchas sociedades rurales (especialmente enroladas en la CRA) que podrían verse afectadas porque una de sus principales actividades pasa por sostener esos entes sanitarios.
“Tanto cerca de Sturzenegger como del secretario de Desregulación, Alejandro Cacace, buscaban que sólo con ser veterinario alcanzara para poder dar la vacuna. Sin embargo, según supo este medio, el Senasa logró que finalmente sea cualquier veterinario, pero “acreditado” por ese organismo, ya que esa aplicación es particular”, dice la información que revela el diario, y responde a un pedido de ciertos círculos de veterinarios más liberales. Muchos otros profesionales, en cambio, desaconsejan esa posibilidad, pues consideran que podría relajarse el rigor de la campaña de vacunación poniendo en riesgo el estatus sanitario de la Argentina.
La decisión, por cierto, merecería una discusión mucho más profunda y enmarcada en un debate nacional sobre la necesidad de seguir vacunando contra la fiebre aftosa, ya que hay países en toda la región que han decidido dejar de hacerlo. Pero ya sabemos como es Sturzenegger: cree que sabe de todo y cuando persigue alguna definición actúa como un chico caprichoso.
Igual empecinamiento mostró con el segundo costo de la vacunación, que es el del propio inóculo. En ese caso, enfrentado frontalmente contra el laboratorio que fabrica la mayor proporción de vacunas, que es Biogénesis Bagó, al cual denuncia como “monopólico”, el ministro de Milei flexibilizó todas las regulaciones posibles de Senasa con el único objetivo de permitir la importación de la vacuna a menor precio desde Brasil. El laboratorio Tecnovax se comprometió a traer las dosis fabricadas por el laboratorio paulista Ourofino, pero como esa empresa dejó de producirlas, en los hechos nunca ingresó al mercado.
La nota de La Nación, en ese sentido, desliza en una línea una búsqueda desesperada de parte de Sturzenegger de otras fuentes proveedoras de la vacuna antiaftosa. Días atrás, en un tuit, el ministro había deslizado que podía llegar a ser de origen colombiano y paraguayo, ante la inexistencia de oferta desde Brasil. Y ahora desliza que “ya se está trabajando para traer al país las vacunas producidas por Merck y Boehringer Ingelheim”, porque “la idea oficial es seguir ampliando la oferta y bajar costos”.





Cómo presidente del plan local desde hace 9 años y productor ganadero desde 2011 siento mucho orgullo y alegría que un curro que lleva décadas este llegando a su fin. Todavía falta, pero nunca sentí esta esperanza. Ojalá se pueda lograr! Ahora solo faltan las retenciones y cientos de regulaciónes estupidas