El gusano cogollero, una de las principales plagas que afectan al cultivo de maíz, comenzó a generar preocupación en los lotes de siembra temprana. El programa Manejo de Resistencia de Insectos (MRI) advirtió que recibió alertas por la presencia de Spodoptera frugiperda, que ya está provocando daños en las primeras etapas de crecimiento de las plantas, y difundió una serie de recomendaciones para su control.
Esta plaga, también conocida como oruga militar tardía, se alimenta de los tejidos vegetales y puede ocasionar daños importantes en el cultivo. Sus larvas atacan las hojas y se introducen en el cogollo, donde encuentran protección y dificultan la llegada de los insecticidas. En infestaciones severas, pueden comprometer el desarrollo de las plantas.

Frente a las alertas recibidas, el MRI, un programa integrado por empresas de la Asociación de Semilleros Argentinos (ASA) y ArgenBio, que busca preservar la eficacia de las tecnologías de control de insectos y prevenir el desarrollo de resistencias, recomendó intensificar las tareas de monitoreo.
En concreto, aconsejó revisar los lotes semanalmente y aumentar esa frecuencia a cada tres o cinco días cuando exista una elevada presión de la plaga. Para garantizar un muestreo representativo, sugirió inspeccionar al menos cinco puntos por lote, distribuidos entre las cuatro esquinas y el centro, y evaluar la presencia de larvas vivas, daños recientes en las hojas centrales y el nivel de afectación de las plantas.
En cuanto al momento de intervención, el programa recomendó aplicar insecticidas cuando entre el 10% y el 20% de las plantas presente un nivel de daño 3 en la escala de Davis, utilizada para medir la severidad de los ataques, y se detecten larvas vivas en sus primeros estadios de desarrollo (L1 y L2). La advertencia es no dejar que la proporción de plantas afectadas supere el 20%.
La oportunidad del tratamiento resulta fundamental: las aplicaciones deben realizarse cuando las larvas todavía son pequeñas y están expuestas sobre las hojas, antes de que se refugien en el cogollo y se vuelva más difícil alcanzarlas.
Por último, el MRI aconsejó utilizar los productos y dosis correspondientes según las recomendaciones técnicas, asegurar una buena cobertura de aplicación, especialmente en el cogollo, y rotar los modos de acción de los insecticidas para reducir el riesgo de resistencia. También pidió reforzar el monitoreo entre tres y cinco días después del tratamiento para comprobar su eficacia.




