Sobra evidencia de la efectividad de los manejos integrales cuando se trata de plagas animales. En el particular caso del jabalí, que forma parte hoy de la postal en zonas agrícolas de gran parte del país, se sabe que la caza plaguicida tiene limitantes, y que el uso de trampas y estrategias disuasorias es parte fundamental de ese combate.
Lo cierto es que esta plaga originaria de Europa y Asia ha provocado pérdidas agrícolas y ganaderas y daños sanitarios desde que se expandió en todo el continente, hace ya más de un siglo. Y esa larga historia fue acompañada por el mejoramiento de los sistemas de encierre que pasaron de ser muy rudimentarios y grotescos a poder montarse en pocos minutos y en cualquier parte.
Uno de los más recientes desarrollos es el de la empresa estadounidense Pig Brig, con sede en Moodus, Connecticut. Hace ya 7 años, la firma lanzó oficialmente su corral circular de red flexible, doble pared y alta tensión, que reemplaza a las tradicionales jaulas metálicas, se sabe mucho más efectivo y, lo mejor de todo, también se comercializa en el país.

La idea de ese desarrollo, que comenzó a gestarse en 2010 y terminó lanzándose al mercado a fines de la década pasada, era poder controlar la plaga de jabalíes asilvestrados con mucha mayor eficacia que las trampas convencionales. De ese modo, sin puertas metálicas, sin ruidos ni cierres bruscos y sin dañar a los animales, el Pig Brig Trap System ganó terreno en el mercado.
A Argentina llegó a mediados del año pasado, cuando se anunció que finalmente comienza a ser fabricado y comercializado bajo la licencia estadounidense pero dentro del país. Además de la rápida reposición, eso permite bajar los costos operativos, contar con servicio técnico propio y extender el uso de este sistema.
Actualmente, se estima que la plaga tiene más de un millón de ejemplares distribuidos en 16 de las 24 provincias y es responsable de pérdidas anuales equivalentes a 1380 millones de dólares. “Una hembra puede generar hasta 30 crías por año. Cazar de a uno no alcanza para frenar esa matemática”, expresan desde la firma, responsable de introducir el único sistema de captura grupal de jabalíes fabricado en Argentina.
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En el sitio web oficial de la firma, se la califica como “la trampa que sigue atrapando” ya que, a diferencia de otras estructuras de antaño, este sistema permite una captura continua y silenciosa, que no ahuyenta a la manada, es efectiva en grandes poblaciones y no requiere de demasiada infraestructura.
En concreto, consigna también el sitio, el montaje es sencillo y puede ser llevado a cabo por una sola persona. Lo primordial, por supuesto, es elegir la zona adecuada para hacerlo, preferentemente en áreas de silaje o donde se detecte marcada presencia de jabalíes por sus daños en los cultivos o sobre la fauna local.
Una vez delimitada la zona y, tras varios días de dejarle cebos para acostumbrar a la manada, finalmente se procede a la instalación. Primero, se clavan varios postes en T metálicos, que se sujetan con estacas. Luego, se monta la red, se pone alimento dentro y sólo se espera a que los animales queden atrapados.
La clave del sistema es que, por cómo está diseñada, la red permite el ingreso de los jabalíes al perímetro para alimentarse pero evita su salida. Como no es ruidosa ni genera movimientos bruscos, permite que varios animales ingresen al mismo tiempo y permanezcan hasta que se vacíe la trampa.
Como éstos no fueron lastimados, pueden ser luego derivados a faena -de la mano de muchas iniciativas gastronómicas que buscan aprovechar esa carne- o incluso para hacer investigaciones científicas.
Este método, que es muy utilizado en Estados Unidos y Australia, igual de preocupados por esta plaga que los productores de estas latitudes, ya se fabrica y distribuye en Argentina.
La trampa de red pasiva lo que hace es mejorar sistemas anteriores, cuya idea es básicamente la misma. A las originarias trampas “jaula”, que sólo capturaban un animal por vez, le sucedieron luego los grandes corrales metálicos, mucho más robustos, pesados y ruidosos pero efectivos para mayor cantidad de animales. Una versión mejorada fueron las trampas tipo “Drop Trap”, cercos plegables que se arroban sobre los grupos enteros.
En la zona del Mato Grosso, en el sur brasileño, algunos productores habían ensayado incluso la creación de grandes canaletas que separaban la selva del área de cultivos y aislaban a los animales que allí caían. El sistema de Pig Brig llegaría para mejorar esas iniciativas.
Hace ya un tiempo que en el país se discute seriamente cómo afrontar esta invasión, que no reconoce fronteras, y es muy dañina para cultivos en pie, granos almacenados, plantaciones frutihortícolas, fauna nativa y hasta la ganadería ovina.
Para este depredador que no es depredado, incluido dentro de los 100 más peligrosos del mundo, hoy se superponen estrategias. En varios distritos, por ejemplo, la declaración de emergencia ante la plaga flexibiliza controles para la caza, que se sabe poco efectiva a gran escala. Por eso, en muchos otros, se montan circuitos para agregar valor y aprovechar esa carne, y, en paralelo, se afinan estrategias para que el manejo sea integral.
El uso de trampas de baja letalidad, como la que promueve esta firma norteamericana, va en línea con esa propuesta.



