Atrás de los poco glamorosos pañales, las toallitas de higiene absorbente, el embalaje de frutas y verduras, y las cajas de uso cotidiano, se esconde uno de los segmentos más pujantes de la foresto-industria: el sector de la celulosa y el papel. Esto se debe su gran capacidad para agregar valor, transformando materias primas simples en productos que, aunque no lo parezcan, tienen mucha tecnología detrás.
“El papel es un productazo que nos acompaña todos los días. No todas las industrias puede decir que utilizan materias primas biodegradables y eso es importante, porque lo que no lleguemos a captar para reciclar no hará bolsa el ambiente”, señaló Juan Sackmann, de la Asociación de Fabricantes de Celulosa y Papel (AFCP).
La exposición se dio durante un encuentro de la cadena foresto-industrial, nucleada en el Consejo Foresto Industrial Argentino (CONFIAR), y apuntó a arrojar luz sobre ese sector con poca prensa.

A nivel mundial el mercado global de este sector comprende unas 415 millones de toneladas de papel, siendo los de embalaje y tissue lo que más crecen. La producción de papel para impresión y escritura se encuentra a la baja, algo que se replica a nivel local.
Según Sackmann, Argentina consume unas 2 millones de toneladas de papel al año —2,1 millones en 2025, apenas medio punto más que el año previo— y el segmento de embalaje explica cerca del 70% de ese total.
Y aquí se vuelve clave saber que en este negocio no toda la celulosa vale lo mismo. Tal como se detalló en el encuentro, la industria maneja cinco principales tipos, cada uno con distinto nivel de agregado de valor.

Ordenados de menor a mayor tecnificación, el BHKP o fibra corta blanqueada, es el empleado en tissue y papeles gráficos. Aquel, expuso Sackmann, sí califica como un commodity.
En el siguiente escalón se ubica el BSKP o fibra larga blanqueada, utilizado en packaging o tissue premium, ya que ofrece mayor resistencia. Eso lo hace tener una “función más técnica” y una oferta acotada.
El tercer grupo es el Fluff o fibra absorbente, que se destina a la fabricación de pañales y toallas de higiene absorbente. Su proceso de fabricación le confiere mayor poder de absorción y es encuadrado dentro un segmento más específico.

El UKP, por otro lado, es un kraft no blanqueado que gran resistencia, también utilizado en packaging, bolsas y sacos. Su foco es el sector del empaque. Finalmente queda el grupo del Dissolving o celulosa de disolución, que es de alta pureza y se destina principalmente a textiles (como por ejemplo la viscosa) y otros specialities.
Los números expuestos por Sackmann dan cuenta de su diferente valoración. “Los papeles que salen de la Kraft no blanqueada están en el orden de 700 dólares por tonelada. Los blanqueados pueden estar en 1.000, y la Fluff puede estar en 3.000”, dijo. En el otro extremo, el papel reciclado y prensado en fardos ronda los 200 dólares la tonelada. Aunque corre muy por detrás, el especialista destacó que también se puede obtener de él un rédito interesante.
Respecto a la situación mundial, Sackmann indicó que a nivel general las plantas se están racionalizando. En Europa y Estados Unidos, en particular, hay cierres y reconversiones, producto de la caída del diario y la mayor demanda del segmento de cajas y embalajes.
“La impresión y escritura se reconvierte en papel para cajas. Otros productos como el papel higiénico, en cambio, nacen como tal. Pero ya vemos un movimiento de reconversión”, sostuvo.
En América Latina, por su parte, se están incorporando cada vez más plantas de producción de celulosa. Eso se debe a la búsqueda de achicar gastos. “Hay que tener en la cabeza que la escala reduce los costos. Los costos marginales de una planta, que ronda 1 millón de toneladas por ejemplo, pueden reducirse en un 20% si pasa a 2 millones de toneladas. Entonces está el cambio tecnológico, la eficientización, pero también la escala”, afirmó.
Sackmann finalizó el encuentro mencionando el megaproyecto industrial de ARPulp, anunciado este año, que proyecta instalar una planta de celulosa en el Parque Industrial de Ituzaingó, en la provincia de Corrientes.
El mismo se enfocará en la producción de celulosa de fibra larga de pino tipo “Fluff” –la usada en los mencionados pañales y toallitas- y comprenderá una inversión de unos 2.000 millones de dólares de parte de privados. Su capacidad productiva está proyectada en 800.000 a 1.000.000 de toneladas anuales, con un consumo de 5 millones de metros cúbicos de madera de pino al año. Se estima, además, que se generarán unos 13 mil puestos de trabajo directos e indirectos.

De cara al futuro, el especialista señaló que es necesario avanzar con una Ley de Envases basada en la responsabilidad extendida del productor, que permita reciclar más y mejor.
También apuntó contra el cobro de ingresos brutos, afirmando que ese tributo duplica el pagado por otras actividades industriales y que es especialmente nocivo dado que la cadena foresto-industrial es muy larga.
Basta ver todo el camino que hay de un árbol a un pañal.





