En Coronel Suárez, el jardín de Claudia Lázaro se fue construyendo con el tiempo, acompañando cada cambio de la casa y de la vida familiar. Más que responder a un diseño único y definitivo, fue tomando forma a partir de ajustes sucesivos: se agregaron sectores, se reubicaron plantas y se fueron redefiniendo los espacios según las necesidades de cada etapa.
El equipo de De Raiz recorrió el jardin en diciembre pasado:
La dueña de este espacio siempre estuvo vinculada a las plantas, primero por la influencia de su madre y su suegra, y después a partir de capacitaciones y reuniones en grupos CREA, donde empezó a ordenar ideas y a pensar una estructura básica para su propio terreno.

Esa estructura sigue estando, pero lo que se planta arriba cambia todo el tiempo. Hay canteros definidos, caminos claros y bordes marcados, pero adentro la mezcla es amplia.
Conviven salvias, rosales, lavandas, dalias, peonías, hortensias, lirios y jazmines, entre otras especies. Algunas plantas se repiten para dar orden y otras aparecen de forma más espontánea. Muchas llegaron como regalos de amigas o familiares, y eso también fue moldeando el jardín.
El mantenimiento es constante pero simple. Hay tareas semanales de corte y orden, podas cuando las plantas empiezan a cerrar los pasos y recortes más fuertes en verano para renovar el follaje. En invierno el jardín no se vacía: mantiene verde y estructura, algo muy valorado en la zona. Como en cualquier jardín grande, aparecen caracoles y hormigas en los meses de más calor, y se controlan cuando hace falta. Nada es definitivo.
Con los años hubo árboles que se sacaron y otros que se plantaron, sectores que pasaron a tener más sombra y canteros que cambiaron de colores o de especies según el uso del espacio y el movimiento de la familia. Las dalias se dejan en tierra y se marcan para no perderlas, los lirios y bulbos van apareciendo en sus momentos, las hortensias empiezan a ganar lugar en canteros más nuevos y los rosales se sostienen donde todavía reciben buen sol. 
Hay rincones de sombra bajo los árboles, sectores más abiertos y otros más cerrados por el crecimiento de arbustos y trepadoras. Una particularidad del lugar es el césped, que tiene un rol protagónico y un cuidado muy preciso. Sobre una base de gramilla se sumó una siembra nueva que mejoró mucho el color y la sanidad. En primavera el resultado fue un verde muy parejo y brillante.
En verano entra en una etapa de transición que exige más atención, con uno o dos cortes por semana según el ritmo de crecimiento. El riego está instalado y se usa de acuerdo al clima: en una primavera lluviosa casi no hizo falta activarlo. Más que un jardín terminado, es un jardín en uso, que se ajusta año a año. Creció junto con la familia y hoy combina canteros variados con un césped bien mantenido que ordena y conecta todo el conjunto.






