En una serie de notas donde se vienen mostrando jardines recorridos en Tandil en noviembre pasado junto a “EntrePlantasViajes”, esta vez el foco se traslada al origen de muchas de esas plantas. Después de compartir distintas experiencias de diseño y paisajismo en la zona serrana, el recorrido lleva ahora a un vivero que propone otra mirada sobre lo que crece en los canteros.
La primera parada fue en Entre Yuyos, un espacio que no encaja en el molde tradicional. Más que un simple punto de venta, funciona como el lugar donde un paisajista decidió producir las especies que no encontraba en el mercado.

A diferencia de los viveros familiares que pasan de generación en generación, el proyecto nació por una necesidad concreta. Mingo de Rico, paisajista de oficio, comenzó cultivando para sus propios jardines, con la intención de trabajar con especies que dialogaran con el paisaje real y no solo con tendencias comerciales.
Al final de este video aparece la charla con Mingo en su vivero:
Según contó en la entrevista con De Raíz, “la idea fue primero crear plantas para mis jardines y plantas para jardines realmente”. Con el tiempo, ese proceso derivó en algo más: “y después me empecé a enamorar un poco de los yuyos, a dejarlos en los jardines y en mis canteros. Primero y principal… los empezamos a dejar expresarse en cada cantero”.
Esa mirada es la que define al vivero. En lugar de erradicar lo espontáneo, propone integrarlo. En los canteros conviven especies nativas, exóticas, herbáceas y gramíneas en un esquema que prioriza la diversidad.
También hubo un proceso de persistencia. “Empezamos haciendo nativas y la verdad que fueron años que no se usaban… seguí un poco con las nativas y empecé a traer herbáceas o gramíneas y bueno, ahí volvió a surgir lo de las nativas, que es lo que más me gusta”, explicó.

Hoy, Entre Yuyos se convirtió en referencia para paisajistas de la zona que buscan materiales distintos a los que ofrece el circuito comercial más tradicional.
El predio es amplio y el mantenimiento constante, pero el propio Mingo reconoce que allí encuentra su cable a tierra. “Capaz que vengo re cansado de otro trabajo porque hacemos jardines afuera, pero acá es como mi descanso, entonces me quedo un ratito y lo hago”, señaló en la charla.
En ese esquema, el “yuyo” deja de ser sinónimo de descarte. “Si hay algún yuyo de cualquier tipo puede estar porque lo dejaste, porque te gustó o porque no, y que tampoco queda tan mal a la vista”, afirmó.
Desde Tandil, la experiencia muestra que detrás de los jardines que se vienen presentando en esta serie también hay producción, criterio y una mirada distinta sobre qué vale la pena dejar crecer. La fuente de esta nota es la entrevista realizada por DeRaíz.





