A veces, en el campo o en el vivero, todas las miradas se las lleva la planta, pero el verdadero secreto de un buen cultivo está en lo que no se ve: el sustrato. Lejos de ser solo tierra en una maceta, estos medios de crecimiento son piezas clave de ingeniería natural. Ya sean orgánicos o inertes, su función es sagrada: deben asegurar que la raíz respire, que el agua no falte pero que tampoco ahogue, y que la planta tenga un sostén firme para desarrollarse con fuerza.
Lo interesante es que no hay una receta mágica que sirva para todos. El sustrato ideal se arma a medida: depende de si la maceta es chica o grande, de cuánto dura el ciclo del cultivo y hasta de en qué parte del país estamos produciendo. No es lo mismo un sustrato para el calor de Corrientes que para el clima de Buenos Aires. El éxito está en saber combinar materiales como la turba, la fibra de coco o la perlita para que cada planta se sienta en su salsa.
En el recorrido que se hizo en el marco de la Exposición Anual de Floricultura del INTA, el ingeniero Esteban Rubio y la técnica Mónica Karlanian explicaron que el uso de sustratos permite resolver problemas que el suelo tradicional no perdona, como el anegamiento. Según comentó la especialista, a muchas plantas no les gusta el exceso de humedad en la raíz, y el sustrato, al ser un material más liviano que drena mejor, permite darles exactamente los nutrientes que necesitan.
Un ejemplo concreto de este avance se vio con las gerberas. Puerta detalló que vienen trabajando hace años en este cultivo sobre sustrato, logrando que la planta esté mejor nutrida. El resultado salta a la vista en la duración: en la muestra se evaluaron seis variedades nuevas que logran mantenerse entre 20 y hasta 30 días impecables en el florero, algo fundamental para una flor de corte. La ingeniera aclaró que no hay un sustrato único para lograr esto, sino que se ajustan mezclas de turba o fibra de coco según la calidad del agua y la zona donde se produzca.
En este recorrido, también se presentaron experiencias concretas de producción en sustrato, como el cultivo de gerbera, una flor que tradicionalmente se produce en suelo. Hace varios años, el INTA viene trabajando con este cultivo en sustrato, logrando resolver problemas frecuentes del suelo, como el exceso de humedad y el anegamiento. El uso de un material más liviano y con mejor drenaje permite manejar con mayor precisión la nutrición de la planta y obtener varas florales de mejor calidad, con mayor duración en florero.

En la muestra se pudieron ver seis variedades nuevas de gerbera, evaluadas en sustrato, con resultados destacados: flores que superan los 20 días en florero y, en algunos casos, llegan a 26 o incluso 30 días. No existe un sustrato único o ideal para este cultivo. Se utilizan combinaciones de turba, fibra de coco y perlita, que se ajustan según la región, el sistema productivo y el agua disponible para preparar la solución nutritiva.
El equipo de De Raíz también se detuvo frente a una tecnología que parece simple pero es revolucionaria: el colector solar. La ingeniera agrónoma Analía Puerta describió este equipo como una herramienta clave para la economía circular, ya que permite recuperar y reutilizar el sustrato de descarte, tanto de grandes establecimientos como el que nos queda en las macetas de casa. El proceso consiste en limpiar el material de restos de raíces, homogeneizarlo y cargarlo en unos tubos metálicos negros dentro de una caja de madera cubierta con polietileno transparente.
La ventaja de este sistema, que el INTA adaptó de investigaciones conjuntas con Brasil, es que utiliza el calor del sol para realizar una pasteurización. A diferencia de los químicos antiguos que dañaban la capa de ozono y la salud, este método elimina patógenos y semillas de malezas de forma sustentable, manteniendo vivos a los organismos benéficos. Después de un día entero al sol, el sustrato sale listo para una nueva producción. Al final del día, estas innovaciones confirman que para diseñar un paisaje sustentable o mejorar la producción, hay que empezar mirando hacia abajo, cuidando ese mundo invisible pero fundamental que ocurre bajo la superficie.






