La empresa de agricultura de precisión Plantium cerró sus puertas en la mañana de este viernes en Villa Constitución, Santa Fe, y dejó sin su puesto de trabajo a más de 100 trabajadores, entre los 84 de la planta y los más de 30 repartidos en otras ciudades como Rosario.
La noticia se confirmó esta mañana, luego de que los trabajadores asistan a sus puesto de trabajo habitual y se encuentren con las puertas cerradas. Si bien los telegramas fueron enviados ayer a la noche, la mayoría se anotició al llegar al lugar.
Desde el sector aseguran que la competencia de productos de origen chino, el efecto dominó de la caída de los grandes compradores Pauny y Metalfor, sumado a un tipo de cambio atrasado, hicieron colapsar la estructura.
La noticia llega la misma semana en la que se conoció un nuevo episodio en la crisis que atraviesa Pauny, fabricante nacional de tractores, ubicado en Las Varillas, Córdoba. Plantium, al igual que la productora de tractores, atraviesa la competencia feroz de la importación de productos homónimos fabricados en China, que llegan a nuestro país con un valor infinitamente menor. Trabajadores de la empresa confirmaron que los equipos que llegan desde Asia, pueden valer hasta 5 veces menos que los fabricados en la localidad santafesina.
Plantium es una fabricante de equipos de agricultura de precisión con sede en Villa Constitución. Surgió en 1996 con actividades de ingeniería mecatrónica y desde 2002 se orientó a esta especialidad, con monitores de siembra, pilotos automáticos y sistemas de gestión de datos. En 2022 inauguró en Rosario un centro de Investigación y Desarrollo, donde trabajan más de 50 profesionales en proyectos de inteligencia artificial y robótica.
Según relató Fulvio Monti, trabajador de la empresa y miembro del Sindicato de Empleados de Comercio de Villa Constitución, la crisis de Plantium se profundizó desde julio, aunque los problemas habían comenzado unos dos años antes, cuando el atraso cambiario y la apertura de las importaciones empezaron a complicar la competitividad de la empresa dedicada al desarrollo de tecnología para el agro, especialmente sistemas de piloto automático para maquinaria agrícola.
El dirigente, que se encuentra en la planta donde el conflicto sigue abierto, habló con Bichos de Campo de la desvinculación de más de 100 trabajadores de Plantium y Gentec, y contó que había empleados dispuestos a resignar parte de sus indemnizaciones para conservar otros puestos.
Monti vinculó la situación de la firma con las dificultades que atraviesan los fabricantes nacionales de maquinaria agrícola y con el ingreso de equipos y tecnología importados desde China a precios muy inferiores. Según explicó, en el caso de los pilotos automáticos, la diferencia de costos con los productos de la competencia china llega a una relación de cinco a uno.
“El campo la está pasando mal, la maquinaria está pasando mal, con un dólar que no sirve. La cosecha levanta lo mismo, pero hay un 30% de inflación en dólares. A eso se suma la apertura indiscriminada de los productos chinos”, describió el dirigente sindical.
En las últimas horas el titular de Gentec Jorge Gentili explicó en declaraciones a Diario La Ciudad de Villa Constitución, los motivos del cierre y el proceso que terminó en esta drástica decisión, además de pedirle disculpas a los trabajadores.
Según declaró, la crisis se profundizó por los problemas financieros de sus principales clientes, las dificultades para cobrar y una recuperación de las ventas que nunca llegó. ”Gentec es una empresa proveedora. Tiene cuatro clientes. Metalfor nos quedó debiendo, entre cheques devueltos y cuenta corriente, 500 millones de pesos. Pauny ahora está con un problema y no está devolviendo todos los cheques. Plantium está en una situación seria y AGCO no nos compró más”, detalló.
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A principios de año, el empresario había apostado a que la buena cosecha impulsara la demanda de maquinaria y permitiera atravesar las dificultades. “Pensaba que íbamos a poder sortear la situación. Entonces llegó Expoagro y no pasó nada. Bueno, iba a venir AgroActiva, porque con toda la cosecha que había el productor iba a poder comprar. Seguí esperando y endeudándome para pagar los sueldos y las cosas que necesitábamos para seguir funcionando. Seguía sacando créditos porque, la verdad, no vendíamos la cantidad que necesitábamos”, relató.
La expectativa tampoco se cumplió después de la exposición agropecuaria. “Llegó AgroActiva y fue cero. Bueno, me dije, van a venir agosto, septiembre, octubre y noviembre, que son los meses de mayores ventas. Pero tampoco pasó nada”, recordó.
Gentili aseguró que intentó evitar los despidos hasta agotar las alternativas financieras. En ese sentido, destacó las condiciones laborales que, según explicó, la empresa mantuvo durante años por encima de las exigencias legales. “Yo siempre traté de no echar a nadie. Nunca hice, desde el principio, un programa para despedir gente”, afirmó.
La dimensión de la crisis financiera también se refleja en los números de ambas empresas. Gentec SRL acumula una deuda bancaria de 4.000 millones de pesos y otros 315 millones correspondientes a 224 cheques rechazados. En el caso de Plantium S.A., el pasivo bancario asciende a 9.700 millones de pesos, a los que se suman 350 millones por 63 cheques sin fondos.

La crisis se agravó en los últimos meses, cuando la empresa comenzó a explorar distintas alternativas para intentar sostener su actividad. De acuerdo con Monti, entre las posibilidades que se analizaron figuraban un eventual interés de New Holland, una alternativa vinculada con Agricultores Federados Argentinos (AFA) y la llegada de capitales chinos que evaluaban comprar la compañía o asociarse.
Mientras se desarrollaban esas conversaciones, el sindicato y los trabajadores aceptaron acompañar un período de espera para dar tiempo a que las propuestas pudieran concretarse. La organización gremial incluso puso en marcha una asistencia económica para las familias afectadas.
“La empresa venía en una situación muy compleja. Estábamos entre el gremio, la gente, que había aguantado tanto, y la empresa, buscando alternativas que fueran laboral, social y moralmente aceptables”, explicó Monti.
Durante ese período, la firma ofreció entregar 200.000 pesos semanales a los trabajadores, mientras que el sindicato, a través de su proveeduría, aportó otros 500.000 pesos mensuales por familia para garantizar la compra de alimentos.
La expectativa era que, en el transcurso de esos meses, alguna de las alternativas empresariales permitiera sostener la actividad. Sin embargo, las propuestas se fueron cayendo y la última posibilidad, que involucraba a capitales chinos interesados en comprar la compañía, se frustró hace aproximadamente dos semanas.
Fue entonces cuando se abrió una negociación para reducir la estructura de la empresa. Según el dirigente sindical, la intención era pasar de una plantilla de alrededor de 200 trabajadores a otra de aproximadamente 70 empleados, una reducción que suponía la salida de más de la mitad del personal.
En ese marco, un grupo de trabajadores se mostró dispuesto a aceptar retiros voluntarios e incluso resignar el 50% de las indemnizaciones que les correspondían, con la expectativa de que la empresa pudiera continuar funcionando y preservar parte de los puestos de trabajo.
“El dolor es que había empleados de tantos años que entendían la situación y estaban dispuestos a tomar el retiro y dejar el 50% de su indemnización sin cobrar. Aceptaban esa quita porque entendían que, si seguíamos todos juntos, el barco se hundía. La estructura, los gastos y la cantidad de empleados ya no se podían sostener”, contó Monti.
“Nosotros pedíamos garantías porque decíamos que ese retiro voluntario se podía caer y que la empresa podía terminar en una convocatoria. ¿Qué pasaba entonces con las cuotas? Una indemnización de alguien que tiene pocos años puede pagarse en una o dos cuotas, pero una persona que tiene 20 años de antigüedad seguramente necesita seis u ocho cuotas”, explicó.
En medio de esas conversaciones, el sindicato se enteró de que la empresa había enviado 84 telegramas de despido correspondientes a trabajadores de Villa Constitución. La noticia generó alarma entre los delegados, que entendieron que la decisión empresarial cambiaba por completo las condiciones de la negociación.

“Si la empresa estaba negociando con nosotros retiros voluntarios para seguir adelante y mandó despidos, era evidente que no nos podía pagar”, sostuvo Monti.
La situación se terminó de tensar durante una reunión convocada por la empresa con sus empleados. Allí, según el relato del dirigente gremial, el propietario planteó que intentaría continuar con la actividad, aunque necesitaba achicar la estructura y apostaba a que el escenario económico pudiera cambiar el año próximo.
El problema, para el sindicato, es que la continuidad de la firma quedaba planteada sin una solución para los trabajadores despedidos. Monti dijo comprender las dificultades económicas que enfrenta la compañía, pero cuestionó que se avanzara con las desvinculaciones sin garantizar el pago de las indemnizaciones.
“Uno entiende que la situación está mal y que los problemas están justificados, pero no podés desconocer la responsabilidad empresaria. No podés dejar a 84 empleados afuera, pretender seguir trabajando normalmente y decirles que, si te va bien, les vas a pagar”, afirmó.
El conflicto sumó un nuevo capítulo cuando los trabajadores llegaron a la planta y encontraron las puertas cerradas con candado. La convocatoria a una reunión había circulado de manera informal y el gremio había recomendado que los empleados se presentaran igualmente en sus horarios habituales.
Por estas horas, el gremio trasladó el reclamo al Ministerio de Trabajo, donde solicitó la intervención de las autoridades, la reincorporación de los trabajadores despedidos y la reapertura de las negociaciones para habilitar los retiros voluntarios. El objetivo es encontrar una salida que permita discutir la continuidad de la empresa y, al mismo tiempo, garantizar los derechos de quienes quedaron afuera.
Sin embargo, Monti se mostró pesimista respecto de las posibilidades de sostener la actividad en esas condiciones. Consideró que resulta inviable pretender que Plantium siga funcionando con una plantilla reducida mientras mantiene un conflicto abierto con 84 trabajadores que reclaman sus indemnizaciones.
“Un triste final va a tener. No va a poder trabajar la empresa con 70 empleados, habiendo echado a más de la mitad sin indemnizarlos”, advirtió. Y agregó que, a esta altura, la prioridad del sindicato es que los despedidos cobren lo que les corresponde. “Ahora estamos en una cuestión legal. Lo que nos importa es que esos compañeros y compañeras que fueron echados arbitrariamente de esta forma cobren su indemnización. Es lo mínimo que pedimos”.
El dirigente también remarcó el impacto que la crisis tiene sobre una ciudad que viene acumulando dificultades en su entramado industrial y comercial. Según señaló, Villa Constitución ya sufrió más de 2.000 despidos en la industria, en un contexto en el que también se resiente el consumo.
“Hasta hace dos años era una empresa que funcionaba perfectamente con su cantidad de empleados. Desarrollaba y presentaba modelos innovadores de robots, de tecnología. Era un faro que tenía la ciudad”, recordó. “El dólar atrasado, la importación de maquinaria y de tecnología china y lo que está pasando con Pauny y Metalfor terminaron de acelerar este proceso”, resumió Monti.
Pero, más allá de las dificultades económicas que enfrenta la empresa, el representante sindical insistió en que la discusión inmediata pasa por la situación de las familias que se quedaron sin trabajo y sin certezas sobre el cobro de sus indemnizaciones.
“Podés tener todos los problemas y pueden estar justificados, pero no podés dejar a la gente en la calle sin indemnizarla”, concluyó.




