Las lluvias abundantes y la crecida de ríos como el Paraná, asociadas al fenómeno de El Niño, no solo complican el trabajo de agricultores y ganaderos. También representan una amenaza para la producción apícola, con anegamientos que pueden afectar las colmenas, deteriorar los materiales de trabajo y comprometer la supervivencia de las colonias de abejas. Frente a ese escenario, especialistas del Programa de Apicultura del INTA (PROAPI) difundieron una serie de recomendaciones para que los productores puedan anticiparse.
Desde el organismo explicaron que la primera medida consiste en revisar la ubicación de los apiarios, especialmente aquellos instalados en terrenos bajos o susceptibles de inundarse. La recomendación es mantener las colmenas elevadas sobre caballetes, evitar el contacto directo con el suelo y, cuando sea necesario, trasladarlas hacia sectores más altos.

Pero el agua no representa únicamente un problema por su contacto directo con las instalaciones. Los períodos prolongados de lluvia también impiden que las abejas salgan a recolectar néctar y polen, actividad conocida como pecoreo, por lo que las colonias pueden quedarse sin alimento suficiente.
Natalia Bulacio Cagnolo, investigadora del INTA Rafaela, en Santa Fe, remarcó la importancia de llegar a los períodos de mayores precipitaciones con reservas adecuadas de alimento y con las colmenas en buenas condiciones sanitarias.
En ese sentido, recomendó no postergar los tratamientos contra la varroosis, una enfermedad parasitaria que afecta a las abejas, y prever fuentes suplementarias de energía y proteína para aquellos apiarios donde la oferta natural de alimento resulte insuficiente.
¿Pero qué sucede si el agua finalmente llega a las colmenas? En ese caso, el primer paso es evaluar los daños apenas las condiciones de acceso lo permitan. “Los apiarios ubicados en campos anegados requieren la rápida atención del apicultor”, advirtió Cagnolo.
La revisión debe permitir identificar qué colonias permanecen vivas, cuáles necesitan ser retiradas y qué materiales resultaron afectados por el agua. En las colmenas que continúan activas, los especialistas recomiendan reemplazar pisos, alzas y entretapas húmedas por elementos secos y limpios.
También aconsejan reducir los espacios internos de aquellas colonias que hayan quedado debilitadas y ocupen pocos cuadros, utilizando separadores. Esta práctica permite concentrar a las abejas y favorecer tanto la ventilación como el cuidado de las crías.

Respecto del material que quedó sumergido, el INTA indicó que debe retirarse y trasladarse a un lugar seco para su acondicionamiento. La cera puede recuperarse, mientras que los pisos, techos y alzas pueden volver a utilizarse luego de su correspondiente limpieza y desinfección. Si todavía no es posible ingresar con vehículos, la alternativa es apilar esos elementos sobre una base elevada para evitar que sigan en contacto con el agua.
La alimentación es otro punto central: según explicó la investigadora, “debe adaptarse a la disponibilidad de recursos próximos del apiario”.
Como fuente energética pueden utilizarse jarabes de azúcar en una concentración de 2:1 o alimentos sólidos tipo candy, estos últimos preferidos en situaciones de exceso de humedad porque no incorporan tanta agua al interior de la colmena. Cuando la disponibilidad de polen es insuficiente, también pueden suministrarse suplementos proteicos en forma de tortas con más de 25% de proteína.
El manejo sanitario tampoco debe descuidarse después de una inundación. Además de realizar los tratamientos pendientes contra la varroosis, el organismo recomendó prestar atención a la posible aparición de nosemosis, otra enfermedad que afecta a las abejas y que merece especial vigilancia en colonias expuestas al exceso de humedad.




